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Crítica de cine: Intensa-Mente

Actualizado el 23 de junio de 2015 a las 12:00 am

Las sensaciones humanas son manejadas como títeres en valioso filme animado.

Con el filme Intensa-Mente, el director Pete Docter cumple de maravilla con esa frase española de “rizar el rizo”, esto es, de ir más allá de lo viable con su argumento.

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Tráiler del filme ‘Intensa-mente’

El director Pete Docter sabe lucirse con sus películas animadas, él como parte de Pixar. Luego de darnos dos filmes exquisitos (se les mire por donde se les mire), como lo son Monster, Inc (2001) y Up: Una aventura de altura (2009), Pete Docter hace de nuevo gala de su genio con Intensa-Mente (2015).

Pixar fue empresa creadora del primer largometraje animado por ordenador: La historia del juguete (1995). De ahí en adelante, la creatividad de Pixar es naciente de imágenes y conceptos, por lo que no termina de asombrarnos película a película.

Ahora, con Intensa-Mente , el director Pete Docter cumple de maravilla con esa frase española de “rizar el rizo”, esto es, de ir más allá de lo viable con su argumento y de ir lo más lejos posible con lo visual (trama e imágenes en acertada correspondencia). Es genial el argumento de esta película.

Trama. El filme pasa por distintas etapas del conocimiento humano (incluso con perros y gatos, como vemos durante los créditos finales). Como resultado de ese proceso, también pasa por las más diferentes emociones (entendidas ellas como valoración material de lo conocido).

Oposición. Alegría y Tristeza son personajes que le dan vida a filme elogiado por la crítica, con el talento animado de Pixar. ROMALY PARA LN.
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Oposición. Alegría y Tristeza son personajes que le dan vida a filme elogiado por la crítica, con el talento animado de Pixar. ROMALY PARA LN.

Así, el “paisaje” que se nos ofrece es tan concreto como abstracto, simple y complejo a la vez. Esto permite un filme donde los espectadores más infantes se entretienen con la simple aventura, pero los adultos podemos reflexionar más allá de ella.

Lo que el filme construye es una especie de distintos entarimados, graciosos retablos, donde ciertos sujetos caprichosos son conductores de nuestros sentimientos, en un arco que va según la correspondencia dialéctica entre la alegría y la tristeza (una no puede existir sin la otra: en sus contradicciones se mantiene la unidad emocional de cada quien).

Esos conductores son personajes en movimiento, titiriteros ocurrentes con sus ajustadas pasiones. Ellos, además, tienen sus propias vidas, por lo que el filme discurre con dos hilos narrativos fundamentales (el humano y el de estos titiriteros), más algunas subtramas muy graciosas.

La estructuración narrativa es ardua, sin temor a las complicaciones, a nada, ni siquiera al mundo surreal de lo inconsciente, y el filme sabe llegar de manera más que exitosa a buen puerto. Lo bueno de esta película no está solo en su final, sino también en su bien logrado recorrido.

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El personaje central es una niña, Ripley. Parapetados en algún lugar del universo de la personalidad humana, sobre ella actúan estos personajes: Alegría, Miedo, Ira, Enfado y Tristeza.

Digamos que el cuartel general de esas emociones es un centro de control en el cerebro. El meollo y dilema del filme sucede cuando en Ripley hay un crítico choque de emociones, por lo que Alegría y Tristeza –de manera solidaria– deben solucionarlo todo en un viaje por la psique de Ripley.

Intensa-Mente es entretenida pieza de arte, secuencia a secuencia. Es creativa la atmósfera de los sucesos y es creativo el decorado que la expresa.

Uno no desea que este filme termine, porque se trata de lo mejor que ha habido en el historial de la animación por computadora.

Este es un viaje a lo interior del ser humano logrado con extraordinaria fantasía. Es una película que hay que ver, porque hay que verla.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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