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Crítica de cine de ‘Relatos iraníes’

Actualizado el 05 de julio de 2015 a las 12:00 am

Llega filme que es algo más que su trama, también es la vivencia de ella

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Crítica de cine de ‘Relatos iraníes’

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En el blog argentino “Angaunoticias”, uno se encuentra con este texto: “El cine iraní es solo para paladares exquisitos”; sin embargo, me da cierto sinsabor esa frase, aunque parece un elogio.

Cierto, el iraní no es cine de consumo masivo, porque no es entretenimiento por simple entretenimiento: pretende siempre ir más allá de una primera y fácil mirada, tanto en lo conceptual como en lo poético de sus imágenes.

Empero, no por eso es cine solo para gustos exquisitos o para personas cultas; más bien, es cine para sensibilizar ante los dilemas humanos y para enseñar a asumir compromisos (muchos filmes tienen a niños y niñas como personajes).

El estreno sorpresivo de la película titulada Relatos iraníes (2014), de la brillante y muy comprometida directora Rakhshan Bani-Etemad, nos sacude de nuevo, como la mayoría del cine iraní, con su deber social y con su arte fuera de lo corriente. Relatos iraníes es signo de vida.

Es lamentable, pero real, Hollywood nos monocultiva dentro de cierto gusto por su cine industrial a gran escala. Aún recuerdo, cuando joven, que pude ver en cines de San José filmes europeos y latinoamericanos que son clásicos del sétimo arte. Esto se perdió, no sé en qué punto exacto, pero se perdió.

De alguna manera, ir a ver una película como Relatos iraníes viene a ser un sincero acto de rebeldía contra el cine-espectáculo. También es solidaridad con los directores persas que, en su Irán natal, se juegan la vida con sus ideas insurrectas llevadas a la pantalla, en contra de una teocracia que anula a las mujeres, desoye la pobreza ajena y está llena de corrupción burocrática o política.

Crítica de cine de ‘Relatos iraníes’
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Crítica de cine de ‘Relatos iraníes’

Algunos realizadores están en cárceles, a otros los han condenado a no hacer cine y hay quienes han podido emigrar. Poco de esto se sabe en Costa Rica. Definitivamente, hacer cine en Irán es ejercicio de lucha.

Está el caso reciente de Jafar Panahi, condenado a seis años de cárcel y a no escribir guiones durante 20 años. Con todo, los talentos siguen: Abbas Kiarostami, Majid Majidi, Mohsen Makhmalbaf, Ashgar Forhadi, entre otros, y la directora de Relatos iraníes: Rakhshan Bani-Etemad.

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Su película es canto lírico frente al dolor, ante la injusticia social, ante el amor no realizado (de pareja o familiar) y contra la agresión sufrida por las mujeres. La trama narra distintas historias que se van hilando según los personajes que las identifican. Son cuentos tensados de manera admirable.

Por eso, es cine coral, capaz de irritarnos, de angustiarnos, de hacernos sonreír o de conmovernos, según sea. Todo ello con un ejemplar y muy propio manejo del lenguaje del cine. Son historias, cierto, pero también son las emociones que les dan sentido a esos relatos.

Esta película reproduce la lucha universal de los sectores pobres o discriminados del mundo (ellos o ellas). Ante ese afán, la directora muestra vehemencia en los diálogos e inteligencia en los encuadres, aunque –por momentos– le falta tono al pasar de una a otra de las siete historias: ausencia de sinergia.

Las actuaciones son extraordinarias, mejor en las mujeres. Los dos últimos relatos me hicieron quedarme en mi butaca mucho más allá del final, dominado por la melancolía. Espero que esta crítica convenza a muchos de ir a ver este filme: Relatos iraníes .

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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