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Crítica de cine: ‘Son como niños 2’

Actualizado el 01 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

Adultos atrevidos. El bodrio en el cine

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Crítica de cine: ‘Son como niños 2’

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Tráiler de la película Son como niños 2.

He aquí que llega una secuela de otra película del 2010, la que tengo dichosamente olvidada. Solo recuerdo de cinco amigos que se reencuentran en el funeral de su antiguo profesor de baloncesto.

Igual.  Chris Rock y Adam Sandler se repiten en filme, que también se repite y recibe duros calificativos de la crítica.  Discine/LN
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Igual. Chris Rock y Adam Sandler se repiten en filme, que también se repite y recibe duros calificativos de la crítica. Discine/LN

Lo que seguía –entonces– es semejante a lo de ahora con el filme Son como niños 2 (2013). Así, con sus majaderías mal ordenadas. Esta secuela más parece plagio que secuela. Ambas películas han sido perpetradas, que no dirigidas, por Dennis Dugan, quien pone el filme al servicio de ese pésimo comediante que es Adam Sandler (cada vez peor).

Igual sucede con el resto de los actores. Cada uno es alfombra de Sandler, aunque le den a cada quien minutos para “lucirse”. ¡Y se lucen! Con chistes malos, vulgares, toscos y escatológicos (pedorreras, excrementos, vómitos y demás). Agreguen constantes burlas misóginas o de tonos racistas.

Salma Hayek se limita a poner cara bonita de yo no fui, al igual que sus compañeras actrices. No hay cara en cuál persignarse. En tanto, se narra la historia de los citados personajes (si eso es narrar), quienes regresan a los sitios natales.

El relato va a brincos y trompadas. Algo así como una costura mal hecha con los más distintos trozos de tela. Por eso, quedan demasiados hilos sueltos y no se sabe del hilo porque es otra persona la que cose (el guion, tan malo como pachuco, viene firmado por Fred Wolf).

Son como niños 2 es película que no sirve ni de pulga para un petate ni de nigua para un talón rajado. El elenco se expresa cada vez peor con sus actuaciones, como si fueran ratones plásticos para un gato cazador, así de inútiles. Con personajes mal diseñados (más parecen leños verdes en el fuego) y con malas actuaciones, aquí el cine dejó de ser representación.

Luego, con la trama deshilachada, esta película deja de ser narración, sin decir tusa ni musa. Igual, la música es alboroto ineficaz. La fotografía se limita a “tomar” lo que está ahí. El montaje se muestra a marchas forzadas y el trucaje es deficiente, como chancleta vieja.

En la butaca, uno tan solo espera que la película termine pronto, asombrado de la falta de creatividad y de cerebro del filme. Igual, uno se asombra del público que ríe y ríe ante tanto humor prosaico o chabacano. ¿Será que lo hace para justificarse el pago del boleto?

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No hay que pedirle peras al olmo. Bien se sabe lo que puede venir de una comedia con Adam Sandler, a quien ya se le llama Adam Sandeces. El asunto es: ¿cómo hacer para que el público sea más exigente ante este cine tan malo? ¿Qué puede hacer un crítico además de destrozar una grosería así? ¿Y la llamada Oficina de Control de Espectáculos Públicos del país?

¡Lamentable! Aquí se prohíben para menores de 18 años filmes de calidad importante que pueden formar, en lo cinematográfico, a personas jóvenes. No obstante, una cinta como esta es para todo público, pese a su carga de vulgaridad escatológica, sus burlas racistas, sus guasas homofóbicas y su chacota de las minusvalías físicas, amén de su concepto depravado sobre la mujer. ¿Qué, no lo notan?

Por mi tiempo, lamento mucho tener que ver este tipo de comedias (bodrios). Por mi condición privilegiada, me alegra poder escribir esta crítica. Por lo demás, me duele ver qué bajo anda el gusto por el cine en no pocas personas. ¡Necesitamos más cineclubes!

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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