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Crítica de danza, Kilómetros: No somos tan distintos

Actualizado el 28 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

La agrupación danzaria pretende seguir uniendo la región centroamericana desde el sector independiente.

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Nuevo intento: Desde la iniciativa independiente se retoma el concepto de compañía regional. Diana Méndez

La coreógrafa y bailarina costarricense Karol Marenco, quien formó parte de la primera etapa de la Compañía de Danza Contemporánea Centroamericana (Codaca), de la cual en enero del 2014 vimos un espectáculo interpretado por 14 bailarines, dirigido por el coreógrafo Mark Sieczkarek, y que contó con apoyo institucional de toda la región y República Dominicana, retomó la idea y trabajó la iniciativa, esta vez, desde el sector independiente.

Esta compañía, que lleva el nombre de Kilómetros, mantiene el espíritu de Codaca, ya que está constituida por bailarines de la región, sin olvidar a los caribeños, y para esta oportunidad Marenco se hizo acompañar en el escenario por la creadora costarricense Erika Sedó, de quien sus alumnos interpretaron la coreografía Al borde .

Esta presentación permite focalizarse en la obra de Karol Marenco, quien, desde hace muchos años, ha estado trabajando fuera del país con diversas agrupaciones. El fuerte de la programación son sus dos creaciones, la primera titulada Intuitivos y la segunda Memento mori .

En los dos trabajos podemos apreciar su estilo compositivo consolidado, en el que el nivel técnico de los ejecutantes le facilita un manejo del movimiento periférico y brillante, con mucha resolución de alzados en parejas, así como variaciones en las que acude a diferentes niveles y dinámicas del movimiento.

A nivel de dirección, el elenco le respondió al compenetrarse en el tema y lograr las cualidades cinéticas planteadas. Sobre su desempeño se debe destacar la capacidad de resolver la propuesta coreográfica con solvencia técnica, limpieza y sentido de grupo.

A profundidad. Intuitivos es un trabajo de orden intimista, que nos presenta a los bailarines en una atmósfera introspectiva, en la cual predomina la sobriedad interpretativa.

De este, me llamó la atención el tratamiento del espacio y la construcción del personaje ejecutado por la dominicana Cindy Sosa. Esta obra contó con un acertado vestuario de Bayron Nájera y Marenco acompañado por la música de Juan Carlos Parada.

Memento mori es una propuesta que de inmediato atrapa al espectador, especialmente al latino, ya que hurga temas que aluden a nuestra diversidad cultural con tópicos de actualidad, los cuales fueron tratados en tono jocoso y actitud crítica.

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En esta obra no salen bien librados los políticos corruptos, las reinas de belleza preocupadas por lo banal y los falsos héroes como los futbolistas quienes pretenden vivir de la fama sin aportar nada a las necesidades del mundo real.

En este trabajo, Marenco recurre a sus resoluciones de espacio y movimiento desarrollados en la obra anterior, adicionando el manejo de la voz y otros componentes de la danza teatro.

Sin duda, para los alumnos de Erika Sedó, directora de Ciempiés, haber interpretado la obra Al borde , junto a estos bailarines tan experimentados, será un aliciente para su futura carrera.

Por otra parte, Luis Romero realizó de manera pertinente el diseño de las luces en las tres obras.

Finalmente, es muy grato ver, unidos por el talento y el esfuerzo, a bailarines, coreógrafos y músicos de Nicaragua, El Salvador, República Dominicana y Costa Rica, en el mes de la Patria grande.

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