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La infinita irreverencia de Mafalda llega a los 50 años

Actualizado el 25 de marzo de 2014 a las 12:00 am

Hace medio siglo nació una niña que aún rehúsa conformarse con el orden establecido, el mundo de los adultos y todo lo que considera injusto

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Joaquín Salvador Lavado (“Quino”) creó la tira cómica Mafalda en 1964. La historieta se publicó por primera vez en la revista semanal Primera Plana , de la Argentina.

Cada vez que Mafalda abría la boca, hablaba del presente, pero también del futuro. La niña más irreverente de Latinoamérica cumple 50 años en el 2014, y su legado sigue resonando con la misma ácida y tierna voz de los años 60.

El 29 de setiembre de 1964 se publicó, por primera vez, una viñeta con la simpática figura de una niña inconforme, que se resistía a ser adulta y a entender el mundo según las explicaciones que se daban por sentado.

Seis años de edad y muchas preguntas; nueve años de publicación y 1.918 tiras. Si Mafalda sigue conquistando lectores es, simplemente, porque las preguntas que se hacía nunca quedaron resueltas.

Joaquín Salvador Lavado, Quino, es su padre. El dibujante, nacido en 1932, la creó 1962 para un anuncio de electrodomésticos que nunca se publicó. Pronto, Mafalda se convertiría en la figura ineludible del cómic latinoamericano con su ácida y siempre graciosa mirada de la realidad.

Referente. Mafalda es una chica sencilla, de clase media. Su papá vende seguros y su mamá dejó de estudiar para casarse y tener hijos. Son la familia modelo: lo normal, común y corriente. Esa es la marca de Quino: hablar de lo que podemos ver todos los días.

“Quino es el maestro de maestros en América Latina”, considera el caricaturista Demetrio Calvo (Mecho). “Quino es un cronista de la vida, del ser humano, de la naturaleza de la sociedad”, agrega. “Siempre habla del hombrecito, del insignificante; para mí, esa es la genialidad que juega en su obra”, coincide Allan Núñez (Nano).

A la familia tradicional se sumaron personajes queridos: el tímido y distraído Felipe; Manolito, nacido para capitalista; Susanita, futura esposa y madre; el imaginativo Miguelito, y la más abstracta e insatisfecha, Libertad.

Estos personajes envejecieron un par de años durante el desarrollo de las tiras cómicas, y sufrieron algunos cambios en virtud de la evolución en el estilo de dibujo de Quino.

“Mafalda representa un paradigma que se contrapone a un mundo al cual los adultos han maltratado”. Armando Rodríguez Ballesteros.

A todos ellos les da forma su época, pero son conflictos universales: la inutilidad de las instituciones, los engaños de la política y el funcionamiento del mundo. A Quino lo dejaba insatisfecho Mafalda , como declaró en La Opinión Cultural (1972): “ Mafalda me frustró como dibujante. Sin embargo, a veces le tengo cariño, otras veces le tengo rabia”.

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Lo que sí le causó fue incontables dolores de cabeza por tendencias políticas que querían apropiarse de la figura respondona de la niña. Él nunca lo permitió. “Mi drama es que yo no tengo ideas políticas. Me sentiría muy feliz de poder creer en algo”, aseguró en La Opinión Cultural en 1972.

Poco a poco, sin embargo, ese amor sincero que Mafalda sentía por lo humano, por la justicia y por el mundo conquistó a lectores de todo tipo. “No todo el mundo entiende a Quino”, sugiere Nano.

Quino decidió concluir con el personaje de Mafalda en 1973, y se propuso nunca resucitarlo, pero lo hizo 1976, para apoyar la difusión de la Convención de Derechos de los Niños de la Unicef ( Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia).

Visión crítica. La voz de Mafalda puede incomodar todavía porque los asuntos de los que hablaba no se han resuelto. A la niña precoz le dolía el mundo – ese planeta confundido de mediados de los años 60, entre Guerra Fría, Mayo del 68 y la sombra de las dictaduras militares, entre otras transformaciones sociales y políticas –.

“Mafalda representa un paradigma que se contrapone a un mundo al cual los adultos han maltratado”, considera el escritor Armando Rodríguez Ballesteros. “No solamente critica al mundo de los adultos sino a una realidad social, política, económica: el orden establecido del mundo”, asegura.

Esa fue la sorpresa en su época: era muy graciosa, pero no por ello menos seria. “Mafalda es un héroe de nuestro tiempo... Y como nuestros hijos están a punto de convertirse, por elección nuestra, en muchas Mafaldas, no es imprudente tratar a ésta con el respeto que merece un personaje real”, escribió en 1969 el pensador Umberto Eco.

“(En Mafalda ), los adultos tienen dos connotaciones: no son solamente sus padres, sino que son un símbolo y una proyección de los que rigen el orden mundial. Ella no es muy optimista con relación a que el mundo esté decidido a mejorar”, opina Rodríguez.

Legado. Solo en esa época efervescente de mediados del siglo XX podía nacer Mafalda . “Ahora no tengo la menor idea de lo que piensa un niño ni de nada. Entonces, ¿cómo resucito a Mafalda? No sé cómo hacerlo”, declaró Quino a El Universal en el 2012 .

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No hace falta, pues la voz de la chica sigue incomodando. “A veces me sorprende cómo algunas de esas tiras dibujadas hace más de 40 años todavía pueden aplicarse a cuestiones de hoy”, declaró en enero el dibujante.

Ese mes, se celebró Festival internacional del Cómic de Angouleme en el sur de Francia, una muestra del reconocimiento internacional del cómic. Las tiras han sido traducidas a 26 idiomas, y solo en Argentina, sus libros han vendido 20 millones de copias.

“Representa a toda la sociedad hispanohablante. No hay fronteras: trasciende más allá del idioma y está siempre vigente”, dice Mecho. Este 25 de marzo, llegará a Costa Rica con El mundo según Mafalda, en la Antigua Aduana.

Con Mafalda uno se ríe mucho, pero queda con un malestar en el corazón. Esa es la marca del gran humor.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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