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El arte de la transmedia nos lleva en Caída libre

Actualizado el 03 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Medios integrados Un novedoso proyecto nacional cuenta una historia en texto, sonido y video

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El arte de la transmedia nos lleva en Caída libre

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La sala oscura del cine se ha cambiado por el cuarto silencioso de la medianoche, y el pop pop de las palomitas de máquina se han silenciado por el celular smartphone y los tres pitidos del microondas. ¿Por qué no creamos historias para ese escenario? Algunas personas sí lo están haciendo. Como resultado de la cultura de convergencia, surge el concepto de “transmedia”: la creación de una historia que se fragmenta en varios medios o plataformas (texto, video, sonido...).

Cada una de tales plataformas tiene un sentido propio y complementa la historia general para formar una línea narrativa mayor; para sumergir a las personas de una manera tan atractiva que quieran seguir la historia completa.

Muchas posibilidades. Los experimentos de transmedia de Costa Rica ya se realizan. De hecho, el sábado 23 de febrero se estrenó la última plataforma de Caída libre , un proyecto de transmedia costarricense ya puesto en Internet.

Caída libre se cuenta mediante 16 capítulos cortos escritos, audios con diálogos entablados entre personajes, y un cortometraje de casi 17 minutos hecho para la Web.

La historia general trata sobre un niño de 12 años, Ramón, taciturno y solitario, quien tiene el sueño casi cliché de ser astronauta. Entre la pubertad y los deseos de superación, Ramón queda rezagado emocionalmente de sus pares, y poco a poco comienza a enfrascarse en lo único que le queda: sus sueños.

Cualquier persona puede ver el cortometraje, leer los capítulos o escuchar los audios, y puede experimentar cada plataforma por separado o de forma secuencial.

En fin, las posibilidades se adaptan al espectador como si se tratase de contenido ergonómico más que de un ritual de consumo. Eso sí, la escogencia de cada plataforma no puede ocurrir al azar: la que queda es la que mejor se adapta a lo que se debe contar.

Entonces, la audiencia que está frente a su computadora puede explorar la historia más en detalle. Si lo desea, puede leer los capítulos escritos de “Conteo regresivo” en línea. Cada uno fue hecho para leerse en menos de 5 minutos y cuenta con ilustraciones originales de Alejandro Ramírez, joven artista.

En esa primera etapa, los espectadores se familiarizan con los personajes y sus anhelos de una forma más pausada.

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El corto y el clímax. Después, los espectadores pueden escuchar 5 audios creados especialmente para la historia, a los que hemos llamado “Despegue”. Los audios son pequeños, casi del tamaño de una canción pop (unos 5 minutos), para ajustarse a la forma de consumo de audio típica de hoy.

Cada audio contiene música original del compositor José Acuña, diálogos entre personajes, y efectos de sonido. También se metieron por allí algunas sorpresas, como el sonido original de los trenes urbanos costarricenses, que grabamos en una tarde en San José, y una reinterpretación del capítulo 22 de El principito , de Antoine de Saint-Exupéry, el libro favorito de Ramón, el personaje principal.

Finalmente, tenemos el cortometraje homónimo del proyecto: Caída libre . Esta producción audiovisual cierra la historia, es su clímax. Claramente, el corto representó la más cara de todas las plataformas, y su uso era más que justificado: se necesitaba un medio en el que el silencio y el movimiento contasen más que las palabras.

El cortometraje puede consumirse por sí mismo, pero las personas que han experimentado las plataformas anteriores antes o después de verlo, han expresado una mayor comprensión y un mejor disfrute de la historia en general. En ese sentido, puede decirse que se logró el objetivo del proyecto.

Convergencia. Claro está que este tipo de historias implica riesgo: primeramente, en cuanto a la simple economía pues no es barato ampliar el contenido. No hay forma de negar esto, aunque –según las experiencias de algunas personas– la única herramienta con la que se contaba para expandir la historia sin hacer un largometraje era dividirla en plataformas más “baratas”. El costo total subió, pero este era comparativamente menor que la realización de una película.

En segundo lugar, existe el riesgo de realizar una historia poco accesible para la audiencia. Algunas personas entrarán a través del corto; otras, mediante la plataforma escrita; otras más, llegarán por los audios, y no faltarán quienes seguirán las pistas para trasladarse por las tres. De cualquier modo, un productor de transmedia debe crear un repositorio central para que la audiencia no se pierda.

En fin, la experiencia con la transmedia en el proyecto Caída libre ha sido sumamente positiva, y puede ser una herramienta poderosa para contar historias en ambientes de menores recursos, como el costarricense.

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Si no tenemos una gran industria del cine, ¿para qué obsesionarnos con el asunto? De por sí, en Costa Rica, casi un 30% de los ciudadanos ingresan en Internet mediante el teléfono celular, en comparación con menos de un 10% en el 2011, según estudios como Red506. La brecha digital se cierra.

Hoy, la convergencia se intensifica. Las herramientas son más. Los obstáculos son menos. Aprovechemos este momento. Tomemos la batuta de la transmedia en Latinoamérica.

La autora es productora audiovisual graduada de la Universidad de Costa Rica y estudiante de Mercadeo. Es creativa digital en la agencia de publicidad Jotabequ Grey y Es una de las personas que ha participado del proyecto transmedial ‘Caída libre’ .

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