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Rodolfo Arias Formoso invita a mirarnos en un espejo con su novela ‘Guirnaldas (bajo tierra)’

Actualizado el 17 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

Guirnaldas (bajo tierra)

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Rodolfo Arias Formoso invita a mirarnos en un espejo con su novela ‘Guirnaldas (bajo tierra)’

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Leer Guirnaldas (bajo tierra) es abrir un panorama a la realidad afincados en lo cotidiano: mirar lo que palpita alrededor y que con frecuencia se ignora o no se alcanza a “ver” con la mirada, a ratos irónica, crítica, pero siempre respetuosa y aguda con la que mira su autor.

Rodolfo Arias desmitifica la “seriedad” de la literatura para vestirla con el traje más humano posible. Desde los agradecimientos se define el tono del libro: incisivo, capaz de resolver en una frase breve el retrato de una personalidad o de una situación, y a la vez de profunda misericordia y comprensión de la condición humana. Nos hace también un guiño pícaro: se salta convenciones y agradece a personajes, situaciones y personas que posibilitaron y estimularon la creación.

Portada de 'Guirnaldas (bajo la tierra)'. Imagen: Ediciones Lanzallamas para LN.
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Portada de 'Guirnaldas (bajo la tierra)'. Imagen: Ediciones Lanzallamas para LN.

El autor estructura la narración como un conjunto de “guirnaldas” –según el diccionario, “Corona abierta, tejida de flores, hierbas o ramas, con que se ciñe la cabeza; tira tejida de flores y ramas que no forma círculo–”.

Sin embargo, la estructura responde también a la etimología de la palabra: proviene del francés “guirlande”, y antes del italiano “ghirlanda” (trenza). Conforme avanza el texto, esta trenza se hace más compleja, más apretada, para terminar transformándose –mediante el arte de prestigitador del autor– en un verdadero cubo Rubik, que se arma a velocidad vertiginosa y nos propone una lectura certera de lo que somos desde la implacable ventana del humor y la tragedia. El de Arias es un humor ácido, que nos permite aprehender la lectura en todos sus matices.

Rodolfo Arias utiliza esa maestría formal para desplegar la realidad en un fresco construido a partir de los “cuadros”, o escenas que se trenzan tan caprichosamente, como la vida: se entrecruzan, avanzan y retroceden hasta mostrarnos la composición social de la Costa Rica de hoy –y de muchos países latinoamericanos– en su particularidad y en su universalidad.

Rodolfo Arias disecciona la realidad nacional, convulsa, ingenua, perversa, pura, abominable, sin futuro, esperanzada, atribulada, y todas las antítesis posibles, a través del lenguaje, de las caracterizaciones, de la acción, del tono de Guirnaldas .

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Estamos en presencia de una novela urbana si nos acogemos al concepto definido por Lida Cristina Bedoya: “Ya no se hace necesario… el referente… a un lugar real, sino que las situaciones, los contextos y, más aún, los personajes, se presentan como una ciudad…, un espacio que funciona como lo hacen las ciudades reales, con su entramado de conflictos individuales y colectivos, con sus sueños y desesperanzas, con sus luchas y sus desafíos…, elementos que determinan que una novela pueda clasificarse bajo el concepto de urbana ”.

Se afirma que esta clase de novelas trae lo colectivo desde lo individual. “Coexisten entonces en la novela urbana lo íntimo, lo privado y lo público”, añade Bedoya.

Ese conocimiento de la realidad se manifiesta también en la sintaxis de los personajes: sus relaciones interpersonales, introspecciones, anhelos, concepción del mundo...

Si convocamos la categorización de E. M. Foster, existen personajes “flat” (llanos) o “round” (redondos). Los llanos se construyen alrededor de una idea o de una pasión única. Los redondos tienen varias facetas, son “personajes dudosos, contradictorios, heroicos y mezquinos a la vez, misteriosos, que se hacen a sí mismos a lo largo de la obra”.

Los de Guirnaldas son personajes redondos. Magistralmente resueltos, se definen y se van creando a partir de la acción. El autor nos permite mirarlos a través del microscopio; luego, cada uno se empodera de su destino, se muestra en su (des)humanidad, y nos posibilita un encuentro amoroso, aun con los más deleznables.

Otro acierto de Rodolfo es el uso del lenguaje: el de los personajes, que los va materializando; el de la narración, complejo en su aparente sencillez. Cada secuencia está narrada en el tono, el tempo y el léxico del personaje principal del segmento narrado. La propuesta se resuelve como una inmersión total, sin fisuras, en el mundo de la ficción.

Elemento destacable, entre los muchos de Guirnaldas , es el enfoque narrativo múltiple. Se presenta una acción desde diversos puntos de vista, mediante el uso de una técnica cubista en el estilo narrativo.

Los aspectos señalados conforman una novela infaltable, espejo en el cual mirarnos para re-conocernos, escrita con maestría técnica, escrita con amor: una novela necesaria, una novela que no queremos cerrar, esta que nos ofrece Rodolfo Arias.

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