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Película en la Sala Garbo

Crítica de cine: Adèle y su amor

Actualizado el 10 de junio de 2014 a las 12:00 am

Filme visceral El drama es lírico

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Crítica de cine: Adèle y su amor

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He aquí cine elegante que, desde la dureza del drama, puede extraer lirismo para impactarnos –secuencia a secuencia– con su historia. Se trata del esperado estreno del filme La vida de Adèle (2013), dirigida por el franco-tunecino Abdellatif Kechiche (nacido en 1960).

Multipremiada, dicha cinta ha generado bastante controversia por sus bien logradas escenas de sexo lésbico, que, aunque filmadas con genitales falsos, han sido capaces de “molestar” a personas conservadoras, cuando lo cierto es que están ahí para acentuar emociones que el filme estila a cada rato.

Lo cierto es que Abdellatif Kechiche exprime todos los momentos de la trama y alarga las más distintas secuencias, si no todas, a favor de la prolijidad emocional y de la caracterización de personajes (muy bien diseñados), para que el filme sea uno con el espectador.

Drama y arte.  Con premios de todo tipo, llega al país el filme   La vida de Adèle , cine controversial que la crítica aplaude como expresión del sétimo arte.  CORTESÍA DE SALA GARBO
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Drama y arte. Con premios de todo tipo, llega al país el filme La vida de Adèle , cine controversial que la crítica aplaude como expresión del sétimo arte. CORTESÍA DE SALA GARBO

La vida de Adèle es adaptación libre de la novela gráfica titulada El azul es un color cálido , de Julie Maroh. La película narra la historia de Adèle, quien, en su primera experiencia amorosa con un joven compañero de estudios, siente que su sexualidad la confunde.

Cuando Adèle conoce luego a Emma, joven lesbiana con su pelo azul, se siente atraída por ella de manera inevitable. Esto le produce no solo su propio despertar hacia una nueva razón del amor, sino también la lleva a sufrir el rechazo social codificado desde la homofobia o, al menos, desde la incomprensión.

La película muestra cómo las contradicciones del amor de pareja, de lo erótico y de la convivencia no son exclusivas de la heterosexualidad. Adèle y Emma también son víctimas de ellas mismas y una de la otra. Es el meollo del drama.

El filme corre sin concesiones subjetivas ni debilidades. La historia nos engancha hasta muy adentro de nuestra sensibilidad: va a paso lento, podríamos decir que con mirada detectivesca, es cierto, mientras ausculta en los pliegues o entresijos de los dilemas humanos.

¡Qué enorme perspicacia y hasta devoción se le siente a esta película! Su extendido metraje se nos hace corto ante el drama que se anuncia y luego se retrata con talento, con fibra llena de humanismo.

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Adèle crece con sus sentimientos, sufre desde ellos, se encuentra a sí misma desde el amor y también desde su soledad interior. La película no solo lo muestra; sobre todo, lo vive con riqueza expresiva y conceptual.

En lo formal, se trata de un filme muy cuidado plano a plano, secuencia a secuencia, de exquisitez plástica y con espléndida dirección actoral, donde la joven actriz Adèle Exarchopoulos (como Adèle) está por encima de lo posible imaginado, con el gran contrapunto de Léa Seydoux (como Emma).

Con diálogos inteligentes y viscerales, el resto de la banda sonora más parece llenarse de silencios: la música incidental se expresa más al final; antes, solo hay música real (la que escuchan por igual los personajes).

Estamos, pues, ante una película esplendorosa, dramática y poética como relato de amor, con secuencias de sexo lésbico sin doblez alguna ni disimulos, como expresión liberadora de la pasión humana.

Con La vida de Adèle , lo cotidiano tiene alguna razón de ser y así se muestra: sin premuras. Es película de enorme calidad artística. No dejen de verla. Solo está en la Sala Garbo.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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