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Crítica de cine: ‘La primera dama de la Revolución’

Actualizado el 23 de septiembre de 2016 a las 11:00 am

Sin duda, en Costa Rica, hay mejores documentales sobre los más distintos temas, la política inclusive.

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Tráiler de ‘La primera dama de la Revolución’

La analogía entre el ensayo literario y el documental fílmico es fácil de ser percibida a partir de su esencia: son artes al servicio de la promulgación de ideas o del pensamiento, puertas para el debate. No pretenden relatar.

Eso hace que algunos estudiosos le den identidad propia tanto al documental como alensayo, y alegan que el documental no es cine propiamente dicho, así como el ensayo no es literatura, aunque utilicen logística de esas artes.

Al menos con el cine, otros defendemos que no hay un solo “decible” fílmico y que el cine puede decirlo todo, incluso las ideas más abstractas. Pensemos en Terrence Malick o en Alexander Astruc (entre tantos).

Queda debiendo | . LA PRIMERA DAMA DE LA REVOLUCIÓN  (2016), PROTAGONIZADO POR HENRIETA BOGGS,  ES UN  DOCUMENTAL EMOTIVO MÁS QUE REFLEXIVO.  JOHN DURÁN
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Queda debiendo | . LA PRIMERA DAMA DE LA REVOLUCIÓN (2016), PROTAGONIZADO POR HENRIETA BOGGS, ES UN DOCUMENTAL EMOTIVO MÁS QUE REFLEXIVO. JOHN DURÁN

Sea que el documental es cine o no, lo menos que uno espera es calidad artística y riqueza conceptual al ofrecerse. Esas son dos notorias ausencias en el documental de la directora Andrea Kalin, que se ofrece en el país con el título de La primera dama de la Revolución (2016).

Dicho documental se queda en el rollo elegíaco sobre la mujer que fue primera esposa del exgobernante costarricense José Figueres Ferrer: la señora Henrietta Boggs. Este documental, tan vacío como un piano sin teclas, parece transcripción en imágenes del libro escrito por la señora Boggs: Casada con una leyenda (1992).

Por eso, el filme se agota con planos de doña Henrietta, puesta ahí ante la cámara de manera hierática (solemne, sin que haya una actitud dialógica con el espectador). Para usar una frase ajena, ni siquiera es documental creativo. Peor, es sesgado en política a favor del figuerismo.

La forma en que se presenta al doctor Calderón Guardia es maniquea, subjetiva e injusta en términos sociales, a la vez que ignora al obispo Víctor Manuel Sanabria y al dirigente Manuel Mora, comunista, pese a que ellos aparecen en imágenes. Cansa tanta fanfarria hacia un solo lado del espectro político y la poca capacidad de este documental para imaginar con imágenes.

LEA MÁS : La tenacidad de Henrietta Boggs fulgura en la pantalla grande

El extremo es que, como texto, no parece sincero, aunque sí lo sea: el documental es como mirarse al espejo y no encontrar nada, más rígido que un árbol quemado (diría el escritor Raymond Chandler). Superficial.

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No lo duden que en Costa Rica se han estrenado mejores documentales (no cito porque puedo pecar de injusto). Aquí hay buenos documentalistas, más de uno, y lástima que el grupo Dokus cerró su quehacer en dicho sentido.

Imágenes de archivo muestran a José Figueres en los años de la revolución. Archivo
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Imágenes de archivo muestran a José Figueres en los años de la revolución. Archivo

Se dice que La primera dama de la Revolución se pasará en escuelas y colegios. Ojalá que no. Al menos no sin debate, sin oír a la otra parte. También debe hablarse de que es documental flojo en términos formales, cuyas imágenes están ahí porque sí, porque había que poner algo delante de las cámaras.

El día del estreno, función privada, hubo algarabía en la sala de parte de los figueristas. Lógico. Por allí anda el mejor consumo de este documental, pero eso no da la calidad que le falta por montones.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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