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‘Kon Tiki’: Viaje sin olvido

Actualizado el 04 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

Una balsa al pairo

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‘Kon Tiki’: Viaje sin olvido

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Tenía que suceder: el conocido libro sobre la expedición de la Kon Tiki, capitaneada por el explorador noruego Thor Heyerdahl, ha sido traído a la pantalla grande. Primero fue éxito literario; luego fue documental que ganó el Óscar en 1951; ahora se narra como cine de aventuras, sin perder su carácter real.

El equipo de la película ‘Kon Tiki: Un viaje fantástico’se tomó con mucho amor la recreación del viaje de Thor Heyerdahl

Como sucede algunas veces con el cine bueno e interesante, el filme noruego Kon Tiki: Un viaje fantástico (2012) se exhibe en pocas salas del país. Ojalá esta crítica sirva para alertar a los amantes del buen cine.

El viaje de la Kon Tiki viene dirigido a cuatro manos por Joachim Rønning y Espen Sandberg, filme realizado con solvencia, cariño y elegancia estética a partir del guion firmado por Petter Skavlan, muy bien apuntalado por la música de Johan Söderqvist (es como si la película recorriese las líneas de un pentagrama).

No se puede dejar de mencionar la deslumbrante fotografía de Geir Hartly Andreassen, caligráfica con las contundentes panorámicas del mar que nos ofrece, por momentos, la película, e impactante con el arte narrativo de los planos en picada ascendente o descendente, según correspondan.

El montaje de Per-Erik Eriksen y Martin Stoltz establece un tono dialéctico con el ritmo del filme (oportuno); sobre todo, con el cálculo del tiempo entre los momentos intensos y la expresiva quietud de otras secuencias.

Lo cierto es que el equipo responsable de la película Kon Tiki: Un viaje fantástico , sin duda, se tomó con mucho amor la recreación del viaje de Thor Heyerdahl, en 1947, de Perú a la Polinesia (a las islas Tuamotu), para demostrar que pobladores procedentes de Sudamérica podrían haber llegado hasta la Polinesia y que, por consiguiente, el mar no fue obstáculo, sino ruta de comunicación.

La tripulación navegó en una balsa construida según el modelo usado por los indígenas en tiempos precolombinos, tal cual, y se dejó llevar por las corrientes marinas, por las mareas y por la fuerza del viento.

Aventura y ciencia. Demostrar que hubo viajes precolombinos entre los incas y los polinesios, a mar abierto y en balsas, da lugar al viaje de la tripulación de la Kon Tiki, ahora en cines. CORTESÍA DE ROMALY.
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Aventura y ciencia. Demostrar que hubo viajes precolombinos entre los incas y los polinesios, a mar abierto y en balsas, da lugar al viaje de la tripulación de la Kon Tiki, ahora en cines. CORTESÍA DE ROMALY.

Con espíritu indomable, entre temores razonables, afán de aventura y certeza científica, Thor Heyerdahl y sus hombres se convirtieron en ejemplo del afán humano por dominar la Naturaleza y conocer lo desconocido: demostrar una hipótesis, mientras recordaban lo que hiciera Charles Darwin en Islas Galápagos.

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Aparte de las virtudes mencionadas de este filme, se debe lamentar la debilidad de las actuaciones, sobre todo la de Pål Sverre Hagen, actor sin densidad dramática con su personaje de Thor Heyerdahl, por lo que deviene más bien plano o de expresión monocorde.

De este filme, resultan memorables las panorámicas con la balsa en el mar, al estilo de las de John Ford con las praderas del Oeste, con ese misterioso sentido de infinitud que se abre a la mirada humana.

Así como antes el libro titulado La expedición de la Kon Tiki, escrito por el propio Heyerdahl, logró fascinar a muchísimos lectores, desde la simple idea de que tanto ancestros incas como polinesios adoraron a un mismo dios solar, Tiki o Kon Tiki, hasta la totalidad del viaje en balsa, ahora esta película provoca semejante hechizo y, por ello, queda aquí el encargo para verla.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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