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Crítica de música: Cocofunka y sus hermandades musicales

Actualizado el 24 de septiembre de 2017 a las 08:45 am

La agrupación usó sus canciones para compartir con sus mejores amigos

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Luis Montalbert-Smith, de Gandhi, fue uno de los invitados. Cantó 'Sin Jugar' junto a Cocofunka. (Jeffrey Zamora)

Las alianzas artísticas más auténticas radican, no necesariamente en las influencias o propósitos en común, sino en las relaciones interpersonales.

Si esto se aplica específicamente a los lazos que se crean a través de las canciones, se sabe que la interacción musical puede generar relaciones indisolubles, por un sentimiento compartido que se crea en el escenario o por esa ilusión que se despierta al componer o interpretar un tema en conjunto.

CRÓNICA: Cocofunka celebró en grande su primer llenazo en el Melico Salazar

El concierto sobrepasó las dos horas de música, con 20 canciones, no todas de la banda. En la imagen Javier Arce, vocalista de Cocofunka. (Jeffrey Zamora)

El Teatro Popular Melico Salazar sirvió para que Cocofunka le hiciera un homenaje a esos vínculos fraternales que ha obtenido a través de casi 10 años de carrera. Sumó en tarima a más de una veintena de artistas locales con quienes se ha entrelazado de una u otra forma. Quizá hizo falta ver a la banda sola en algún momento en tarima, pero evidentemente eso no era para eso esta ocasión.

Sin querer sonar cursi diría que la protagonista de la noche no fue la banda, sino la amistad.

Esa naturaleza se hizo patente cuando algún tema de la banda se contorneó en función del invitado, trayendo nuevos aires sonoros para darle una impresión distinta a la versión original.

Se sintió así en temas como Vida Moderna (junto a Guido Fernández, de Voodoo), con un carácter mucho más roquero y desenfrenado, o en Optimystical Feeling, junto a Arny Von Storren –de los Cuchillos– y Fede Granados –de Infibeat–, donde, inclusive, apareció una agradable inserción de surf rock.

Cocofunka también se convirtió en función de sus "huéspedes" en temas ajenos, al tocar Amalie, de Colornoise, junto a Sonya Carmona y Hellen, de Guadalupe Urbina, una de las invitadas más atrayentes de la noche.

Entre los visitantes destacados es necesaria también la mención al Quinteto de vientos del Castella, una inclusión sorpresiva que además aportó un rico arreglo a Suele Suceder.

No se podría decir que la dinámica de presentación previa de cada invitado rompió con la naturalidad de la noche, pero lo cierto es que la presencia de tantos amigos estableció también un ritmo propio para el recital, muy diferente al de un concierto usual donde lo que marca la pauta es la fluidez entre un tema y otro.

La misma abundancia de músicos también significó un reto importante para la producción del encuentro, pero, en términos generales, puso en evidencia el talento del equipo logístico y de los encargados del departamento sonoro, quienes supieron resolver emergencias y nunca fueron trabas durante el concierto.

El único bache detectable fue el significativo atraso en el ingreso del público, que hizo que muchos de los presentes ingresaran cuando el concierto ya había iniciado.

El público llenó el Melico Salazar para celebrar los 10 años de carrera de la agrupación costarricense. (Jeffrey Zamora)

De todas formas, el recital era extenso, con 20 temas que repasaron bien el material de Cocofunka.

La banda, en tan solo tres discos, ha evocado diversos sentimientos y explorado una amplia gama de propuestas rítmicas, con preponderancia de los géneros latinoamericanos, por lo que no había manera de que su concierto careciera de dinamismo.

Los asientos del teatro quizá detuvieron un poco al público, pues esta es una banda que se disfruta más de pie, pero igual eso no hizo que la comunicación y energía emitida desde el escenario mermara.

Javier Arce tiene un magneto natural con la audiencia, mientras que la solidez de la banda es imposible de pasar por alto.

Es importante destacar los aportes en el saxofón del también percusionista Miguel Vega (el más reciente fichaje del grupo), así como los rapeos esporádicos del guitarrista Nacho Páez, que le dan frescura a varias canciones.

El recurso visual de mapping y las proyecciones fue otro acierto para una puesta en escena sobria, donde la dinámica entre los músicos mantenía la preponderancia necesaria.

Antes de cerrar quisiera rescatar el poder de convocatoria de la agrupación, y no me refiero al hecho de que Cocofunka agotó las entradas del Melico, sino que también consiguió fichar a grandes íconos de la música nacional provenientes de diferentes raíces artísticas. Tener a esos más 20 invitados en una sola fotografía y, además, contarlos como amigos, ya es un hito.

EL CONCIERTO

ARTISTA: Cocofunka y amigos

LUGAR: Teatro Popular Melico Salazar

FECHA: 23 de setiembre

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