Entretenimiento

Crítica de cine: Drácula, filme sin misterio

Actualizado el 12 de octubre de 2014 a las 12:00 am

A lo romano Filme sin misterio

Entretenimiento

Crítica de cine: Drácula, filme sin misterio

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Cada vez que se habla de Drácula en cine, el eterno vampiro, la crítica evoca siempre a Nosferatu (1922), de F.W. Murnau, primera película importante de terror, versión libérrima de la conocida novela de Bram Stoker.

De ahí en adelante, el personaje ha sido revisitado muchas veces, tantas como él nos visita en pantalla grande. Ahora le toca a la película Drácula: La historia jamás contada (2014), dirigida sin suspicacia por Gary Shore, relato sobre los orígenes de dicho personaje.

Esta película ni siquiera alcanza la categoría del comienzo del filme Drácula (1992), de Francis Ford Coppola. La historia que se nos cuenta es la del valiente Vlad III, príncipe rumano de Valania, quien protege a su reino del poderoso avance de los otomanos.

Llevado por el amor a su pueblo, a su esposa Mirena y a su hijo, cuando Vlad percibe que las fuerzas de su reino son insuficientes, decide transformarse en un “no muerto” vinculado al vampirismo para derrotar a los turcos.

Vaya usted a saber por qué, aquí el director del filme, Gary Shore, utiliza el peor modo del caso: el de las películas de gladiadores y soldados romanos, lo que se llama péplum , y lo mezcla con secuencias de acción. La peor medida, de la que también son cómplices Matt Sazama y Burk Sharpless, guionistas.

Con esa árida frecuencia híbrida, Drácula: La historia jamás contada no es chicha ni limonada. Lo peor es que, entonces, se recurre en exceso a los efectos visuales que son, igualmente, excesivos y poco creíbles: solo contribuyen a romper la lógica del relato y la película pierde su estructura narrativa.

En esta película se nota que hay holgura de medios técnicos, pero no de talento, por lo que deviene filme convencional.

Todo es esquemático y artificial: la propia aventura, lo romántico, lo sanguinolento y hasta el posible terror de algunas partes de la historia.

Esta película, hoy, ni siquiera tiene la osadía temática de, por ejemplo, los aportes del realizador Terence Fisher, allá por 1960, con su brillante e indispensable código sobre la tradición del personaje Drácula.

En Drácula: La historia jamás contada hay secuencias en las cuales, se quiera o no, pesa la influencia de las actuales películas con superhéroes.

PUBLICIDAD

Como tal, se presenta al príncipe Vlad, antes y después de convertirse en vampiro. Más parece una película de la escudería Marvel.

Lo más reprochable de esta cinta es la manera cómo desfigura a Drácula, personaje que el crítico, estudioso y realizador Ado Kyrou llamó “la más terrible pesadilla del cine”. Así es, fuera de la banda sonora, no hay nada que acuda como salvamento de la película.

Las actuaciones son de una frigidez latosa, como si la terrible y seductora historia del príncipe no hubiese mordido en nada a los histriones, culpa también de la poca o nula hondura psicológica de la trama.

Drácula: La historia jamás contada es filme sin alma, sin pasión, sin ardor, sin colmillo, sin tensión romántica, sin la fantasía del terror, o sea, sin misterio (elemento clave). Por lo tanto, es película sin nuestra recomendación.

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

Crítica de cine: Drácula, filme sin misterio

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

Ver comentarios
Regresar a la nota