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Crítica de cine de 'Philomena'

Actualizado el 26 de enero de 2014 a las 12:00 am

Cine humanista Sentido del amor

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Crítica de cine de 'Philomena'

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Solo por la extraordinaria actuación de Judi Dench, por su emotividad, su ánimo intenso y a la vez mesurado, por solo eso, tenemos razón de sobra para ver la excelente película británica titulada Philomena (2013), dirigida por Stephen Frears, realizador con filmes importantes a su haber.

Esta película cuenta una historia real que nunca debió haber sucedido. Su trama narra las desventuras de Philomena Lee, mujer irlandesa que, tras quedar embarazada cuando era adolescente y soltera, como castigo, fue recluida en un centro católico regido por monjas intolerantes y, luego, obligada a dar su hijo en adopción.

Cuando Philomena salió de dicho centro, se dedicó durante 50 años a buscar el hijo que le habían arrebato. Durante ese proceso, encontró a un periodista desempleado que hizo de él los afanes de la noble y dolida mujer.

La película retrata esa relación y la búsqueda del hijo con profundo sentido humanista.

Esta historia de mujeres irlandesas de parto, jóvenes y solteras, ya había sido tratada con furibundo realismo y menos lirismo por el escritor y director de cine Peter Mullan. Su filme se titula En el nombre de Dios (2002), película que aplasta el dedo en la llaga al describir sucesos vergonzosos no solo para el catolicismo, sino para la humanidad toda, sin distingos religiosos.

Ahora, con Philomena, el tema es tratado desde la perspectiva del perdón (el poner la otra mejilla en condiciones difíciles), con ese criterio del que habló el escritor irlandés Clive Staples Lewis: “Quizá estemos aquí solo para sentir al ser humano como sentido de amor”.

Dentro de dicha tonalidad, le viene muy bien al filme el arte calmoso, aunque siempre agudo, del director Frears, quien, con estilo calculado, sabe puntuar muy bien el relato en cada momento narrativo. Así, hasta su inesperado final, mientras los diálogos cobran importancia máxima, no solo porque son ilativos de secuencia a secuencia, sino por lo que se dice con ellos.

Cada frase es sutil; por eso, las posiciones ateas del periodista conviven con la práctica religiosa un tanto ingenua, aunque valiente, de la madre en búsqueda de su hijo (aquí la inolvidable actuación de Judi Dench, dueña de los signos histriónicos desde los más pequeños gestos).

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Con Philomena, como personaje central, se nos sugiere que la oración ante Dios cambia al hombre, no a Dios (es tensa la secuencia del deseo de Philomena por confesarse en una iglesia, ahí en el confesionario, mientras el periodista le dice que es la Iglesia la que debe confesarse y no ella).

La actuación de Steve Coogan (como el reportero) no está a la altura de la situación dramática narrada y, por momentos, más bien desentona con la mostración del sacrificio emocional y de los reconcomios que, a cada momento, sentimos con la película y con su personaje principal.

En juego con ese personaje esquivo y a la vez penetrante, logrado por la señora Dench, es necesario mencionar el importante soporte de la música compuesta por Alexandre Desplat, ajustada a los sentimientos en juego y con extraño o nostálgico gozo interno (desde su melodía).

En medio de su posible pesimismo y de su denuncia, Philomena, la película, convence con su tema, con sus personajes y con su estilo, gracias a una intensa mirada personal y a los valores que prodiga dentro de su tragedia. No se la pierdan.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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