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Premio Aquileo J. Echeverría en Novela por Crimen sin sonrisa fue compartido con Rodolfo Arias Formoso

Mirta González mezcla la historia y el crimen

Actualizado el 15 de febrero de 2014 a las 12:00 am

Debut literario Un recuento personal de la Escuela de Psicología se topa con la historia tica de los últimos 30 años y brutales crímenes

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Activa. Mirta González Suárez ha sido una de las académicas más destacadas de la Escuela de Psicología. Jorge Navarro.

Crimen con sonrisa recorre 30 años de la historia reciente costarricense. Entretejida con el acontecer político, se encuentra una estela de crímenes brutales que han dejado cicatrices sobre lo que somos.

La novela de Mirta González Suárez (Editorial UCR) resultó la ganadora del Premio Aquileo J. Echeverría en la rama de Novela, compartido con Guirnaldas (bajo tierra) , de Rodolfo Arias Formoso.

Es la primera gran incursión de su autora en la ficción, pero nació del ámbito académico. González fue profesora la Escuela de Psicología de la Universidad de Costa Rica y, tratando de narrar la historia de esa escuela, acabó aventurándose en la ficción.

El reto empezó con la solicitud de una revista académica brasileña de contar esa historia. “Me di cuenta de que me faltaba mucho por decir y de que habían cosas muy importantes que eran parte de la vivencia de la escuela y que, en un artículo científico, las palabras eran insuficientes, y que incluso estaba alejado de la verdad”, asevera González.

Para la autora, el objetivo lenguaje científico impedía reconocer heroísmo y sentimientos en sus personajes. “Quería dejar plasmada esta parte que es como buscar dentro de la gente hechos que le han sucedido, que le cambian la vida, y que no se va a ver en ninguna revista científica”, considera.

Doble viaje. “La Escuela de Psicología tiene algo que es que dentro de nuestra propuesta se dice que es ‘una escuela de cara a la realidad’”, afirma González. Así, para contar su devenir era inevitable ubicarla en el contexto nacional que la rodeaba.

El relato se transformó en ficción cuando González descubrió que no podría publicar nada con los nombres reales de los protagonistas. Para la autora, tal condicionamiento legal es una afrenta a la libertad de expresión.

“Yo pienso que la gente debe tener derecho a decir cosas, y la otra persona tiene derecho a defenderse y decir que no es cierto”, afirma. Sin embargo, no está de acuerdo con que esta situación signifique, de inmediato, una demanda.

“Eso se ha convertido en una costumbre que lleva a la autocensura”, declara.

Una vez sorteado el obstáculo y con el protagonista ficticio de Juan, en la novela se fueron colando más detalles del acontecer nacional. La historia empieza en 1977 y concluye el 7 de octubre del 2007, fechas que enmarcan importantes cambios en la sociedad costarricense. Personajes como Ernesto Cardenal y Marilyn Monroe se cuelan entre lo personal y lo político en la trama.

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“Todas las personas estamos rodeadas de asesinatos, que nos van dejando cosas. Son heridas sociales; más aún cuando son impunes”, dice González. “Nos vamos olvidando. Nos vamos acostumbrando a los crímenes”, lamenta.

Así, hechos como la muerte de Viviana Gallardo y los crímenes del psicópata dejan sus cicatrices morales en Juan y, con él, van cuestionando al lector, según González. “¿Usted dónde se va a posicionar: con la víctima de un asesinato o con el asesino?”, reclama.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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