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Festival Nacional de las Artes, en Santa Ana

Noche de reggae prendió un fuego que puso a todos a bailar

Actualizado el 07 de abril de 2013 a las 12:00 am

Brincos y baile Cuatro bandas contagiaron, anoche, de buena vibra a nacionales y extranjeros

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Noche de reggae prendió un fuego que puso a todos a bailar

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ColaboradoraEl ritmo caribeño del reggae no cesó de invitar a todos para que se pusieran a bailar. Anoche, la sede en Santa Ana, del Festival Nacional de las Artes, fue un gran caldero en el que se cocinó una noche de reggae a fuego lento.

A las 7:30 p. m., después de un largo día lleno de actividades musicales, teatro y artísticas, el grupo Sege fue el primero en sazonar la noche de reggae con su percusión y bailes étnicos. Poco a poco, los visitantes se dejaron contagiar moviendo sus pies y cabeza.

A los puntarenenses de Fuerza Dread, les tocó seguir subiendo la temperatura. Por casi una hora, el grupo entonó sus sencillos más conocidos como Estos días . Conforme pasaba el tiempo, todos se iban soltando más.

Con fuertes aplausos, el público le dio la bienvenida a Moonlight Dub Experiment, quienes pusieron a todos con las palmas arriba y a brincar. Desde el escenario, los cantantes imprimían energía con su baile y volteretas que hizo volar sus larguísimos dreadlocks y pedir un mundo sin guerras.

Ya cuando llegaron los de Ojo de Buey, la noche de reggae estaba más que caliente y solo les quedó seguir dándole al público el ritmo que no se cansaba de escuchar.

En la tarde. Las familias de la zona aprovecharon la tarde soleada para refrescarse con un copo y disfrutar las actividades.

Por las calles aledañas, Motley, amigable marioneta con aire de Pinocho, bailaba y saludaba a los niños, quienes olvidaban, por un segundo, que era de madera.

Rándall Sánchez, el marionetero, movía los hilos y Motley, obediente, daba un paso delante de él. Según contó su “padre”, esta marioneta fue tallada a mano y traída especialmente de Praga (República Checa) hace algún tiempo.

Mientras unos hacían círculo alrededor de ese par, otros se amontonaban en la tarima Tropical, intrigados por un grupo de artistas inmóviles que vestían ropa de época y estaban pintados de blanco y gris.

Las estatuas vivientes despertaron de su trance y empezaron a moverse con la música. El Grupo Teatral Reflejos interpretó unos “espectros citadinos” que interactuaron con el público.

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Al atardecer, un par de payasos bigotudos llamó la atención de los niños; ellos eran los hermanos Isorropia, personajes del espectáculo Las increíbles aventuras de los hermanos Isorropia , que se presentaría media hora después.

En los puestos de artesanía, lo que más llamaba la atención era Fabián Bonilla, alfarero de la Asociación de Ceramistas de Costa Rica. Él pateaba fuertemente un torno manual y, con agua en las manos, le daba forma de vasija a un pedazo de arcilla.

Poco después de las 6 p. m., seres entre humanos, pájaros y reptiles saltaron a la tarima del Banco Nacional. Brincaban, bailaban y se balanceaban en el aire en el espectáculo Las increíbles aventuras de los hermanos Isorropia , obra a cargo del grupo Metamorfosis.

A través de coreografías, música en vivo, acrobacias, fuego e iluminación, contaron la historia una pareja de hermanos que buscaba atrapar seres mitológicos con el fin de meterlos en su circo.

Este trabajo, al final, daba una lección de respeto y tolerancia por la diversidad.

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