Honduras no es un país que se asocie con grandes éxitos en las listas de popularidad. Guillermo Anderson lo sabía y aún así logró no solo lanzar una carrera musical desde esa nación centroamericana, sino que sus retratos de la realidad catracha a la fecha aún no han topado frontera que los detenga.
El trovador hondureño partió muy pronto, a los 54 años, a causa de un cáncer de tiroides. Apenas una década atrás su obra empezaba a consumirse con interés en otros países de la región: a Costa Rica llegó de la mano del sello Papaya Music, que lo promocionó como parte de su repertorio de sonidos centroamericanos.

