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Crítica de cine: Buscando a Hagen

Actualizado el 28 de julio de 2015 a las 12:00 am

Los perros arman su revolución: no quieren ser parte de los oprimidos

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Crítica de cine: Buscando a Hagen

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He aquí un filme tenso como gruñido canino en alguna hora de la madrugada. Se trata de la película húngara Buscando a Hagen (2014), dirigida con eficacia por Kornél Mundruczó, realizador que nos resulta desconocido, pese a que suma en su lista seis filmes con este.

Esta película nos llega gracias al Festival de Cine Europeo que transcurre en el Magaly. Aunque la ubicamos como drama, su historia asume distintos tratamientos a lo largo de su proyección, como si fuese no solo un mosaico de situaciones, sino también un arduo repertorio de conceptos.

Buscando a Hagen abre con un formidable plano general, donde la belleza histórica de Budapest, capital húngara, se ahoga en su propia desolación. Con expresividad y logro estético, planos como este habrá más a lo largo del filme: la fotografía de Marcell Rév es uno de sus méritos.

Dentro de esa soledad cargada de silencios, aparece una niña en bicicleta, como si fuese a ninguna parte. La música se oye como eco extraño de la aridez geográfica. Es música incidental o mimética: comenta con su propio suspenso lo que, poco a poco, se arma en la pantalla. La música es de Asher Goldschmidt y es otro acierto del filme.

El plano general cede a primeros planos y alterna con ellos: la niña, la bicicleta, el rostro de la niña, los pedales de la bicicleta, vuelta a la ciudad vacía, excepto por una manada de perros que aparece de pronto y traza su ruta de manera violenta.

Ese comienzo es el fundamento de lo que veremos a lo largo de casi dos horas. Es una entrada magnífica en términos plásticos y propositiva: lo que sigue será dramáticamente más fuerte para una película capaz de funcionar como metáfora cruel de la vida, que la vida suele ser cruel. Metáfora, parábola, fábula o alegoría.

Lo cierto es que la trama desarrolla una historia compleja entre esa niña y el perro que guía a la manada sedienta de venganza, que ladra y mata. El argumento genera distintas observaciones: cada quien puede extraer la moraleja que mejor le convenga o le haya sido más fácil deducir.

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En un momento, el relato se bifurca en subtramas antagónicas, donde los opuestos se suman y dan la lógica del relato. Es lo que llaman la unión de los contrarios y es la dialéctica de esta película.

Los perros buscan venganza por el maltrato sufrido: es una revolución de oprimidos.

Ante ella, los humanos responden con más crueldad, menos la niña, víctima ella de su entorno familiar.

Para visualizar el conflicto, la película utiliza el drama, el suspenso, el terror, la acción y el melodrama. A veces se dispersa o tiene tiempos muertos en lo narrativo y se aleja de su centro temático, pero se recupera bien y cierra con categoría.

Las actuaciones tan buenas le dan sólido sustento o cuerpo al relato y a su dinamismo: el lenguaje del cine crea una atmósfera colérica de la que no podemos huir, lo dramático le gana al artificio y cuestiona la malsana costumbre de la discriminación por cualquier concepto.

Buscando a Hagen es filme que debe ser buscado por quien ame el sétimo arte y por quien admire los finales poéticos. Esta vez, con la ayuda de la música del gran Franz Liszt se nos recuerda algo importante: todo lo que es terrible necesita de nuestro amor.

Película: Buscando a Hagen

Título original: Feher isten

Hungría, 2014

Género: Drama

Dirección: Kornél Mundruczó

Elenco: Zsófia Psotta, Sándor Zsótér

Duración: 119 minutos

Cines: Magaly

Actividad: Festival de Cine Europeo

Calificación: **** (cuatro estrellas de cinco posibles)

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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