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Crítica de cine: Cantinflas

Actualizado el 29 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

“Cuánto inflas” En la cantina inflas

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Crítica de cine: Cantinflas

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La señora María de la Soledad Reyes Guízar tuvo la notable suma de catorce hijos de su matrimonio con el cartero Pedro Moreno Esquivel, pero solo ocho le sobrevivieron al parto. Uno de ellos, el sexto, llamado Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, nació en el barrio mexicano de Santa María la Ribera.

Mario Moreno no nació en cuna de oro ni en lecho de flores (para retomar la expresión del último emperador azteca: Cuauhtémoc): Moreno pasó por los más duros y distintos oficios; así, hasta llegar a ser comediante de carpas.

Comienza la jerga.  La película   Cantinflas   muestra bien los comienzos del notable y querido actor cómico en las carpas populares de entretenimiento.  Videomark
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Comienza la jerga. La película Cantinflas muestra bien los comienzos del notable y querido actor cómico en las carpas populares de entretenimiento. Videomark

¿Por qué Cantinflas? En uno de sus actos, alguien, molesto porque no le entendía su jerga, le gritó: “cuánto inflas” y “en la cantina inflas”, según lo señala el escritor Carlos Monsiváis, estudioso de dos figuras de la tradición popular mexicana: El Santo y Cantinflas.

Esa expresión tiene o tuvo su equivalente en Costa Rica: “¡vaya a ver quién lo infla!”, así que puede sernos más comprensible.

Precisamente, esta tesis de Monsiváis se muestra en la película que ahora llega al país, con el sucinto título de Cantinflas (2014), dirigida con eficacia por Sebastián del Amo.

El filme tiene buen comienzo con el manejo de la elipsis narrativa, esto es, con la supresión de imágenes para dar los momentos cardinales de la vida del joven Mario Moreno, cuando aún no era Cantinflas ni había ideado su lenguaje cantinflesco, para hacer del “enredo” una manera directa de decir las cosas.

Luego de ese buen principio, el problema de la película es exactamente lo contrario: quiere abarcar mucho de la vida de Cantinflas y, al hacerlo, aprieta poco en lo más importante.

Por ejemplo: el filme se distrae bastante con la vida amorosa de este actor cómico (admirado por Charles Chaplin) y destaca menos el importante papel de Cantinflas por limpiar la corrupción del gremio artístico, junto con el gran Jorge Negrete y la diva María Félix, entre otros.

Cantinflas , la película, prefiere derivar hacia la importancia de la cinta La vuelta al mundo en 80 días (1956) en la vida del actor. Opción interesante y válida, pero que no logra “meterse” limpiamente dentro del eje narrativo del filme.

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El resto de películas del personaje pasa como agua por un canasto, pero ¿cómo hacerlo con una filmografía tan amplia?

Eso sí, se marca bien la importancia del filme Ahí está el detalle (1940) y la llegada de Miguel M. Delgado al cine de Cantinflas, con quien fue del todo complaciente y mal director.

La ambientación de época es notable; con ello, los pases de tanta gente importante del cine para ubicar mejor el contexto como parte del texto. Sucede lo mismo con la música utilizada.

Lo mejor diseñado es el propio personaje principal. Esto le permite al actor español Óscar Jaenada destacarse por su buena actuación. Se le nota al filme su simpatía por Cantinflas, bien merecido por un hombre que siempre tuvo cariño por la gente más humilde.

Igual se siente alguna nostalgia por un México que ya no existe y por un cine mexicano del que –se dice– tuvo, entonces, su época de oro.

Reciba la recomendación del caso: tiene logros para esto.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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