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Crítica de cine

‘Me han raptado’

Actualizado el 10 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

Desde el 911 Línea de emergencia

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¡Sorpresa! Enorme sorpresa. He aquí cómo un proyecto ideado para la televisión se ha convertido en película capaz de hacerlo palpitar a uno desde cualquier parte del cuerpo, mientras la ansiedad se mezcla con el suspenso.

Se trata del filme titulado Línea de emergencia (2013), dirigido con talento y con tono preciso por el director Brad Anderson, quien se luce con su manejo de la gramática del cine; en este caso, del cine de acción.

Línea de emergencia es película más bien atípica dentro del thriller hollywoodense, porque logra mantener un alto nivel de suspenso sin alardes económicos y con un estilo narrativo bastante limpio. A la vez, tiene un importante acercamiento a esos personajes que se pasan el tiempo laboral ahí, casi olvidados, en constante ayuda hacia quienes la necesitan.

En efecto, se trata de los servidores que atienden las líneas de emergencia del 911, de sus cavilaciones personales e, incluso, de sus forzados distanciamientos ante los hechos que les llegan desde las apelaciones de auxilio.

En la película, el tema se expresa con la historia de Jordan (buena actuación de Halle Berry), operadora de emergencias, quien recibe una llamada al filo del peligro. Dicha llamada viene de una adolescente (igual: buena actuación de Abigail Breslin), quien ha sido secuestrada por un psicópata y llevada en la cajuela de un automóvil.

Jordan se tensa. Para ella, ese asesino en serie de voz agria no le es desconocido. Hay algo más: para la operadora del 911 se trata de salvar a la adolescente y de una cuenta por saldar.

Con aceptable ejecución visual, con buen tino en el ritmo y con flexible estructuración del relato, donde la música juega papel importante, la aventura explota en nuestro propio sistema nervioso. Nos prende y no afloja.

El filme tiene pasión: es relato pasional con un asunto duro. Ante ello, su ritmo resulta incesante, sin tregua. Hay progresión en la intriga sin perderse la corrección de las formas visuales. Filme para un público mayoritario que, a la vez, es capaz de conquistar o seducir a la crítica.

Ajá, esta película sí es buen cine de entretenimiento, especie de bomba de tiempo hecha con habilidad. Su punto de giro, aunque de dudosa lógica (el abandono de las salas del 911 por parte de Jordan), nos lleva a un final inesperado.

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Dentro de la buena planificación de este thriller , la película habla del valor de la solidaridad, de la relevancia de los gestos, de la importancia de los silencios y del buen sentir de las lágrimas. Lo hace, aunque no coincidamos con la resolución del conflicto, el cual no podemos señalar en este espacio.

Si esta película aumenta en uno el ritmo cardiaco, pues de eso se trata; total, sarna con gusto no pica. Con más exigencia crítica, podríamos pedirle al guion un mejor perfil psicológico del personaje secuestrador; pero el que no lo haga no rompe –para nada– el alto voltaje de la trama.

Se debe cerrar esta crítica con elogios para el trabajo en la sala de edición (montaje). Trepidante y dinámico. Dicho esto, solo nos queda recomendar el filme, muy bueno dentro de su género, aunque cuestionemos el final de la historia.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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