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Crítica de cine: ‘La chica del tren’

Actualizado el 20 de noviembre de 2016 a las 12:00 am

Lo mejor: la acertada dirección de arte, la buena fotografía y la eficaz música; ¿y lo demás?

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Crítica de cine: ‘La chica del tren’

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Mujeres y suspenso. La actriz Emily Blunt encabeza el reparto de drama con suspenso. / Fotografía: Cortesía de Romaly.

Los trenes son una parte más del paisaje. Son la parte rutinaria y móvil que pasa por los mismos sitios a las mismas horas. Adentro, sus pasajeros, tienen la conducta usual del medio que los transporta: ellos también son el tren.

Es lo que vemos en la película La chica del tren (2016), dirigida por Tate Taylor, quien tiene a su haber una formidable película titulada Historias cruzadas (2011).

En La chica del tren vemos cómo el ritmo habitual del vagón en que viaja una joven, llamada Rachel, se apodera de ella.

Desde su ventanilla de pasajera, Rachel mira lo de siempre como siempre, para pensar lo invariable. Así, cada día viaja y regresa de su trabajo en Nueva York en tren, y ella debe pasar por donde vivía con su esposo, del que se divorció, y mirar cómo él vive con su nueva esposa.

Hay un pasado rutinario como el sonido del tren. Cuando Rachel quiere cortar ese lazo visual, se concentra en mirar a otra mujer con su esposo, felices ellos, Megan y Scott, quienes viven cerca.

Ahí es cuando Rachel estructura un mundo imaginario que ella vive como real sobre dicha pareja. O sea, crea una falsa vida y comienzan a entrar los personajes que ella desee.

Es un mundo idealizado. Así, hasta que el cuerpo de Megan aparece descuartizado y Rachel se convierte en sospechosa de asesinato; al menos, en el testigo más importante del crimen.

El tren sigue su marcha sobre sus rieles, como un cigarrillo que se consume de manera pareja, pero en algún momento todo cambia para sus pasajeros.

El filme se basa en una exitosa novela de Paula Hawkins y el problema del filme es que quiere comportarse tan igual como ese “ best-seller ”. Lo hace sin ofrecer aportes a su propia gramática fílmica, como si el oleaje del mar fuese siempre idéntico y se tratase de copiar el estilo o tratamiento de ese oleaje.

Es fácil darse cuenta de que a la película le falta dinamismo dramático, ver que le falta pulso narrativo e intensidad en el relato. Entonces, ni la acertada dirección de arte (elogiable), ni la buena fotografía (cuidadosa) ni la aceptable música (nada menos que de Danny Elfman) logran resucitar al filme de su tedio vertebral.

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Para aparentar complejidad, el guion prefiere enredarse en sus propios mecates y, para aparentar tensión dramática, las tres actrices actúan por encima de las condiciones del relato. Sobreactúan, pues. Las protagonistas se “sienten forzadas” en La chica del tren , hasta con el innecesario alcoholismo de una de ellas.

La trama gusta de girar sobre sí misma y nos causa la sensación de estar viendo a una mosca golpeándose contra el vidrio de una misma ventana. Igual, ver a un gato que quiere hilvanar los hilos que más bien deshilvana.

Lo menos convincente del arte explicativo del filme es su constante cambio de tiempos con el relato, no solo porque confunde, sino porque –además– les hacen perder fluidez al desarrollo y al enlace de secuencias, como si el tren descarrilara, aunque no llega a suceder.

Ficha técnica: ‘La chica del tren’

Título original: ‘The Girl on the Train’

Estados Unidos, 2016

Género: Drama

Dirección: Tate Taylor

Elenco: Emily Blunt, Rebecca Ferguson, Haley Bennett

Duración: 112 minutos

Calificación: DOS ESTRELLAS (**) de cinco posibles

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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