Entretenimiento

Historia

El héroe José María Cañas también fue navegante

Actualizado el 16 de marzo de 2014 a las 12:00 am

Hombre de mar. Los negocios de cabotaje son una faceta poco conocida de uno de los héroes de 1856

Entretenimiento

El héroe José María Cañas también fue navegante

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

“Cañas esperaba pasajeros de Guatemala y no se movió de Acajutla hasta que llegaron. Ellos iban para Puntarenas: así que nuestro viaje estaba asegurado. Entre los pasajeros se hallaba el licenciado Julián Volio y Llorente, costarricense que había hecho sus estudios en Guatemala, donde se había recibido de abogado y regresaba a Costa Rica”.

Busto de José María Cañas ubicado en el parque de los Bomberos (costado norte de la estacion de trenes al Pacifico, San José). Fotografía: Archivo.
ampliar
Busto de José María Cañas ubicado en el parque de los Bomberos (costado norte de la estacion de trenes al Pacifico, San José). Fotografía: Archivo.

La cita anterior forma parte de la descripción ofrecida por el célebre pensador liberal centroamericano Lorenzo Montúfar en sus Memorias autobiográficas, resultado de su primer viaje efectuado a Costa Rica hacia finales de la década de 1840.

Entonces, a bordo de un barco llamado El Chambón, propiedad del general José María Cañas, Montúfar deseaba trasladarse desde el puerto de La Unión hasta las tierras más meridionales de la antigua Capitanía General de Guatemala.

Lorenzo Montúfar señala que la salida desde la costa guatemalteca resultó toda una odisea porque La Unión carecía de muelle y era preciso atravesar un lodazal en canoas conducidas por mozos metidos en el lodo, y por la ausencia de vientos que movieran la embarcación.

Según el intelectual, El Chambón tenía una cámara con muy poco espacio donde se instalaban cuatro nichos llamados “camarotes”, que utilizaban los pasajeros de la goleta. El relato muestra esa singularidad del marino dedicado al cabotaje regional: transportaba pasajeros, llevaba a cabo encomiendas de gobierno, trasladaba papelería y batallaba contra las condiciones de los muelles y del tiempo con el objetivo de llegar a puertos seguros.

Desde Puntarenas. Recordemos la temprana designación de José María Cañas como cabeza de la Junta Litoral del Sur y de la Administración Marítima del Sur, instancias de gobierno encargadas de la mejora de caminos y la regencia aduanera en Puntarenas en 1845.

Asimismo, Cañas fue designado gobernador, comandante y juez de la comarca porteña a partir de 1852.

Ambas designaciones constituyeron un estímulo para que el general dedicase parte de su vida a la actividad marítima costera por medio de la adquisición y venta de embarcaciones de poco tonelaje, así como a la intermediación de servicios de cabotaje; considerando que para esa época Puntarenas era, por excelencia, el puerto de entrada y salida de mercancías y pasajeros del país.

PUBLICIDAD

En el caso de su barco El Chambón , un documento de 1848 localizado en el Archivo Nacional de Costa Rica registra una compra efectuada por Cañas de 4 cañones y otros implementos de guerra “desembarcados en la goleta Chambón que hacía servicio entre Nicaragua y Costa Rica” (Guerra y Marina, n°. 9966).

Ese documento hace presumir que el militar salvadoreño era hombre de confianza de las autoridades de gobierno para llevar a cabo este tipo de transacciones.

Para esa época aún no se habían instalado compañías de vapores en el istmo; por tanto, los recorridos hechos entre las diferentes naciones fueron muy extenuantes.

Partiendo desde Puntarenas, usualmente se tardaba entre 7 y 9 días para alcanzar los puertos de Realejo (Nicaragua), Acajutla (El Salvador) y Panamá. Obviamente, la duración del recorrido estaba sujeta a las condiciones climáticas existentes.

Los documentos periodísticos de de la época confirman que El Chambón fue el barco en el que José María Cañas –en representación del gobierno de José María Castro Madriz– viajó a El Salvador con los restos mortales del caudillo Francisco Morazán para ser entregados al gobierno de esa nación, dirigida por Doroteo Vasconcelos.

Más tarde, el barco fue manejado por Joaquín, hermano del futuro héroe. Joaquín Cañas desempeñó funciones de capitán al igual que lo hizo José María.

Otras embarcaciones. Antes de que los vapores se convirtieran en los medios de transporte por excelencia, periódicos muestran a Cañas ofreciendo servicios de cabotaje a puertos de la región. En 1854 un anuncio indicaba:

“AVISO MARÍTIMO. Para Panamá, ó cualquiera punto de Centroamérica en el Pacífico, se fleta la goleta granadina Esperanza, del porte de 25 toneladas, capitán Don José Quezada. Para tratar en Puntarenas con Cañas y Hermano” (Boletín Oficial , 9/12/1854).

Un año después, otro inserto en el mismo medio impreso evidenció los vínculos de Cañas en el mundo marítimo:

“El 30 del corriente, sin falta alguna, saldrá de Punta-Arenas la hermosa y velera Barca Peruana Dominga Morales, con destino á la Unión para cuyo punto admite flete y pasajeros, teniendo muy buenas comodidades para estos. Para tratar ocurran a su capitán don Clemente Dacoing en Punta-Arenas en casa de sus consignatarios que suscriben” ( Boletín Oficial , 27/10/1855)

PUBLICIDAD

A inicios de la década de 1850, Cañas obtuvo una patente mercantil para laborar con una goleta llamada Helena , por un período de cuatro años.

Para entonces, el general había sido nombrado comandante de Plaza de San José; se describía como el legítimo dueño de la embarcación y designó como capitán de ella al señor Juan Antoni.

Dos años después, Cañas apareció vendiendo esa goleta por el monto nada despreciable de 2.000 pesos (Protocolos Lara y Chamorro, n°. 808).

Esa transacción comercial resulta significativa por diversas razones. En primera instancia, ratifica que Cañas fue durante, algún tiempo, una figura familiarizada en el negocio del cabotaje.

De igual forma, la venta fortalece una idea bastante generalizada acerca de los importantes intereses comerciales que don José María preservaba en la zona portuaria del pacífico costarricense.

Finalmente, y esto parece ser un asunto muy revelador, la venta de la goleta deja ver que, para entonces, el general salvadoreño era capaz de llevar adelante transacciones comerciales que requerían cierta solvencia monetaria.

Poco después, Cañas se alejó de los negocios marítimos. En esta actitud quizá influyeron la competencia de otras goletas o bergantines y el arribo de los barcos de vapor a la costa pacífica costarricense.

Desde inicios de la década de 1850, esas naves de vapor ya navegaban en el lago de Nicaragua y en el río San Juan.

En el alejamiento de Cañas del negocio marítimo también debió de influir la detonación del conflicto bélico contra los invasores filibusteros, a partir de 1856.

Así pues, las fuentes escritas ya no relacionan a José María Cañas con el mundo del cabotaje, que había constituido una de sus mayores pasiones.

El autor es coordinador del Programa de Estudios Generales de la UNED y profesor asociado de Historia de la Cultura en la Escuela de Estudios Generales de la UCR.

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

El héroe José María Cañas también fue navegante

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota