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Crítica de danza: Festival de Coreógrafos Graciela Moreno 2015, primer día

Actualizado el 21 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

Espacio estimulante: permite a creadores y bailarines ver sus obras en condiciones ideales

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Crítica de danza: Festival de Coreógrafos Graciela Moreno 2015, primer día

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Para celebrar su XXXII edición, el Festival de Coreógrafos Graciela Moreno programó, durante cuatro noches, 16 obras de estreno de autores nacionales, quienes participarán ante jurados internacionales que otorgarán premios en las categorías de primera incursión, iniciados y expertos; mejor intérprete femenino y masculino, así como de mejor diseño de vestuario. De igual forma el público hará su elección de la mejor coreografía.

Diverso. Lo interesante del Festival de Coreógrafos es que permite observar a diferentes generaciones de autores y sus lenguajes. Diana Méndez
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Diverso. Lo interesante del Festival de Coreógrafos es que permite observar a diferentes generaciones de autores y sus lenguajes. Diana Méndez

La bailarina, maestra y coreógrafa y Elena Gutiérrez es la dedica del festival y merecedora del premio Britt 2015. También, para este encuentro, se han homenajeado a miembros de la comunidad que ya no están con nosotros, como el maestro Julián Calderón, la bailarina Ofir León y las víctimas de la tragedia de Choluteca, Honduras, de 1965.

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La fiesta dio inicio con Simbiontes , de Mario Vircha, un creador experimentado que vuelve a presentarse con Wendy Chinchilla, y esta vez, para plantear el tema de una relación inmersa en un círculo vicioso.

Vircha, en este dúo, logra exponer la premisa claramente, con un excelente manejo técnico y con capacidad de síntesis.

Como segunda parte, Metzi Hovenga ejecutó un solo de carácter intimista, titulado Háblame como la lluvia… o como te de la gana , inspirado en el texto del dramaturgo estadounidense Tennessee Williams, el cual fue elaborado con elementos de la danza (economía de los recursos corporales) y el teatro (manejo de la voz) bien hilvanados, lo que le permitió mostrarse como una gran intérprete poseedora de buena proyección escénica.

Después del intermedio le tocó a 22 , de Laura González, quien, mediante un sexteto, expuso el tema del cierre de un capítulo en la vida. En este caso, representado por el pianista, quien se desdobla y nos hace ver ciertos eventos en un ambiente onírico, ilustrados con elementos escenográficos interesantes y con música original en vivo, de Joan Villaperros.

A 22 le faltó síntesis en algunos segmentos, ya que se alargan sin aportar a la argumentación y afectan el ritmo de la obra. Según la autora, le censuraron un desnudo.

Para el cierre vimos el dúo Tlalli , realizado y ejecutado por Laura Murillo y Melissa Rivera, cuya temática es la feminidad, abordada desde un enfoque que privilegia el trabajo físico y cuya ejecución fue excelente.

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Sin embargo, en la dramaturgia le pesa la ausencia de conflictos o situaciones transformadoras, sobre todo porque no lograron dibujar las diferencias entre las mujeres. De igual forma, al gran telón de Francesco Bracci se le pudo haber sacado mayor provecho, especialmente con el diseño de luces.

El público fiel acudió puntual a la cita del evento dancístico, que ha contribuido al desarrollo de la danza en Costa Rica y que permite observar a diferentes generaciones de creadores, ya sea dando sus primeros pasos en la composición, desarrollando sus lenguajes o buscando nuevos horizontes creativos. No obstante, seguimos señalando la falta de propuestas de otras latitudes para dejar de mirarnos al ombligo.

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