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Los ‘comics’, historias del dolor y la furia

Actualizado el 05 de enero de 2014 a las 12:00 am

Mundo ilustrado. Varias obras han aludido a conflictos del siglo XX

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Los ‘comics’, historias del dolor y la furia

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“Un mundo hermoso y feliz” pide Alan Moore en el título de la última parte del comicWatchmen (1987), una historia acerca de un grupo de superhéroes incapaces de salvarnos del apocalipsis nuclear porque –como dijo el escritor argentino Rodrigo Fresán– no pueden salvarse ni a sí mismos.

Portada de 'Maus'  (1990), de Art Spiegelman .
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Portada de 'Maus' (1990), de Art Spiegelman .

Los acontecimientos que se narran en Watchmen ocurrieron durante la década de 1980 en un mundo de ficción similar al real: las posibilidades de una guerra nuclear entre el gobierno soviético y el estadounidense eran altas, y el sentimiento de que el final estaba cerca, inevitable.

Una parte de la historia del siglo XX se dibuja en las viñetas de Watchmen . Este es solo un ejemplo de diversos comics que se han alejado de las fantasías heroicas para reflexionar acerca de nuestros pasado, presente y futuro.

Imágenes de guerra. “El siglo XX no puede concebirse disociado de la guerra, siempre presente aun en los momentos en que no se escuchaban los sonidos de las armas y las explosiones de las bombas”, afirmó el historiador inglés Eric Hobsbawn en su libro Historia del siglo XX . Por tanto, era de esperar que los horrores de esta época se trasladaran a los comics.

Berlín , del estadounidense Jason Lutes, nos lleva a la Alemania de 1928, destrozada por la derrota en la Primera Guerra Mundial. Esta serie de 24 comics –hasta el momento se han publicado 18– sigue la vida Marthe Müller, una joven artista recién llegada a la capital, y su relación amorosa con el periodista Kurt Severing. Por otra parte, también se muestra la desintegración de una familia debido a las diferencias ideológicas que hay entre sus miembros.

La obra de Lutes es una amalgama de eventos históricos, debates ideológicos, e historias de sufrimiento y goce humanos. Las viñetas de Berlín son ventanas al día a día de las personas involucradas con el movimiento comunista y con el nazismo.

“Quería humanizar al pueblo alemán. Mi propósito era crear una contraparte a la concepción de que los alemanes son villanos”, dijo Jason Lutes al medio en Internet Comic Book Resources en el 2008.

“Me interesa mucho la República de Weimar como experimento político. Los alemanes mordieron un poco más de lo que podían masticar, pero fue un intento sorprendente de crear una democracia desde las cenizas. Me fascina por qué las cosas ocurrieron de esa manera. Cuando nos hablan de la Segunda Guerra Mundial, solo nos dicen la parte del conflicto armado; sin embargo, las razones que llevaron a eso me parecen más interesantes”, agregó el artista.

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Portada de 'Watchmen' (1987), de Alan Moore
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Portada de 'Watchmen' (1987), de Alan Moore

Berlín es un preludio a la Segunda Guerra Mundial; sin embargo, Maus (1991), del estadounidense Art Spiegelman, nos lleva al centro del conflicto bélico y profundiza en los horrores que sufrió el pueblo judío.

La obra de Spiegelman narra la vida de su padre y su madre, y, a la vez, la suya. El comic se presenta como una serie de entrevistas que el artista le hace a su padre, de origen polaco, donde se comentan sus vivencias de la guerra y se visibilizan los conflictos existentes entre Spiegelman y su progenitor.

Maus también destaca por su presentación visual: los judíos son ratones, y los nazis, gatos. Es una metáfora simple, directa y efectiva.

“Cuando investigué el genocidio nazi, me encontré como un documental antisemita de Alemania llamado Der ewige Jude (El judío eterno, 1940), que presentaba a los judíos en un ghetto deplorable y, luego, como ratas en una alcantarilla con un rótulo en el cual se leía: ‘Los judíos son las ratas o el ganado de la humanidad’. Esto me esclareció que el objetivo de esta matanza era la deshumanización”, explicó Art Spiegelman a la New York Review of Books en el 2011, y añadió:

–Al investigar más, encontré que los judíos eran frecuentemente representados como ratas. En las caricaturas de Fips (nombre artístico de Philippe Rupprecht) publicadas en Der Stümer aparecían imágenes de judíos como creaturas sucias y como roedores. Es increíble el hecho de que muchas imágenes como estas sean recurrentes en las caricaturas antisemitas de países árabes de hoy.

Conflicto en el este. La Segunda Guerra Mundial marcó un antes y un después en el siglo que algunos consideran el más violento de la historia; no obstante, los enfrentamientos armados no se extinguieron.

Uno de los conflictos más sangrientos fue la Guerra de Bosnia, durante la década de 1990, que se plasma en la tinta de The Fixer: A Story from Sarajevo (2003), del periodista y dibujante Joe Sacco.

Portada de 'The Fixer' (2003), de Joe Sacco.
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Portada de 'The Fixer' (2003), de Joe Sacco.

Más que un comic , The Fixer es un reportaje: la serie de ilustraciones narran el viaje que realizó Sacco a Bosnia en el 2001 con el objetivo de encontrar a alguien que quisiera hablar acerca de los horrores que se vivieron durante la guerra. El periodista encontró a un veterano alcohólico llamado Neven, dispuesto a revelar toda la historia si la paga era buena.

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Neven hace una larga revisión del conflicto armado que ahonda en la vida de los brutales líderes guerrilleros y las terribles consecuencias de la discriminación racial. The Fixer se pinta con tonos grises de moralidad y con un rojo que pesa en la memoria de las personas encargadas de reconstruir el país.

“Como dice un personaje en el comic: ‘Él era una torre de información’. Uno de los temas del libro es lo difícil que resulta para un periodista discernir lo que es verdad y lo que no. A veces, las personas tratan de guiar al reportero en una cierta dirección: puede ser que no digan todo lo que saben, ya sea por razones políticas o personales”, explicó Sacco a la BBC en el 2004.

Otro conflicto con orígenes étnicos se comenta en Persepolis (2000), obra de tintes autobiográficos de Marjane Satrapi. El comic ilustra la niñez y la juventud de la autora en Irán durante la revolución islámica de 1979, que terminó con el derrocamiento el gobierno Sah Mohammad Reza Pahlevi y la instauración de la República Islámica que todavía rige en ese país.

Satrapi pinta una historia que comenta la identidad, la vivencia de la religión, la revolución, la violencia y el sufrimiento.

Persepolis mezcla los hechos históricos con los pensamientos y la imaginación de la niña con mente precoz que era Satrapi. Es un relato acerca de la política, la sociedad islámica y, sobretodo, de una mujer.

“Estoy en contra del fundamentalismo. No estoy en contra de ninguna religión, ya sean el Islam, el Judaísmo, el Cristianismo, entre otras. A lo que me opongo es al uso de una ideología para matar a personas. Creo en una sociedad donde, si alguien quiere caminar en la sociedad completamente desnudo, tenga la posibilidad de hacerlo; y, si alguien quiere usar un velo, también pueda tener tal libertad”, afirmó la autora al diario The Guardian en el 2008.

Satrapi transformó sus viñetas en imágenes en movimiento en el 2007, cuando adaptó Persepolis a los 35 milímetros junto al artista francés Vincent Paronnaud. La película ganó el Premio del Jurado en el Festival de Cine de Cannes y fue propuesta a los premios Oscar en la categoría de Mejor Filme Animado.

Durante su niñez, Marjane Satrapi nunca imaginó que se dedicaría a hacer comics. “Me gustaba ver dibujos, pero no crecí con las historietas. Hacer esto no era mi sueño de niñez. Sabía que quería dibujar y escribir: esto era todo; sin embargo, cuando leí Maus me di cuenta de que los comics son solo un medio más para la expresión”, dijo la artista al Washington Post en el 2012.

Los comics son hijos del siglo XX y, como tales, vuelven a ver su padre en búsqueda de actitudes para imitar. Tales imitaciones son dibujos: a veces de lo bueno; otras, de lo malo. En todo caso, son un registro de lo que fuimos y lo que somos.

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