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Primera incursión en la novela negra

La escritora Isabel Allende se aventura en juegos macabros

Actualizado el 23 de febrero de 2014 a las 12:00 am

El debut de la chilena en la literatura policiaca es ‘El juego de Ripper’, un reto que halló divertido

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IsabelAllende.com para La Nación.

fernando.chaves@nacion.com

Un juego macabro, una seguidilla de asesinatos y una ciudad desbordada de magia atraviesan los laberintos de la nueva novela de la chilena Isabel Allende.

El juego de Ripper , su debut en la novela negra, muestra un San Francisco atemorizado por violentos crímenes, mientras pone a prueba el estilo de una autora querida por millones de lectores. En el libro, la joven Amanda Martín corre por salvar a su madre y esclarecer una serie de asesinatos.

Viva conversó con la autora sobre su incursión en la oscuridad.

¿Por qué se interesó en trabajar en el género policíaco?

La verdad es que no fue idea mía, sino de mi agente. Mi marido, William Gordon, escribe novelas policiales. En el año 2011, le dije a mi agente que pensaba retirarme y ella me dijo: ‘¡No! ¿Cómo te vas a retirar? Tienes que escribir una novela a cuatro manos con tu marido'”. Empezamos a echar ideas sobre el tapete a ver qué podíamos hacer, pero no iba a resultar eso, porque él escribe en inglés, yo escribo en español... Tenemos estilos muy diferentes de trabajar. Terminamos peleando como perros.

”Llegó el 8 de enero del 2012 – yo empiezo todos mis libros el 8 de enero – y no teníamos nada preparado. Entonces, él se fue a su pieza a escribir su sexta novela y yo me fui a la mía a tratar de escribir mi primera novela policial, pero sin tener una idea clara de lo que iba a ser, ni mucho menos. Por suerte, pude asistir a una conferencia de escritores de novelas policiales, donde aprendí muchísimo. Fui en calidad de alumna y me puse en contacto con la gente que sabe, no solamente escritores, sino también policías, detectives, expertos en armas, médicos forenses, en fin... Empecé la investigación y así fue saliendo el libro. Me divertí mucho. ¡Me encantó hacerlo!

Fue como un juego...

Así como los chicos juegan El juego de Ripper en la novela, yo estaba jugando a escribir una novela policial y me di cuenta de que, entre más alegremente uno escribe, más fácil es todo. A veces me esfuerzo tanto, años y años de investigación para una novela histórica que sale pesada, cuesta arriba y me enfermo trabajando; eso fue maravilloso.

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Sin embargo, el género policiaco está lleno de reglas y de costumbres. ¿Cómo afrontó ese reto?

En parte porque vivo con Willy y, por años, me ha tocado verlo escribir y sé, más o menos, cuáles son las reglas del género, pero también en esa conferencia aprendí mucho. Ya había leído a Agatha Christie, a Conan Doyle, a los clásicos, pero ahora leí las tres novelas de Millennium (Stieg Larsson) y otras más modernas para ver cuáles son esas reglas, porque, en el fondo, la novela policial es un acuerdo entre el lector y el autor. El autor propone una historia y planta todas las claves, pero tiene que distraer al lector para que no las vea, y mantener el suspenso hasta el final. Si al final el lector adivina quién es el villano, gana; si no, gano yo.

Precisamente en eso consiste el suspenso: en mantener al lector volteando la página.

¡Claro! Es darle un poquito y quitarle. Es un juego muy apasionante. En todas las novelas que yo escribo, sobre todo en El cuaderno de Maya , traté de mantener el suspenso hasta el final. Cualquier novelista trata de hacer eso siempre, pero no en forma tan precisa como se hace en una novela policial, donde es absolutamente indispensable ese suspenso.

Menciona a Stieg Larsson y a otros autores de la nueva oleada de autores escandinavos. Muchas de sus novelas tienen un trasfondo social muy importante, como críticas hondas a la sociedad contemporánea. ¿Quería explorar esos temas?

No, no me lo propuse, a pesar de que se ha dicho de que muchos de esos temas están allí como la inmigración, el sistema carcelario en los Estados Unidos, la corrupción, no fue mi intención en absoluto dar un mensaje y esta no es una novela política ni social. Es una novela policial.

Ha descrito San Francisco como una ciudad de magia.

Llevo aquí 26 años. Nosotros creemos que las cosas mágicas suceden solo en Latinoamérica. Ahora, ¿qué es lo mágico? Lo mágico es lo extraordinario, lo inexplicable, lo misterioso, lo que no se puede controlar... Esas cosas pasan en todos lados, pero San Francisco está muy abierto a todo eso. Aquí empezó la nueva era, la medicina oriental, los experimentos paranormales; hubo un acercamiento a la India en los años 60...

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”Es una ciudad muy abierta a la diversidad, muy tolerante, en la que todo el mundo está incluido; todo es posible. En Estados Unidos, dicen que todos en San Francisco somos locos. A mí me encanta. Me parece que ese es el atractivo de este lugar, por encima de cualquier otro en los Estados Unidos”.

¿Cree que residir allí haya transformado en algún modo su literatura?

- Claro que sí. Primero, los tiempos han cambiado: ya nadie escribe como en La casa de los espíritus . Es una novela muy barroca en muchos sentidos. Además, vivo en inglés. No solamente los tiempos han cambiado y por la influencia de la nueva tecnología, que hace todo más directo, sino también por el hecho de que mis libros se traducen en 25 idiomas, así que cuando escribo tengo en cuenta que no puedo usar un lenguaje demasiado coloquial, demasiado chileno, por ejemplo, porque es muy difícil traducirlo; entonces, ya pienso en que tengo lectores en muchas partes. Creo que mi estilo se ha simplificado un poco, por la necesidad de los tiempos que vivimos.

- Sin embargo, cuando apareció La casa de los espíritus conquistó a lectores de todo el mundo, a pesar de su estilo...

Sí, pero de eso hace 30 años, cuando García Márquez, con su estilo,que era muy barroco, había conquistado el mundo mucho antes que yo. Yo llegué a la cola de un movimiento, el boom latinoamericano, que ya había conquistado al mundo. Tuve la suerte de ser el último carro en ese tren maravilloso.

¿Qué cambia entre sus libros más personales y estas otras que son más experimentos de género?

A mí lo que más interesa siempre son los personajes y las relaciones humanas en todas las novelas, novelas históricas, memorias, La casa de los espíritus ... En esta novela, mucho más que los asesinatos, me interesan las relaciones. La relación del abuelo con la nieta, del perro con el Navy Seal: esas son las cosas que me interesan. En ese sentido, sigo explorando los mismos temas y, por eso, me siguen mis lectores en todos los experimentos que he hecho con diferentes géneros.

¿Este libro implicó un cambio significativo en su estilo?

No. Apenas lo mandé a España para que lo leyera mi editora en Plaza y Janés, el primer comentario fue: 'Bueno, esta es una novela tuya: se reconoce tu estilo, tu voz, tus personajes, tus temas y hay unos cuantos muertos tirados por aquí y por allá...

Hablando de esos cuantos muertos, ¡son varios! Son descripciones duras, escenas chocantes... ¿Cómo fue adentrarse en esa parte macabra?

Un poco en broma. No es que yo me burle del género ni de los grandes escritores de novelas policiales que existen, ni mucho menos. Lo hice un poco en broma, sintiendo por dentro que no era cierto. Si yo creyera y viviera a fondo cada uno de estos asesinatos, estaría horrorizada. Cuando escribí La isla bajo el mar (sobre la revuelta de esclavos en Haití), durante cuatro años investigué el tema y quedé enferma, porque todo lo que allí aparece sobre la esclavitud ocurrió.

” Solamente pensar que yo podría haber nacido esclava, que podrían estar vendiendo a mis hijos, las terribles torturas que sufrían, cómo las expectativas de vida eran cortísimas, el abuso de poder... Todo eso me dejó enferma. En este caso, estoy imaginando una situación: no es algo real. No me parece tan chocante.

Usted lleva toda su vida escribiendo ficción... ¿Qué ha aprendido de usted misma a través de la literatura?

La verdad es que pienso poco en mí misma, porque estoy siempre tan ocupada pensando en los personajes o en la historia que estoy contando... Pero he aprendido algunas cosas sobre el oficio. Del oficio, he aprendido que hay un porcentaje de disciplina, en mi caso. Supongo que habrá gente mucho más genial que yo que escribe por inspiración. Yo trabajo: trabajo muchas horas. Me documento bien, reviso mucho. Siempre tengo un día para comenzar mis libros, el 8 de enero, porque si no, estaría postergándolos y no empezaría nunca. He aprendido también que puedo escribir casi sobre cualquier tema, si me lo propongo y si me doy el tiempo y la paciencia para hacerlo.

”Antes, cuando era más joven, me asustaba mucho. Me sentaba a escribir y, si no venía rápidamente esa energía de la escritura, me daba pánico, porque pensaba que el libro era como un don que venía del cielo y que, si no, no iba a escribir. Ahora, sé que si me siento frente a la computadora suficiente rato, voy a poder escribir la historia. Ya tengo un poco más de seguridad, pero siempre estoy asustada al principio.

”Otra cosa que he aprendido es que no cometo los mismos errores que cometía al principio, sino que cometo errores nuevos. Siempre estoy atenta para aprender cosas nuevas, porque esto es algo que nunca se termina de aprender. Una nunca puede sentirse cómoda en esto porque todo cambia, cada libro tiene su tono, su manera de ser contado, los personajes tienen exigencias diferentes... He aprendido del oficio. Ahora, de mí, como persona, diría que uno sigue siendo la misma persona que madura, tal vez, un poco. Tengo 71 años y me siento, por dentro, como a los 35.

¿En qué sentido?

Con la misma energía, la misma capacidad para asumir riesgos, para enamorarme, la misma curiosidad... Lo que pasa es que se me ha complicado la vida, entonces me siento a veces atorada entre tantas cosas que tengo que hacer. Si fuera por mí, me siguen interesando las mismas cosas que a los 35 años.

¿Experimentará con una novela en otro género?

Por el momento, no lo sé. Estoy en medio de la promoción de esta novela y empezó algo el 8 de enero que todavía no sé para dónde va, porque no voy a poder volver a estas páginas hasta finales de febrero. Ahí veré si esas páginas sirven para algo y son una puerta abierta a otra historia o tengo que dejarlas y empezar otra cosa.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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