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Crítica de cine: Copia certificada

Actualizado el 20 de julio de 2014 a las 12:00 am

Filme con autoría Cine como ensayo

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Crítica de cine: Copia certificada

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Al cine nada le es ajeno. Ni siquiera el ensayo, aquí entendido como oferta visual de ideas o conceptos. El buen cine lo es si quiere serlo, no importa si rompe con su tradicional definición de ser narración y representación. El cine es creatividad cuando quiere ser arte.

Para que una película tenga calidad respetable solo necesita la inteligencia de su autor, su nervio creativo y su deseo para arriesgar. Pues bien, el director Abbas Kiarostami, iraní, tiene el valor de asumirse como autor con su película Copia certificada (2010), que llega con algún atraso a Costa Rica, gracias a un Festival de Cine Europeo en el cine Magaly.

Como representante de la “Nueva Ola” del cine iraní, Kiarostami indaga en conceptos vitalistas sin temor a ser culto: le exige al espectador, con manejo solemne en pantalla de las unidades dramáticas de espacio y tiempo, mientras los diálogos rompen esquemas narrativos.

También guionista, Abbas Kiarostami necesita nada más de una pareja (hombre y mujer) con algunos otros pocos personajes que ni siquiera podemos llamar secundarios: sirven como soportes ocasionales y casi efímeros para sustentar el juego de ideas que, con la pareja, la trama va ofreciendo.

En Copia certificada no hay artilugios enajenantes ni ese gusto por la tecnología capaz de manipular al espectador. Con gran manejo del plano y contraplano, más otro mejor del plano-secuencia, nos vemos involucrados –por ejemplo– en esas discusiones válidas sobre el papel del arte en la vida y sobre la diferencia ardorosa entre un original y la copia.

De pronto, con mimetismo capaz de asombrarnos, esos conceptos se transfieren a la relación de pareja surgida del amor. Es cuando los personajes evolucionan más allá del giro narrativo. Es mucho más que una vuelta de tuerca: las conversaciones sobre el arte confluyen en preceptos del amor.

Kiarostami no tiene miedo de confundirnos. Es su retórica. Él sabe hacia dónde va y, poco a poco, las sombras dejan de ser oscuras. En la pareja protagónica (ella y él) se expresan muchas otras parejas o todas. Esa pareja (singular) es calco de otras parejas (plural) en distintas etapas de sus acercamientos o contradicciones.

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Incluidas las relaciones humanas, la copia puede ser tan importante como el original, porque la felicidad parte de la sinceridad vehemente, se dice, desde la niñez hasta una envidiada ancianidad (las imágenes son elocuentes con su bien tejido plástico). Filme elegante.

Por supuesto que esta propuesta fílmica, a manera de ensayo, sería inexpresiva con malas actuaciones. No sucede así porque Juliette Binoche se apodera de su personaje con sutileza dramática en abanico de expresiones. A ella le corresponde el barítono inglés William Shimell con actuación justa: equilibrio orgánico.

Copia certificada parece filme minimalista. ¡Qué va!, lo poco en narración es mucho en conceptos: lo complejo no está en lo que sucede. La película busca ser original a la vez que intenta copiar otros filmes, sean de Ingmar Bergman, Roberto Rossellini o Richard Linklater (lo formal en correspondencia con el contenido).

No esperen que el filme les resuelva dudas. Nunca sabremos dónde termina el original y dónde comienza la copia, dónde la realidad se apodera de la ficción ni dónde el amor aparece para transformarnos de manera camaleónica. Eso sí, ningún cinéfilo lo es sin ver esta película.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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