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Crítica de cine: Sin trascender

Actualizado el 15 de junio de 2014 a las 12:00 am

Filme sin alma Se enreda con sus hilos

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Crítica de cine: Sin trascender

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La investigación sobre el crecimiento de la conciencia, desde la conciencia propiamente dicha hasta la cósmica, pasando por la autoconciencia, ha sido un tema muy serio en la filosofía, algunos dirán que –sobre todo– después de Hegel, pero también ha sido motor de diferentes relatos en la literatura y en el cine del llamado género fantástico, donde lo irreal se codea con lo real.

Ahora vuelve el asunto con mucha especulación y bastantes incoherencias narrativas en la película Trascender (2014), dirigida por Wally Pfister, quien, por primera vez, pasa de director de fotografía a realizador, apadrinado por el conocido director Christopher Nolan, aquí productor ejecutivo.

En esta época de avance tecnológico tan apresurado, es lógico que también salten los temores hacia dicho progreso. ¿Cuál es el límite si debe haberlo? ¿No quiere el hombre convertirse en nuevo dios de la Naturaleza y sustituir a cualquiera otra divinidad? Son preguntas fáciles de extraer de la película.

Si el proceso de conocimiento del ser humano crece de forma acelerada y de manera cuantitativa, ¿cuándo se dará el salto cualitativo y en qué momento alguien humano, hombre o mujer, será la conciencia universal que regirá todo el desarrollo?

La película anda por esos laberintos. Dichas especulaciones son interesantes, aún desde la ficción, pero Trascender es filme que no puede consigo mismo, ni con sus ideas ni con lo que se propone temáticamente. Pronto, cualquier idea sobre una gran conciencia manipuladora del bien y del mal no pasa de ser simple apunte: una glosa al margen de su guion literario.

Las dudas, temores, fantasías, conceptos o moralejas que el filme pretende generar en el espectador no pasan de ser simples divagaciones de segunda categoría. En este caso, se puede decir que la película se enreda en sus propios mecates. Así, deviene en ensalada sosa a fuerza de excederse con los sabores.

La trama narra la historia del científico Will Caster (Johnny Depp), conocido académico e investigador importante en el campo de la inteligencia artificial. Él busca “algo”, sea máquina o persona, que combine la inteligencia colectiva con toda emoción humana (o sea, la conciencia completa del proceso de conocimiento).

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El doctor Will Caster tiene enemigos. Son jóvenes con el temor de que lo humano sea suplantado por lo tecnológico, sin sospechar que la investigación de Caster va más allá de la relación entre el hombre y la máquina.

Como el filme Trascender , desde su guion, no logra coordinar bien sus propias ideas ni logra estructurar un relato coherente, le sucede entonces lo inevitable: pasa de un posible buen cine de ciencia-ficción a ser una película de acción común y silvestre, película sin ningún mérito especial que no sean algunas inquietudes filosóficas por ahí dispersas.

Con personajes débilmente diseñados, las actuaciones resultan malas (sobre todo las de Johnny Depp y Rebeca Hall), sin nada que salve la tanda: ni la música ni la fotografía, nada, con una dirección artística sin estilo alguno, pese a ser cine de alto presupuesto, y un ritmo abúlico desde el montaje.

La película podría pasar mejor como folletín de amor en un mediocre capítulo de alguna serie televisual con ciencia-ficción. Tiene más emoción una visita al odontólogo que la película. El filme se pregunta varias veces sobre el alma humana, pero quien perdió alma fue la propia película. Reciclable.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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