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Primera novela de Carlos Cortés fue un ejercicio experimental

Actualizado el 31 de octubre de 2013 a las 12:00 am

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Obra. Carlos Cortés ha escrito Cruz de olvido (1999) y Larga noche hacia mi madre (2013), entre otros. Mariandrea García.

La primera novela de Carlos Cortés enciende cada capítulo con el fuego del otro. De hecho, está compuesta solo de primeros capítulos, o de apéndices al primero, según explica su autor.

Encendiendo un cigarrillo con la punta del otro apareció cuando Cortés se debatía entre la poesía y la narrativa. Por ello, para el escritor exigió gran disciplina.

“ Eso me permitió que, entre el infinito de historias posibles que podía contar, se impusieran mis obsesiones. Estaba tratando de probar hasta dónde podía llegar el estilo y hacer una especie de gran muestrario”, explica Cortés.

“Es una novela muy centrada en la elaboración de la palabra y, sobre todo, en la experimentación textual”, describe Rodrigo Soto, para quien pocas novelas locales se aproximan a su marcada “vocación experimental”.

“Gira alrededor de tres problemas: el problema de la muerte, el problema de la creación y un problema que después desapareció de mi obra, que era el problema de Dios, del sentido de las cosas”, examina Cortés.

‘Cuando estás demasiado cerca de un proceso, no lo podés ver. En ese momento, estábamos demasiado cerca de la crisis económica, de la guerra civil centroamericana, de lo que después fue claro cómo el cambio de un modelo socioecónomico a otro. Algunos lectores del libro han querido ver una metáfora de lo que empezaba a ser la sociedad costarricense, pero sí toca el problema de la familia en Costa Rica’, explica Cortés.

Según Cortés, en esa época se sentía bajo el influjo de la literatura cubana y, en especial, de la vida y obra de Reinaldo Arenas.

“Me interesaba mucho el humor, el sarcasmo y la ironía, que era subvertir el espacio de las ceremonias, siempre me ha interesado burlarme de las palabras y de las situaciones”, comenta Cortés.

‘Encendiendo... lo prueba todo:_ narrativa lírica, diálogos, descripciones, formas diferentes de narrar un mismo acontecimiento’, agrega su creador.

Para Rodrigo Soto, se trata de una muestra de la veta experimental que recorre, subterránea, la historia de las letras costarricenses. Ahora, este fogonazo experimental que inició la carrera de Cortés buscará nuevos lectores.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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