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Crítica de cine: La habitación

Actualizado el 08 de febrero de 2016 a las 12:01 am

Ver la luz desde la oscuridad deviene en recordar lo oscuro desde la luz

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Crítica de cine: La habitación

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Es posible que los más roqueros estén asombrados de la vuelta de hoja que ha dado el director irlandés Lenny Abrahamson (nacido en Dublín), realizador de la película Frank (2014), y quien ahora nos ofrece La habitación (2015).

Esta segunda película, con un argumento lacerante, es filme cuya fuerza reside en la estructura lógica de su relato (dentro de su propio universo), relato que pasa por lo específico de su tema: denotada naturaleza angustiante que se apodera del espectador y, si se quiere, lo oprime con sus emociones.

En un cuartucho. Brie Larson y Jacob Tremblay se lucen en tremenda película de amor materno y encierros. ROMALY PARA LN
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En un cuartucho. Brie Larson y Jacob Tremblay se lucen en tremenda película de amor materno y encierros. ROMALY PARA LN

La trama se basa en novela escrita por Emma Donoghue, quien llevó a la literatura la historia de Elisabeth Fritzl, mujer austríaca encerrada en un sótano por su propio padre durante 24 años. Elisabeth tuvo hijos durante el encierro. La escritora es, además, la guionista del filme.

La autora del libro no quiso concentrarse tan solo en los horrores cometidos por un psicópata. Según lo confesó, ella lo hizo en una pregunta: ¿qué representa ser madre mientras se está secuestrada en una habitación? Esta pregunta es la que también viene a darle sentido a la película de Lenny Abrahamson.

Antes de seguir, tengamos claro que la literatura comporta una gramática y el cine otra. Así que no debemos caer en comparaciones. Las leyes de relación entre el cine y la literatura solo tienen en común la enorme libertad con que cada artista (autor) puede articular el material que la realidad le ofrece.

Desde ahí, La habitación , como película, logra ser sumamente intensa en gran parte de su metraje, con las relaciones tan contradictorias de una madre y un hijo encerrados ambos en un cobertizo, como fiera prisión (no en vano, ella le cuenta al hijo la historia del conde de Montecristo).

Entonces, en medio de su intensidad, se va descubriendo una hermosa y esperanzadora historia de amor materno-filial.

Así, los personajes están perfectamente diseñados y los histriones Brie Larson (como la madre) y Jacob Tremblay (como Jack, el hijo de cinco años) están excelentes (notable dirección actoral, no hay duda).

Lo mejor es que los conceptos que brotan de la película se articulan muy bien con el proceso narrativo. En aquel encierro, con su sabia composición visual como suma de todos los detalles que enfoca, La habitación comienza a ser estudio claustrofóbico sobre la libertad (la luz desde la oscuridad).

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La cámara es manejada con estilo admirable y, con ella más los personajes, se logra aguda etología (estudio de la conducta humana). Luego se viene un sabio manejo de la elipsis (mostrar amplio tiempo con menos imágenes o ninguna) y el filme pasa a ser cuidadoso estudio de las secuelas humanas (la oscuridad desde la luz).

Las relaciones de causa y efecto están muy bien planteadas y de manera unitaria por el filme, que algunos dividen en dos segmentos, como dos actos. Error. Hacer eso es no descubrir la unidad dramática y férrea de la trama (relación dialéctica). Es filme que, por nuestra parte, recomendamos a ojos cerrados o abiertos, como gusten.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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