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Crítica de música: Slayer, leyenda consistente

Actualizado el 02 de mayo de 2017 a las 10:14 am

Una banda de metal que no hace genuflexiones ni concesiones musicales

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Tom Araya forma parte de la banda desde 1981. Alejandro Gamboa.

El mismo día en que un diputado conservador fue colocado como presidente de la Asamblea Legislativa, un grupo legendario que canta en contra de las doctrinas religiosas y critica la manipulación política celebró el primer concierto de metal que ocurre en Parque Viva.

Esto no es más que una coincidencia ,pero, por la curiosidad, no se podía dejarla pasar por alto.

Seis años después de su primera visita a Costa Rica, la fuerza y la intención de Slayer siguen siendo las mismas de entonces. Su energía parece inagotable y eso quedó demostrado en un concierto trepidante, fluido y sólido.

Slayer no ofrece ningún show de variedades. Es decir, el dinamismo en su repertorio de repente se evidencia nada más porque pasan de una pieza enérgica y veloz a otra todavía más tormentosa y demencial. Tal vez otro tema empieza con un arpegio suave, pero, en cuestión de segundos, la violencia rítmica vuelve a apropiarse del entorno.

En caso de que haya alguien que quiera quejarse de monotonía en el setlist, entonces el problema será de ese oyente y no de la banda, pues debería saberse que, a lo largo de su discografía, el grupo ha mostrado una constancia en su propuesta compositiva, habiendo experimentado muy poco, quizá apenas en el disco Diabolus in Musica (1998). En dicho título probaron sonidos que se acercaban un poco a un metal más pausado y conservador, más acorde a aquella época. Luego no hubo más pruebas.

En directo la banda es aplastante. Si bien el sonido del bajo de Tom Araya pasa desapercibido, entre las dos guitarras se desarrolla el crujir que caracteriza al grupo. La batería, ahora a cargo de Paul Bostaph, se convierte en una especie de ametralladora con golpes rápidos e incesantes.

Con Slayer las melodías son escasas, ni siquiera en los solos de Kerry King o Gary Holt son determinantes. Su propuesta consta más de velocidad, riffs matones y gritos guturales repletos de furia. En conjunto, los cuatro músicos dan una muestra de precisión envidiable que no se pierde nunca.

Sumado al despliegue musical, el inquieto juego de luces cumple un papel determinante ante la sobriedad de la puesta en escena. Fueron dos juegos de mantas gigantes las que ambientaron el concierto, la primera alusiva al álbum Repentless (2015) y la segunda al eterno logo de la banda.

Si bien a lo largo de todo el concierto el grupo va dando dosis de mucha energía, hacia el final del repertorio todavía quedan grandes bombas pertenecientes al arsenal predilecto. Los cuatro temas para clausurar el show fueron exactamente los mismos con los que cerraron su presentación anterior en el país. El solo de guitarra en Angel of Death se encarga de incrementar la fuerza casi para poner la cereza en el pastel, como si por casi hora y media no hubiera habido ya suficiente furia.

Uno de los cuatro grandes del thrash, o bien, el más pesado de dicho cuarteto, sacó lo mejor de su casta en Costa Rica y dejó claro que su título de leyenda sigue vigente, pero además da para extenderle más su vida.

EL CONCIERTO

Artista: Slayer

Banda invitada: Sight of Emptiness

Lugar: Parque Viva

Fecha: 1. º de mayo

Producción: Move Concerts

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