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Crítica de cine: Por las plumas

Actualizado el 06 de octubre de 2013 a las 12:00 am

La pinta del gallo Comedia nacional

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Crítica de cine: Por las plumas

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La película costarricense Por las plumas (2013), dirigida por Ernesto Villalobos (Neto), ha sido noticia por razones extracurriculares, diría un educador. El jurado del Festival de Cine Paz con la Tierra 2013 en Costa Rica la rechazó y esto fue polémica abierta, al punto que a ese tribunal le enmendaron la plana.

El actor Marvin Acosta durante la grabación de la película   Por las plumas . Foto: Cortesía de Leo Carvajal
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El actor Marvin Acosta durante la grabación de la película Por las plumas . Foto: Cortesía de Leo Carvajal

Como gallito de pelea, el filme buscó otras tiendas y fue aceptada en festivales de cine en Toronto, Vancouver y San Sebastián. Ahora se exhibe para el público costarricense y se muestra la calidez de sus personajes, diseñados estos con apego al aliento popular del tico de escasos recursos.

Alguien diría que se trata de un filme realista con secuencias oníricas; sin embargo, más bien muestra una faceta costumbrista de los marginados del país: los ve desde algún folclorismo, como lo hizo la literatura con el campesino en su oportunidad. Solo que ya no es el concho ni sus concherías. Neocostumbrismo, le podríamos decir, sin temor al equívoco.

Con exceso de mesura y de silencios, con innecesario tono ceremonioso, el filme Por las plumas describe al nuevo proletario urbano desde sus necesidades básicas y con sus sueños más inmediatos (por ejemplo, tener un gallo de pelea, como le sucede a Chalo). La Costa Rica que se muestra no es aquella que aparece en guías ni en tarjetas turísticas, para nada.

Ese compromiso de la película es llevado a códigos verbales y, con ardid cómico, a denunciar el papel ideológico que la religión ejerce en el pueblo: es lo mejorcito del filme. El problema es que esa mostración no supera el cuadro de costumbres y la trama se desarrolla sin mayor análisis y con humor voluble. Las plumas no toman vuelo con el argumento.

La historia de Chalo con sus amistades y con Rocky, el gallito de pelea, transcurre sin ningún sobresalto narrativo, casi con estilo perezoso, intercalando especie de cortos cinematográficos para buscar la risa del público, diría que de manera forzada, por lo que se pierde la coherencia interna del relato.

Sin puntos de giro, sin subtramas, sin procesos en los personajes, sin nudos narrativos, sin abrir expectativas y, además, iterativa visualmente (como si le faltase imaginación), Por las plumas es película que se repite temáticamente y se reitera estéticamente, con debilidades al montar una secuencia y al dotar de ritmo a la narración.

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El cariño por los personajes (señalado líneas atrás) permite hacerlos creíbles. No lo es tanto por las actuaciones, a las cuales les falta ánimo histriónico. Incluso, hay momentos en que las voces de los actores suenan a hueco: como si hablaran desde otra película. Los diálogos semejan improvisaciones radiofónicas.

Poco a poco, Por las plumas es filme que pierde exigencia consigo mismo, se disipa en inspiración y se resuelve sin garra. Si es posible esta imagen, podemos decir que se trata de una película poco hábil para narrarse a sí misma.

En todo caso, no tomen a este crítico como oráculo cuando digo que se trata de un filme narrativamente fatuo. El crítico es, a lo mucho, un interlocutor; por eso, es decisión oportuna que cada quien vaya al encuentro de esta nueva película costarricense en la sala de cine que prefiera.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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