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Actividad se realiza cada dos semanas en San José

Fyah Red: La fiesta de reggae que nunca acaba

Actualizado el 22 de julio de 2015 a las 12:00 am

Un solo fuego: Cientos de personas se congregan en Club Vértigo y en otros recintos del país para experimentar dilatadas jornadas de mezclas de reggae , en una serie de fiestas cuyo concepto no ha mermado en poco más de cuatro años

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Fyah Red: La fiesta de reggae que nunca acaba

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Las luces juegan con la gente en el Fyah Red, en Club Vértigo. / Fotografía: Jorge Navarro.

Tras cuatro años de historia, el nombre del Fyah Red se conoce entre jóvenes de toda la ciudad y de otras comunidades a lo largo del país. Se sabe que es la fiesta de reggae por excelencia en San José y que cada 15 días hay una –sin falta– en el Club Vértigo, en paseo Colón.

Durante algún tiempo intenté convencer a algunos amigos de ir a vivir la actividad en carne propia, pero o no lográbamos coordinar o recibía un “no” automático, espetado por personas que no encontraban atractivo ir a una fiesta en la que solo se escucha reggae, llena de personas a las que algunos denominan “chatas”.

Ninguno de esos preconceptos me invadió ni me contagió la negativa de mi círculo social directo. En cambio, aquello me generó más ganas de ir a un Fyah Red para comprobar (o no) lo que mis amigos decían, siempre con una pregunta en mente: ¿Cómo una fiesta que en esencia solo es de música logra convocar a tanta gente cada dos fines de semana?

Mi primera experiencia fue el 29 de mayo, cuando el Fyah Red tuvo como invitados al alemán Gentleman y al jamaiquino Clay, ambos cantantes de reggae que vinieron a presentar sus espectáculos en directo, invitados por Rising Sound Entertainment, la productora detrás del Fyah Red.

Si bien el concierto fue espectacular, como me advirtió Ernesto Alvarado (director de Rising Sound) esa velada no era la mejor representación del Fyah Red, en el que normalmente no hay concierto sino mezclas, y para el cual el precio de ingreso suele ser más asequible que el de un concierto.

Tenía que ir al Fyah Red normal para poder explicar de qué va la cosa, y así lo hice el 17 de julio.

Llama. Después de almorzar y cenar pizza, y de un día poco productivo, me topé con el fotógrafo Jorge Navarro y llegamos a Vértigo a las 10 p. m., para documentar otra edición del Fyah Red, de las casi 100 que ya se han llevado a cabo en ese recinto josefino.

Arriesgándonos a sonar como los adultos que aparentamos no ser, nos preguntábamos cómo hace la gente para empezar una fiesta de viernes después de las 10 p. m., ya que las puertas abrieron cerca de las 10:30 p. m. y si acaso había 50 personas haciendo fila.

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De pronto algunos salen antes a otros lugares o quizá se quedan en casa descansando para luego salir a una hora en la que les sea posible sobrevivir hasta temprano en la madrugada bailando y cantando. Lo cierto del caso es que ya estábamos más cerca de las 11 p. m. que de las 10 p. m., y Vértigo estaba quieto y solitario.

El público en el Fyah Red, en Club Vértigo. / Fotografía: Jorge Navarro.
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El público en el Fyah Red, en Club Vértigo. / Fotografía: Jorge Navarro.

Dentro del inmueble, el equipo de producción de Rising Sound ya llevaba más de tres horas poniéndolo todo en orden para la actividad. La prueba de sonido fue un calvario, pues tuvieron que ecualizar desde cero el equipo de sonido de Vértigo, que una semana atrás había albergado una actividad de música electrónica, cuyas frecuencias sonoras son bastante diferentes a las del reggae.

Antes de las 11 p. m., con puertas abiertas y una lista de reproducción de reggae sonando en los parlantes, ingresaban los primeros asistentes, mientras DJ Jeren y Selecta Chris (dos de los cuatro DJ del Fyah Red, junto a Kendo y Become; entre todos se alternan las fechas) disfrutaban un refresco y un snack en el backstage, preparándose para mezclar música durante al menos seis horas seguidas, sin interrupción alguna.

Sonaba Rastaman Live Up, de Bob Marley and the Wailers. En la tarima, con tres pantallas a elegir, Camilo Poltronieri (músico de bandas como Parque en el Espacio y Naguall, y actualmente enfocado en proyecciones audiovisuales) probaba sus animaciones y luces, porque su responsabilidad como parte del equipo del Fyah Red es ofrecer un complemento visual a la música.

Cerca de las 11 p. m., DJ Jeren y Selecta Chris estaban sobre el escenario, manejando sus monumentales máquinas y provocando baile y gritos en el aforo desde los primeros minutos. La transición entre la lista de canciones y la mezcla de los artistas era evidente: todo sonaba poderoso.

Fuego. Durante las primeras horas, caminar entre la gente no era una odisea. Poco a poco entraban más personas y el calor comenzaba a ser la norma. Jeren y Chris, de todas formas, no se guardaban ni la buena música ni sus efectos y alucinantes mezclas.

No es necesario que Alvarado me diga que estos DJ dedican muchas horas a estudiar y conseguir música nueva para saber que son bibliotecas ambulantes de reggae, sin mencionar que conocen bien a su gente: pieza tras pieza los asistentes o bailan o cantan o ambas, pero nadie es indiferente.

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No hubo mejor evidencia de ello que cuando sonó Over the Top, de Perfect Giddimani, con la que se escucharon coros a lo largo de todo el lugar. Jeren y Chris cantaban con halos en sus cabezas, y con sus manos en las máquinas con las que mezclan y agregan su firma encima de las canciones.

La estructura del show se divide en tres partes: primero suena roots, luego se hace una transición al nu-roots, y finalmente –como a las 2 a. m.– llega el dancehall, el componente más bailable.

“No tenemos visuales muy ruidosos ni tenemos bailarinas; lo nuestro es la música. Eso es lo que ofrecemos: un espectáculo de calidad, buen ambiente, buen sonido y un concepto que queremos que la gente viva con un precio razonable”, afirmó Alvarado.

No miente: El grueso del público estaba ido en la música, manteniendo el fuego vivo. Es el mismo principio que atrae a personas a ciertas escenas artísticas: El placer de compartir con música que les habla a todos, en este caso con un sistema de sonido y mezclas de primera, y la libertad de bailar todos y perderse en la música, sin necesidad de conversaciones fútiles ni silencios incómodos; seres humanos conectados por medio de la misma musa.

DJ Jeren es una de las caras más populares de la fiesta. Sus mezclas no pertenecen a este mundo. / Fotografía: Jorge Navarro.
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DJ Jeren es una de las caras más populares de la fiesta. Sus mezclas no pertenecen a este mundo. / Fotografía: Jorge Navarro.

Dreams of Brighter Days, de Busy Signal & RC, formó parte de la selección de la noche. Un himno para los presentes, sirvió para ver muchos encendedores en el aire y una colección de sonrisas como pocas, una imagen que automáticamente me hizo preguntarme: ¿Cómo alguien podría ver con malos ojos una fiesta como esta? ¿Dónde están todos los elementos negativos que a mis amigos les causaban miedo? ¿Por qué carajos no había venido antes?

Vapor. El Fyah Red edita a su favor el concepto del sound systems, pilar de la cultura jamaiquina que consiste en que un carro con un animador y un DJ poniendo música ocupan espacios para organizar fiestas en las que suena reggae, ska o rocksteady.

“Fyah Red nace para que la gente pueda llegar a un local a disfrutar de buena música, con buen sonido y sin ningún tipo de interrupción”, explicó Alvarado.

“La mayoría de los sound systems en el mundo tienen un animador, y nosotros vimos que el nicho del mercado que quería llegar a escuchar solamente música y a bailar, sin ninguna interrupción, era bastante grande, empezando por nosotros”, agregó.

El nombre sale de una pieza de Queen Ifrica y Gentleman. “Encasilla dos elementos importantes: el fuego y el rojo, que para nosotros es color de vida”, dijo Alvarado.

El primer Fyah Red se realizó hace poco más de cuatro años en Puerto Viejo, Limón. El segundo fue esa misma semana en Bocas del Toro, en Panamá. Luego, trajeron el concepto a San José (donde se realizaban y se siguen realizando otros reggae nights), y Vértigo les abrió las puertas del den, la parte más pequeña del bar, hasta que año y medio después se pasaron al piso principal del aforo.

Hoy, en época lluviosa el ingreso promedio es de 1.000 personas, mientras que en verano asciende a 1.500. “En el cuarto aniversario metimos casi a 2.000 personas; el club se llenó antes de la medianoche”, reveló Alvarado, haciendo alusión a que es después de esa hora cuando normalmente comienza a abarrotarse el espacio.

Además de Alvarado y los cuatro DJ, en Rising Sound trabajan otras siete personas en el área de producción, para asegurarse de que el evento cumpla con las expectativas cada dos semanas.

Además, la productora lleva el concepto a lugares como Playas del Coco, las Fiestas de Palmares, Flamingo, los Carnavales de Puntarenas, Limón, San Carlos y Jacó, entre otros. Si de hacer conciertos se trata, la empresa labora con grandes nombres del gre-mio: Damian Marley, Alborosie y Cultura Profética son algunos de los artistas con los que trabajan.

“Los conciertos son una herramienta de mercadeo (para Fyah Red); más gente nos conoce porque en el concierto tienen una experiencia más completa con un artista en vivo y las mezclas del colectivo”, manifestó Alvarado.

Sin perder concentración de sus operaciones a nivel nacional, la empresa pretende llevar esta fiesta a Europa, Panamá y Brasil, mercados que se han mostrado interesados en el concepto.

Además, Rising Sound transmite un programa de reggae en OK! Radio, los lunes de 8 p. m. a 10 p. m., en el que también pavonea su conocimiento del género.

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