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Sucedió en Gales

Crítica de cine: Orgullo y esperanza

Actualizado el 22 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

Ante la represión, la comunidad homosexual se une a mineros en una sola lucha.

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Crítica de cine: Orgullo y esperanza

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Las luchas de los sectores marginados de la sociedad tienen eficacia si se unen entre sí, y aún con ello puede no ser suficiente. Es lo que nos dice de manera clarita, con criterio solidario, actitud de lucha y buen humor la película inglesa Orgullo y esperanza (2014), dirigida por el británico Matthew Warchus.

Sin serlo, la trama parece sencilla: sucede en el verano de 1984, en los tiempos del duro gobierno de Margaret Thatcher, expresión del neoliberalismo económico europeo. En ese momento, los obreros mineros cumplen una larga lucha por sus reivindicaciones y han convocado a una huelga que se alarga.

Es cuando un grupo importante de lesbianas y gais decide organizarse para apoyar la huelga; empero, el sindicato nacional minero es el primero en rechazar esa ayuda, por todos los prejuicios imaginables en contra de la homosexualidad.

La comunidad homosexual londinense no retrocede y, entonces, va a las bases mineras y lo hacen en un sitio en Gales. Así comienza esta historia de solidaridad real, para nada fácil habidas las contradicciones que se han de superar por toda parte. El cómo esto se logra es el cuerpo del filme y es también parábola.

Luego de una bien lograda introducción que gira más sobre los grupos homosexuales y, de esa manera, identifica a los personajes claves del argumento, tenemos en la cinta un desarrollo donde se hace lo mismo con los mineros y se establece la relación entre ambos sectores cuando unifican sus luchas.

La conclusión es lo más débil del filme, por querer subrayar en demasía el valioso nivel de humanismo alcanzado durante esa huelga que, sabemos, perdieron los mineros ante el gobierno inglés, pero donde se ganó en afecto y tolerancia entre las dos comunidades luchadoras.

Eso sí, gracias a la dirección de Matthew Warchus, Orgullo y esperanza nunca pierde el fino humor sumado al carácter social y político. Es película dentro del arte propio de otros valiosos directores ingleses: pensemos en Ken Loach, en Mike Leigh o en Peter Cattaneo. Hay más.

Orgullo y esperanza se acerca al estilo de la conocida película The Full Monty (1997), de Cattaneo, aunque con menos creatividad por ser menos punzante. Es imposible no relacionarlas.

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El equipo de histriones es grande y hay que señalar las buenas actuaciones que se dan en el filme, se le mire por donde se le mire, bien equilibradas: sin excesos de nada. Los actores asumen no solo con talento sus personajes, sino también con mucho cariño. Se siente ese cariño y se nos contagia.

Hay momentos en que es fácil predecir lo que sigue, pero no hace tanta mella. Hay otros que más bien resultan superficiales, pero el tono general es siempre optimista (lo que se le agradece), amén de que logra cuestionar y provocarnos (igual se le agradece: no hay lugar para la indiferencia). El filme nunca pierde su Norte.

Orgullo y esperanza es película que anda como escondida en la cartelera del país. Ojalá ustedes la ubiquen, la disfruten y crean en su sinceridad: nos puede ser muy provechosa. Queda recomendada.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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