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Crítica de Cine: Gravedad, el arte de Alfonso Cuarón

Actualizado el 21 de octubre de 2013 a las 12:00 am

El arte de Cuarón Utilidad real del 3D

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Crítica de Cine: Gravedad, el arte de Alfonso Cuarón

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Por sus películas lo conoceréis. En algún momento, un buen director puede fallar con una película, pero es casi imposible que un mal director haga un buen filme.

Alfonso Cuarón es un buen director: basta con que ustedes se tomen un ratito para revisar la filmografía de este importante realizador mexicano.

De nuevo, Cuarón lo confirma con su más reciente trabajo titulado Gravedad (2013), que podría llegar a convertirse en cine de culto dentro de la ciencia-ficción.

Estamos ante una película de tan alta calidad visual que llega a comportarse, sin duda, como drama armonioso por su brillantez estética. La película Gravedad pareciera que hubiese sido filmada con cámaras sobre zapatillas de satén, las de ballet.

El movimiento tiene sentido musical en esta película, aún en sus diferentes secuencias de choque, que las hay.

El trabajo de dirección escénica es del todo meticuloso, llevado con gran cuidado y con criterio lírico-épico, para adentrarnos en la vastedad ilimitada del espacio: ese que la película ofrece con arte coherente en sí mismo. En tanto, corre un relato si se quiere mínimo.

Cuando se dice “relato mínimo” es por la poca cantidad de sucesos y no se refiere a la calidad emocional de ellos, porque Gravedad se hacer sentir con y desde las emociones de sus personajes y no solo con el derroche de tecnología que le es evidente o con el número de acontecimientos.

Equipo de lujo. Con tono poético, la trama muestra un excepcional universo de dos seres humanos enfrentados a la grandeza del Universo (con mayúscula). Su historia es la de una pareja (ella y él) que lucha por sobrevivir y volver a la Tierra, esto luego de que un accidente en su nave los deja flotando en el espacio.

Cuando, como espectadores, nos involucramos con tales personajes, la hondura espacial se nos convierte en hábitat: tropo narrativo de la pantalla a la butaca que se logra con la extraordinaria fotografía de Emmanuel Lubezki, la buena actuación de Sandra Bullock y el carisma de George Clooney.

No son solo las buenas actuaciones y la inolvidable fotografía al servicio del arte de Alfonso Cuarón, también debemos mencionar el gran trabajo de montaje, obsequioso al ofrecer inquietantes plano-secuencias, y el afinado arte con la edición de sonido. Hay más y es importante: Gravedad enseña que la tercera dimensión es válida si se maneja con criterio retórico.

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En esta película, el 3D es parte cardinal del relato y útil para resaltar el concepto de soledad de seres humanos al límite de lo desconocido. El 3D aquí no es para encarecer el tiquete –aunque esto suceda en boleterías–; no, se trata de un significante narrativo.

Aquí, el contexto es parte del texto. Hay que insistir en que esta cinta debe verse en 3D. Para filmes como este es que nació la tecnología tridimensional.

Es definitivo: todo lo visual de Gravedad está en absoluta coincidencia con las cualidades narrativas del filme y con los distintos estados emotivos que saltan desde la pantalla. La pantalla es expresión gráfica de lo que aún está por ser conocido en el espacio.

Como decía alguien: no se sabe con certeza si la humanidad habitará en otros sitios del espacio algún día; pero sí puede disfrutar de excelentes películas como esta que ahora recomendamos.

Gravedad es cine hecho con sensible inteligencia y con sensibilidad inteligente, valga el juego de palabras.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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