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Pedro Guerra, concierto del martes en el Jazz Café

Pedro Guerra: Su concierto fue una reunión íntima con amigos

Actualizado el 07 de agosto de 2014 a las 12:00 am

Celebración Con este recital, el cantante español festejó al lado de sus seguidores costarricenses sus 30 años de carrera musical

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El escenario de Pedro Guerra fue sencillo, pero representó muy bien el tono del concierto: la intimidad entre él y sus seguidores en el Jazz Café Escazú. | RAFAEL MURILLO.

La primera vez que Pedro se movió en el vientre de su madre fue en el 2012, durante el concierto del español Pedro Guerra , en el Teatro Melico Salazar.

La emoción de Melissa Bolaños y Diego Badilla por sentir los movimientos de su bebé se sumó a la buena experiencia que tuvieron esa vez con el autor de Deseo . Ese recuerdo volvió a sus memorias la noche de este martes, en el Jazz Café de Escazú, cuando, de nuevo, la pareja escuchó en vivo la voz dulce de Pedro Guerra.

Armando Román fue el encargado de calentar el ambiente previo a Pedro Guerra. | RAFAEL MURILLO.
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Armando Román fue el encargado de calentar el ambiente previo a Pedro Guerra. | RAFAEL MURILLO.

Emocionados hasta el fin del recital, al igual que unas 200 personas que se congregaron para escuchar al cantautor español, Meli y Diego se sintieron satisfechos cuando Guerra cerró su concierto con Cuando Pedro llegó , una canción dedicada a su hijo de ocho años y que a la pareja tica los relaciona con su hijo, hoy con apenas dos años.

El encuentro de Guerra con el público costarricense fue el marco perfecto para celebrar los 30 años de carrera del originario de las Islas Canarias; como si fuera una noche de complicidad, los asistentes y el cantante se unieron en una conversación que repasó la inspiración de las canciones del autor.

El encargado de “servir la mesa”, como él mismo dijo, fue el costarricense Armando Román, quien, a las 8:40 p. m., deleitó a los asistentes con tres canciones de su autoría.

El plato fuerte de la noche llegaría a eso de las 9:10 p. m., cuando Pedro salió al escenario.

Subió a la tarima, se quitó los zapatos y, de inmediato, tomó su inseparable guitarra. Ese fue el momento de guardar silencio y escuchar a Pedro referirse con cariño a cada una de sus creaciones, y contar cómo fue que se inspiró para escribirlas; fue el momento perfecto para descubrir el verdadero significado de las letras.

Una silla, una lámpara y una especie de altar fue todo lo que necesitó el de Tenerife para exhortar las emociones de sus seguidores, mientras la luz tenue del lugar daba un toque de intimidad al esperado reencuentro.

Canciones fue su primer tema, muy apropiado para iniciar su presentación. Luego de la pieza, Pedro empezó lo que sería una charla entre amigos, cosa que muy pocas veces había hecho en Costa Rica, pero que la noche del martes fue la constante del recital.

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“Ustedes son un público bastante fiel que me trae cada dos años y yo he podido serle fiel a ustedes porque ustedes son fieles. Siempre es un gran placer volver a este lugar”, dijo Pedro, en su primera intervención con el público.

Con muy buen humor, cosa que lo caracteriza, pero manteniendo su timidez, el cantautor siguió con el repertorio. Papá cantó también fue parte de su música; con ella, explicó que el amor por la música lo heredó de su padre.

Historias. Interpretó la infaltable Daniela y también Raíz . Cuando recordó que en 1993 se mudó a Madrid para probar suerte, explicó con cariño que el Café Libertad 8 le abrió las puertas, y junto a una mandolina (la primera que tocó en su vida), cantó Pasa .

“Me invitaron a tocar los martes durante un mes. El primer martes había dos parejas y mi familia; mi música no era apta para lo que hacían las parejas, pero mi familia se quedó ahí”, contó Guerra en forma de anécdota.

Los siguientes martes, confesó, aumentó su público, pero las parejas no volvieron.

Pedro, con una conversación pausada, explicó, una a una, las canciones que había reunido a las personas a su alrededor; sus palabras provocaban tanto interés que incluso hubo un momento en el cual algunos seguidores callaron a otros que hacían ruido, para escuchar el suave tono de voz del español.

En el menú siguieron otras piezas de su carrera. Aunque 30 años no se resumen tan fácil, Pedro intentó hacer un recuento por toda su trayectoria con la interpretación de 20 temas.

El recorrido llevó al público por 15 discos, por éxitos y canciones menos conocidas, pero todas coreadas por sus seguidores. Desde Golosinas (1995), pasando por Tan cerca de mí (1997), Raíz (1998), Ofrenda (2001) y Bolsillos (2004), hasta El mono espabilado (2001), fueron parte del viaje, aunque hubo grandes ausentes, como las canciones que componen el disco Hijas de Eva (2001).

En la recta final del íntimo recital llegaron Ofrenda , Monarca , Debajo del puente y Contamíname .

“Les cantaré la canción que hizo famosos a Ana Belén y Víctor Manuel”, bromeó antes de interpretar el éxito.

El cierre, con su hijo Pedro hecho canción, selló una noche especial, de complicidad y amistad. Guerra se despidió varias veces de su público, en la primera de dos noches de conciertos en Costa Rica.

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Le faltó la famosa Dibujos animados , pero el público no resintió su ausencia debido al amplio set list del artista.

Al cierre, lo único que quedó fue dejarlo ir, aunque sus seguidores no lo quisieran. Pedro, agradecido, ofreció unas pocas palabras de despedida: “Gracias por cantar conmigo”, dijo.

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Jessica Rojas Ch.

jessica.rojas@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Bachiller en periodismo de la Universidad Internacional de las Américas. Cubre temas de música nacional e internacional, además de informaciones de entretenimiento.

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