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La mítica fuente ‘Cupido y el cisne’ vuelve a dar luz a la UCR

Actualizado el 06 de abril de 2014 a las 12:00 am

Cupido y el cisne. En el siglo XIX, una fragata inglesa trajo a Costa Rica una réplica de la celebrada fuente

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La mítica fuente ‘Cupido y el cisne’ vuelve a dar luz a la UCR

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Litografía de la fragata William Le Lacheur elaborada por el inglés William Foster en 1865. Fotografía: Sergio Orozco Abarca para LN.

El capitán Le Vesconte, al mando de la fragata inglesa William Le Lacheur, con veinte tripulantes a bordo, divisó el modesto faro de madera de Puntarenas, rodeado de casitas con techos de teja y chozas cubiertas con hojas de plátano. Era la tarde del 26 de diciembre de 1867, y habían transcurrido 103 días de navegación desde el puerto de Londres. Una vez que el buque, con 573 toneladas de peso, alcanzó la riada (aún no se construía allí un muelle), varios lanchones llegaron hasta aquel para iniciar la descarga. En la playa, una grúa de vapor y varias carretas servirían para extraer, de los barquitos, toneladas de tubos de hierro, pernos, acoples, etcétera.

Todo este material lo había comprado en Inglaterra el ingeniero Ángel Miguel Velázquez, encargado de la obra de la cañería de San José, iniciada en 1865. Junto con aquellos utensilios venían unas piezas embaladas cuidadosamente en cajas de madera con relleno de paja. La advertencia a los operarios fue clara: este material debía tratarse con más delicadeza que la tubería.

Tres lustros antes del arribo de la fragata, en Londres se realizó la Gran Exposición de los Trabajos de la Industria de Todas las Naciones (1851), que vino a ser el pináculo propagandístico de la era victoriana y del siglo imperial británico.

La exposición se realizó en un colosal edificio de hierro y vidrio llamado el Palacio de Cristal, y a él fueron seis millones de personas en un período de cinco meses.

El origen. En medio de aquel dispendio de instrumentos, muebles y obras de arte nunca vistos, una pieza relativamente pequeña, entre la avenida central oeste y la nave norte del palacio, se adueñaba de las miradas de los visitantes, incluidos personajes afamados, como Charles Darwin, Lewis Carroll, Charlote Brontë, Charles Dickens, y por supuesto Victoria, soberana del Reino Unido.

La compañía Coalbrookdale (fundada en Shropshire en el siglo XVIII) había elaborado dicha pieza, una pequeña fuente ornamental de hierro, obra del escultor John Bell. La escultura central consistía en un grupo formado por un alegre y robusto niño abrazado al cuello de un cisne con sus alas abiertas. Este grupo se asentaba sobre una original taza, con su cara externa decorada con hojas de nenúfares.

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La fuente, denominada Cupido y el cisne, se exhibió luego en el mercado de Wolverhampton hasta el año 1880, cuando fue trasladada a West Park. En el año 1959 es adquirida por el Ironbridge Gorge Museum Trust de Coalbrookdale. Se restauró por primera vez, y se colocó en el patio central de ese museo, donde permanece en inmejorables condiciones.

Ocho meses antes del arribo del Le Lacheur a Puntarenas, la Municipalidad de San José había enviado a Europa al ingeniero Velázquez para que adquiriese los materiales faltantes de la cañería y algunas piezas de arte para colocarlas en sitios neurálgicos de la capital. Velázquez adquirió tres valiosas obras de la compañía Coalbrookdale, en alguno de sus almacenes de Londres, Bristol o Liverpool.

Esas obras eran: una maravillosa fuente de pared, que relata un pasaje bíblico del profeta Moisés; una exquisita baranda ornamental de 400 metros de largo; y para rematar, una copia de la célebre fuente Cupido y el cisne, con una espléndida pila de hierro.

Una vez descargadas de la fragata, se llevaron las piezas a la aduana, donde permanecieron hasta que un numeroso grupo de carretas se encargó de ellas. Tapadas con pieles de buey sin curtir, iban las carretas por montañas y abismos, alternando el estrépito de la madera y el hierro con el bullicio de monos y pájaros, en un moroso viaje hacia la capital.

Hasta en el cine. La fuente de Moisés se colocó en la parte externa de los tanques de agua de la cañería, construidos en el barrio Aranjuez, y la baranda se instaló alrededor de la plaza Principal (hoy parque Central).

El destino de la fuente Cupido y el cisne fue el mejor de todos: el centro de la plaza, para que no quedase duda de que aquella fuente representaba la culminación del tendido de cañerías, la obra más importante de la ciudad de San José desde la fundación de la República, y el primer monumento sanitario de Costa Rica. Nuestra capital fue una de las primeras ciudades del continente provistas de cañería subterránea.

Fuente 'Cupido y el Cisne'. La imagen se incluyó en el  catálogo de la compañía Coalbrookdale en 1851. Fotografía: Sergio Orozco Abarca para LN.
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Fuente 'Cupido y el Cisne'. La imagen se incluyó en el catálogo de la compañía Coalbrookdale en 1851. Fotografía: Sergio Orozco Abarca para LN.

Las pruebas se realizaron al mediodía del domingo 25 de octubre de 1867. Acudieron el presidente José María Castro Madriz , que sería despojado violentamente del poder cinco días después; el artífice de la obra, Ángel Miguel Velázquez; los secretarios de Estado, generales del ejército, y el cabildo eclesiástico, encabezado por el obispo Anselmo Llorente, quien bendijo la obra representada en la pila y la fuente.

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Después vendría el alegre sonido de cohetes y de las marchas militares, mientras los vecinos se arremolinaban para recibir la frescura del agua que emanaba, en chorros, del pico del cisne.

Viajeros y testigos dejaron testimonio de ella (H. Polakowsky, 1875; F. Montero Barrantes, 1892; Magón, 1896; Alberto Masferrer, 1897), y advertimos una breve pero feliz aparición de ella en la películaEl retorno (Francis A. Bertoni, 1930).

Francisco María Núñez, en un artículo del Diario de Costa Rica (1944), agrega esta anécdota. Siendo un niño de escuela de apenas 9 años, Ricardo Jiménez Oreamuno, quien vivía con su familia en San José, se acercó al centro de la plaza cuando estaban construyendo la pila para la fuente. Un compañero de don Ricardo se empeñaba en fastidiar a uno de los peones de la obra lanzándole basuras, hasta que este, enfurecido, arrojó una piedra que fue a impactar debajo del ojo izquierdo del niño Ricardo, quien estuvo en un tris de quedar tuerto. La cicatriz, una suerte de rúbrica de la fuente, quedó grabada en la piel de don Ricardo hasta el último de sus días.

Esta fuente adornó el centro de la plaza durante 75 años. En noviembre de 1943 se tomó la determinación de construir en su sitio un nuevo quiosco para la Banda Militar (donado por Anastasio Somoza García); entonces, la Municipalidad acordó trasladar la fuente a la plazuela del aeropuerto, en la Sabana. Sin embargo, el destino real fue la plaza de la nueva Universidad de Costa Rica, en el barrio González Lahmann, en 1944.

En el año 1973 fue restaurada y luego ubicada en un patio interno de la Facultad de Agronomía, en San Pedro de Montes de Oca, gracias a la oportuna gestión del ingeniero Jorge Mario Delgado M. Finalmente se reubicó en una pequeña plaza frente a la Biblioteca Carlos Monge Alfaro, a la entrada de la Universidad de Costa Rica, donde se encuentra actualmente.

Presente y futuro. En el año 1987, la fuente fue declarada patrimonio histórico y artístico, y en 1991 recibió una segunda restauración, esta vez a cargo del escultor Max Ulloa.

Durante años, las autoridades del Ironbridge Gorge Museum Trust creyeron que la fuente en su poder era única; sin embargo, después del año 2000, se conoció la existencia de cinco piezas sobrevivientes, incluida una en los Estados Unidos, una en Sri Lanka y otra en Australia. Finalmente, en el año 2013, las autoridades del museo incluyeron, en su lista, la fuente Cupido y el cisne de Costa Rica.

 En el año 2012, la fuente se encontraba en franco deterioro. Fue así como la Oficina de Servicios Generales de la UCR, con el apoyo de la Vicerrectoría de Acción Social, dispuso someterla a una nueva restauración. El proyecto, coordinado por el arquitecto Javier Campos y ejecutado por Ana María Moraleda, ha puesto en valor esta obra. Uno de los monumentos esenciales de nuestra historia ha vuelto así a transmitir el gozo y la importancia del agua, tal como lo ha hecho ya por casi 150 años.

El autor es filólogo y estudioso de temas históricos. La investigación sobre las fuentes victorianas en Costa Rica aparece en la página de Internet fuentedelosdelfines.blogspot.com

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