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Crítica de cine: Indestructibles 3

Actualizado el 18 de agosto de 2014 a las 12:00 am

¡Pura churrería! Hasta la lengua pesa

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Crítica de cine: Indestructibles 3

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Indestructibles. A la tercera entrega de cine de acción con mercenarios como héroes no le ha ido mejor con la crítica, pero tampoco en boleterías donde se ha estrenado. Parece que se agota. CORTESÍA DE ROMALY.

Testosterona idiotizada. Con esa frase podemos resumir la mala calidad de la película Los indestructibles 3 , perpetrada, que no dirigida, por Patrick Hughes. Aquí, actores pésimos encarnan a un grupo de “machos” (incluida una mujer de igual condición) capaz de matar y matar, y de hacerlo con gusto.

La trama es lo de menos. Lo único que interesa es el zipizape ruidoso e ilógico que se arma por cualquier cosa. Ahora se enfrentan Barney y Conrad de nuevo, antiguos camaradas, solo que el segundo torció su conducta y se convirtió en peligroso traficante de armas.

Como el grupo de Barney ha envejecido, este los pensiona e integra una nueva planilla con novedades tecnológicas; sin embargo, Conrad no es ningún tonto y su piel ya es cuero de lagarto. Por eso, se arman tiroteos nada creíbles y unos zafarranchos que, más bien, resultan ridículos y muy mal filmados.

Los viejos compinches de Barney no se resignan con la jubilación obligada y se clavan en las batallas tal y como ellos son: indestructibles. Ellos pueden acabar con cualquier cantidad de contrincantes bien armados y no recibir más que rasguños o rasponazos fácilmente curables.

Así es, gallina vieja da buen caldo y los veteranos amigos de Barney Ross están ahí para demostrarlo. Por supuesto que nadie se preocupa por actuar bien, para qué, ni el director les exige nada. El peor actor, si le cabe la palabra, es Sylvester Stallone, quien provoca vergüenza ajena como Barney.

Dicen que todo sapo se siente feliz cuando lo empujan al agua. Bien podríamos pensar que a Stallone le sucede lo mismo con estos filmes tan malos. Ya no hay remedio. Ni san Judas Tadeo, el santo de lo imposible, puede sacar mejor provecho como actor del señor Stallone.

Por ahí aparece Harrison Ford, con quien la película no mejora en calidad, o sea, él no logra ser el toro rompedor que siempre hay en una manada. Lo peor es que esta película dura largos 127 minutos, ¡terrible!, y en camino largo hasta la lengua pesa.

Los indestructibles 3 se resiente de su artificiosa construcción y de la debilidad de su propuesta. Cuando recurre al humor paródico, uno cuenta los chistes buenos con los dedos de una mano. El resto es del montón.

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Es posible que este tipo de cine gratuitamente violento, fomentador del gusto por las armas y por su uso indiscriminado, tenga su cofradía de seguidores por ahí, algunos de ellos con gustos fascistoides, pero esto es un asunto sociológico, no cinematográfico, aunque contiene “mala leche” en lo ideológico.

El filme atormenta con su estupidez narrativa, con su escandalosa banda sonora y con tanta neurosis visual (¿cómo pueden llamar a esto “cine de entretenimiento”?). Lo peor: ahí no se compone un plano, todo es cámara loca, no hay manejo correcto de las secuencias, el ritmo es arbitrario y los personajes no son creíbles (son como el capitán Dulzaina, que no era espada, sino pura vaina).

Los indestructibles 3 es cine en estado de coma, cuya narración va a puros manotazos de ahogado. Uno se queda sin entender cómo alguien paga por ver este “churro” o, peor, que cobren por exhibirlo.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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