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Actividad se realizó el domingo 14 de mayo

Festival Gastronómico La Luz dio vida y sabor a Barrio Escalante este domingo

Actualizado el 14 de mayo de 2017 a las 04:45 pm

Más de 40 stands y food trucks generaron una convocatoria masiva, a pesar de la espesa nube negra que cubrió la capital

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David Milliner y su hija Amanda disfrutan de una pizza en el festival. Foto Adrián Soto. (Adrián Soto)

La lluvia fue una amenaza constante, pero el apetito pudo más este domingo en la quinta edición del Festival Gastronómico La Luz, en Barrio Escalante.

Desde temprano, los aromas a parrillada y la amplia oferta de cervezas invitaban a darse una vuelta por la calle 33 y sus alrededores.

Antes del mediodía, el sol rugía con fuerza e invitaba a destapar una botella o a deleitarse con un helado, el postre más común entre los stands de esta edición.

Las cimarronas y las mascaradas pusieron la nota festiva, mientras los locales terminaban de montar sus puestos e iniciaban la faena en la cocina.

Sin embargo, para la hora del almuerzo Barrio Escalante ya era un mercado viviente: cientos de personas recorrían sus venas y le imprimían una personalidad propia.

Pese a las filas para ordenar y los llenazos en las calles aledañas para parquear, conforme pasaban las horas, el festival tomaba más fuerza.

"La verdad es que está muy bien, muy organizado. Nos encanta venir con los niños porque el ambiente es muy familiar", dijo Laura Sanz, una española que tiene cuatro años de residir en Costa Rica.

Una paleta de helado hizo delirar a la pequeña Isabel Clavero, de 2 años. (Adrián Soto)

Las bancas de pic-nic dispersas por todo el área del festival y hasta los poyos y las zonas verdes del Parque Francia demostraban que esta edición había sido un éxito rotundo.

"Lo bueno es venir a probar cosas que uno nunca se ha metido a comer antes", dijo Andrés Ureña. "Y algo que casi no se hace en Costa Rica, que es comer al aire libre, no es en cualquier lugar", prosiguió su amiga, Tamara Pérez.

Las hamburguesas de The Beer Factory causaron sensación. (Adrián Soto)

La gran afluencia de gente dio un nuevo aire a los negocios de la zona, muy transitada las noches de los viernes y sábados, pero sumida en la calma los domingos.

"Es un domingo especial. Ya en diciembre tuvimos una mala jugada por el tema de lluvias, fue bastante complicado. Ahora todos teníamos miedo de participar de nuevo porque ha estado lloviendo mucho, pero vinimos con todo y esperamos que sea un día provechoso", comentó Alonso Obando, copropietario de El Delirio.

"Se hizo una buena campaña para que la gente supiera que hay altas probabilidades de que llueva, entonces que vinieran preparados con sombrillas y demás. Pero pusimos toldos grandes para que la gente se pueda resguardar en caso de que llueva", agregó.

Vitrina para todos

Quienes hayan visitado el festival desde la mañana, quizá habrán notado las acuarelas y los óleos de artistas que hicieron de los rincones de Barrio Escalante una inspiración para sus obras.

Ellos forman parte del movimiento internacional Plein Air, que, según el artista Miguel Segura, se hace presente en eventos masivos con el propósito de convocar la mirada y las expectativas de quienes quieran unirse al mundo del arte.

Unos 20 pintores, con lienzo y pincel en mano, dieron cátedra en vivo sobre paisajismo, ante los ojos de quienes transitaban por el barrio josefino.

Patricia Poblador, de Plein Air, pinta un detalle de un restaurante. (Adrián Soto)

Uno de los puestos que también despertó curiosidad fue el que tenía un rótulo que invitaba a donar ¢10.000 en un libro para Tanzania a cambio de una cerveza.

Detrás del letrero, estaban las aspiraciones de María Fernanda Blanco, una adolescente de 16 años que en junio viajará a ese país africano para convertirse en profesora de inglés voluntaria.

Pese a que el suajili es el idioma nacional de Tanzania y, por demás, el que se enseña en las escuelas, quienes aspiran a entrar a un colegio o a una universidad deben aprender inglés como su segundo o tercer idioma.

Blanco es la única latinoamericana seleccionada para llevar a los jóvenes de esa nación una oportunidad para continuar con sus estudios.

Además, la joven ofrecía galletas para perros con avena, perejil y mantequilla de maní, horneadas por ella misma. "Empezó en octubre como un negocio para recoger plata para el viaje, pero me ha ido tan bien, que estamos viendo cómo hacer para que sea un negocio fijo", explicó.

La idea no parecía descabellada. Este domingo, los perros fueron bienvenidos en los comederos de La Luz e incluso tomados en cuenta como parte de la oferta gastronómica.

Shaggy, la mascota de Nancy Castillo, aplacó el calor con un helado para perros de la tienda Pataletas. (Adrián Soto.)
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Gloriana Corrales

gloriana.corrales@nacion.com

Periodista de Revista Dominical

Periodista en la Revista Dominical de La Nación. Es graduada de Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo de la UCR. 

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