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La homosexualidad no es enfermedad ni perversión

Actualizado el 02 de marzo de 2014 a las 12:00 am

Condición innata. La homo-sexualidad tiene causas biológicas, según diversos estudios científicos

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En la serie de televisión Queer as Folk (versión canadiense, 1.ª temporada, cap. 14), el personaje Emmett decide dejar de ser homosexual; para ello recurre a un movimiento religioso posgái: la Iglesia de la Luz. La terapia se inicia con una declaración que consiste en revelar públicamente que se es homosexual, como si esta condición fuese una enfermedad. Tras varios intentos con su amiga Heather para tener relaciones sexuales, el cambio no se logra. Esta ficción tiene mucho que ver con la realidad.

El bioquímico Pere Estupinyà (p. 324) establece una diferencia entre orientación y comportamiento sexuales. Para él, es posible cambiar el comportamiento pues muchas víctimas sienten que es mejor adecuarse al sistema sexo/género dominante, por el estigma que padecen. No obstante, para Estupinyà, no es posible cambiar la orientación sexual.

Imagen publicitaria de la serie de televisión 'Queer as Folk' (2000-2005) que sigue la vida cotidiana de cinco hombres homosexuales en  Pittsburgh, Pennsylvania (Estados Unidos). Fotografía: Wikicommons..
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Imagen publicitaria de la serie de televisión 'Queer as Folk' (2000-2005) que sigue la vida cotidiana de cinco hombres homosexuales en Pittsburgh, Pennsylvania (Estados Unidos). Fotografía: Wikicommons..

Estupinyà anota que hay una fluidez (o un continuo) sexual que permite tener diversidad de experiencias sexuales; por ejemplo, un homosexual podría tener una experiencia heterosexual, o la inversa, pero eso no significa que dichas experiencias los definan como heterosexual u homosexual.

En Emmett y Heather se produjo un cambio en el comportamiento: la forma de vestir, el rechazo de su mundo anterior, etcétera; pero, en el fondo, nunca dejaron de ser gai y lesbiana. ¿Por qué no es fácil cambiar la orientación sexual?

En Áncora (28/7/13), el microbiólogo Edgardo Moreno indicó que la respuesta a aquella pregunta está en la biología. El aspecto biológico no es exclusivo para definir la homosexualidad, pero sí es un componente indispensable. Su relevancia reside en que proporciona una explicación de por qué podemos hablar de orientación o condición homosexual, y no simplemente de un asunto de gusto o de decisión, y mucho menos de una “perversión”.

En el proceso evolutivo, los organismos están en interacción con el ambiente. Los seres humanos somos gregarios; por tanto, vivimos sujetos a las acciones que se dan entre los sujetos (intersubjetivas).

La biología está en interacción con lo cultural y lo social. Según Mark Henderson, la naturaleza actúa por medio de la cultura, y esta por medio de la naturaleza. Ambas moldean las personalidades, las actitudes y la salud (p. 76).

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De esa manera, la influencia de la biología puede observarse en tres niveles: el genético, el hormonal y el neuronal. A veces, estos factores se interrelacionan; a la vez, cada uno sigue su propia trayectoria. Se trata de una complejidad de la conformación de la sexualidad humana.

Cromosomas. Veamos el nivel genético. La pregunta básica consiste en saber si la homosexualidad es hereditaria. La evidencia del legado genético se basa en investigaciones de gemelos monocigóticos (que tienen el mismo material genético). Los primeros estudios mostraron una tasa de coincidencia alta: si un gemelo era gai, el otro lo era. Esto llevó a Dean Hamer a concebir la idea de un gen en el cromosoma X que predisponía a la homosexualidad y lo llamó “gen gai”.

Posteriormente, la idea del gen gai se descartó pues otras investigaciones revelan que el nivel de concordancia en gemelos idénticos es del 57% de los casos.

Según Mariana Castañeda, esto significa que solo la mitad de los casos de la misma dotación genética expresan igual condición sexual (p. 51). Así, la heredabilidad homosexual es proporcional, lo que admite cierto grado de influencia genética (Bryan Sykes, p. 261).

¿De dónde proviene esta herencia proporcional? Para Juan Ramón Lacadena, las altas tasas de homosexualidad se encuentran en la línea materna, lo que sugiere que puede ser una herencia genética ligada al cromosoma X.

De la misma forma, los estudios de Hamer testifican que existe una región en el cromosoma X (denominada “Xq28”) que influye en la determinación de la homosexualidad masculina (p. 126).

Por otro lado, Sykes propone que no es el cromosoma X el que transmite la homosexualidad, sino las mitocondrias (p. 267). Para Sykes, las mitocondrias (son solo femeninas) transmiten el ADN, pero “no quieren” a los fetos machos y tienden a su eliminación, de forma tal que rechazan al cromosoma Y (propio de los hombres).

Según Sykes, esa hipótesis resuelve la paradoja del gen gai pues responde a la pregunta acerca de la ventaja evolutiva de la homosexualidad. Esta debió desaparecer hace mucho tiempo si careciera de una ventaja reproductiva. Sin embargo, añade Sykes, la homosexualidad sobrevive pues los homosexuales no la transmiten, sino las mujeres progenitoras. Así, la herencia es responsable parcialmente del desarrollo de la homosexualidad (J. Mark Mondimore, p. 177).

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Hormonas y neuronas. Veamos el nivel hormonal. En este existen varias teorías, pero todas indican una preponderancia biológica en el origen de la homosexualidad. Algunas teorías son las siguientes.

Según Günter Dorner, en el cerebro hay regiones causantes del comportamiento sexual femenino y del masculino. Las alteraciones en los niveles de las hormonas sexuales se las agencian para producir la tendencia homosexual: por ejemplo, una deficiencia de andrógenos en los hombres o un exceso de estos en las mujeres durante el periodo de la organización sexual del cerebro (Lacadena, p. 113).

Simon Le Vay correlaciona los niveles hormonales prenatales con el desarrollo de la estructura cerebral ya que él nota diferencias de tamaño del hipotálamo entre los hombres homosexuales y los heterosexuales. Este proceso de interacción no tiene efectos en la anatomía corporal, según Le Vay.

Para Mandimore, lo antes expuesto sucede porque el organismo está diseñado para recibir las señales emanadas de las hormonas. Así, las áreas cruciales del cerebro han de estar programadas para responder de manera distinta a dichas hormonas, y esto se debe en parte a la herencia (Mandimore, p. 164). No obstante, el aspecto hormonal no es suficiente porque es indispensable el componente psicológico.

Veamos el nivel neuronal. Con base en los estudios de Le Vay, se han investigado las diferencias de estructura cerebral que ofrecen los homosexuales. Se comparó el tamaño del área 1NAH-3 de los cerebros de hombres homosexuales y de heterosexuales, y se notó que el de los heterosexuales es más grande. El área 1NAH-3 de los homosexuales es igual que el de las mujeres heterosexuales.

Esa tesis sostiene que dichas diferencias de tamaño aparecen antes del nacimiento y contribuyen a establecer la orientación sexual de los hombres.

El estudio de la biología sirve para poner en cuestión las categorías creadas socialmente, las que establecen las normas de cómo deben ser los cuerpos, y las identidades “ideales” de lo femenino y lo masculino.

La predisposición biológica no implica un determinismo pues deben considerarse los procesos psicológicos y de socialización.

El cerebro es flexible, lo que nos permite adaptarnos a las circunstancias; esto ayuda a conformar nuestras experiencias y la personalidad. Por tanto, en parte, se nace homosexual (biología) y en parte se hace homosexual (socialización) ya que tal orientación no es de una simple tendencia aprendida.

De la misma manera, de acuerdo con los datos científicos, la homosexualidad es una variante de la sexualidad, por lo que no se requieren terapias de “curación”. Contrariamente, lo que es perjudicial es la homofobia, que no permite la aceptación y el reconocimiento de dicha orientación sexual.

El autor es director del Programa de Posgrado de Filosofía de la UCR y presidente de la Asociación Centroamericana de Filosofía.

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Referencias

Castañeda, Marina (1999): La experiencia homosexual. Barcelona: Paidós.

Estupinyá, Pere (2013): La ciencia del sexo. Barcelona: Debate.

Hamer, Dean y otros (1993): ‘A linkage between DNA markers on the X chromosome and male sexual orientation’. Science 261 (5119): pp. 321-7. Retrieved 2007-01-18.

Henderson, Mark (2010): 50 cosas que hay que saber sobre genética, Barcelona: Ariel.

Lacadena, Juan Ramón (2004): ‘Biología del comportamiento sexual humano: genética y homosexualidad’, en Gafo, Javier (Ed.): La homosexualidad: un debate abierto. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Le Vay, Simon y Dean Hamer (1994): ‘Bases biológicas de la homosexualidad humana’, en Investigación y Ciencia, 214: 6-12.

Mondimore, F. Mark (1996): Una historia natural de la homosexualidad. Barcelona: Paidós.

Sykes, Bryan (2005): La maldición de Adán. Barcelona: Debate.

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