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Edén del amor

Actualizado el 17 de agosto de 2014 a las 12:00 am

Cine austriaco Tras placer y sexo

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Edén del amor

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Les juro que sigo sin entender las razones dadas por los distribuidores de películas para no traer más cine culto o de arte al país. Ahora que Internet ha hecho más pequeño el mundo de las relaciones humanas, uno se percata de la gran cantidad de buen cine que se queda por ahí, sin llegarnos.

Como gotas de agua salidas de una cantimplora en el desierto, de vez en cuando nos llegan títulos realmente valiosos o interesantes, casi siempre en el marco de algún festival. Tal es el caso ahora de la meritoria película Paraíso: Amor (2012), dirigida por el austriaco Ulrich Seidl.

El arribo de dicho filme se le debe a la empresa Pacífica Grey y sucede algo curioso: esta es la primera película de una trilogía y, al preguntar, se nos dice que solo Paraíso: Amor vendrá al país. Para el espectador no hay problema alguno porque, aunque se trata de un tríptico, cada filme se entiende bien por sí solo, o sea, cada uno tiene su propia unidad dramática.

Como información, las otras películas de este triple estudio se titulan Paraíso: Fe (2012) y Paraíso: Esperanza (2013). Cada cual tiene aire de documental sin serlo. El director Ulrich Seidl procura mantener su propia distancia ante lo que escudriña. Él nos habla sobre la soledad humana y sobre esas carencias sentimentales capaces de punzar o de angustiar al más entonado.

Como pintura realista, pero con colores más bien pálidos y con cierta llamativa quietud, Paraíso: Amor nos relata la conducta contradictoria de las llamadas sugar mamas , mujeres oprimidas por vacíos emocionales, quienes van de Europa a Kenia en búsqueda de sexo, tras el mito fálico del negro africano. En ellas hay una actitud colonialista sobre el cuerpo ajeno.

Esas mujeres buscan un beach boy y otro y otro para sus mudanzas. En tanto, el filme indaga sobre la dialéctica interna de esa conducta femenina: ¿qué hay tras ese juego? Esto es lo mejor de la película, dicho con sobriedad visual y con mesura dramática. Así es, a la película le interesa el concepto sin hacer alardes escénicos ni bullicio superficial con los diálogos.

Al narrar las contradicciones entre la europea buscadora de placer y el keniano afanoso por el dinero de ellas, este filme no crucifica a nadie. Todo lo contrario. Busca entender cada pliegue de lo humano: aquí no hay jueces y ni siquiera se pretende que el público espectador lo sea.

Dentro de la sobriedad escénica, el director Seidl crea la atmósfera precisa para ir más allá de los personajes: lo sociológico está presente para percibir una realidad de injusta pobreza que aparece como fondo del argumento, mediante estudiados planos fijos y buena dirección artística.

Algo así vimos no hace mucho con la película Hacia el Sur (2005), del francés Laurent Cantet. Aquí, los hechos sucedían en Haití y con la gran actriz Charlotte Rampling al frente. También en Paraíso: Amor hay una buena actriz para el personaje principal. Ella es Margarete Tiesel.

Tras la desolación de los personajes, algo queda claro (moraleja): el amor es inútil en la gran industria del turismo, sí, el amor no es más que mercancía transmutada en sexo, o sea, es aparatoso producto comercial por lo que, en la desnudez de una cama, es inútil mirarse a los ojos. Muy buena película. Queda recomendada.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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