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Miguel de Cervantes: El caballero de las armas y las letras en la lengua española

Actualizado el 17 de abril de 2016 a las 12:00 am

A 400 años de su muerte, recordamos algunas de las facetas más célebres del gran autor

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Ilustración: Dominick Baltodano

La clave para descifrar las facetas de Miguel de Cervantes como un soldado del imperio y como un hombre de letras se encuentra en el Discurso de las Armas y las Letras que pronuncia el mismo personaje de don Quijote. Ambos caminos se entrecruzan a lo largo de su vida y, aunque afirmaba que el hombre de armas era superior al de las letras, logra conquistar la eternidad como un virtuoso escritor.

El andante caballero explica las semejanzas entre el soldado y el estudiante y entre el camino de las armas y el de las letras; plantea que ambas profesiones buscan la justicia en el caso de las letras humanas la finalidad es alcanzar la justicia distributiva y, en lo concerniente al soldado, le corresponde procurar la paz. Don Quijote reconoce la supremacía de las armas ante las letras pues, aunque sea un trabajo eminentemente corporal y no intelectual, se trata de una tarea del espíritu que defiende las leyes y hace justicia para que pueda haber paz entre los hombres.

El personaje argumenta: “Alcanzar alguno a ser eminente en letras le cuesta tiempo, vigilias, hambre, desnudez, váguidos de cabeza, indigestiones de estómago y otras cosas a estas adherentes, que en parte ya las tengo referidas; mas llegar uno por sus términos a ser buen soldado le cuesta todo lo que al estudiante, en tanto mayor grado, que no tiene comparación, porque a cada paso está a pique de perder la vida” ( Don Quijote , capítulo XXXVIII, I parte), precisamente es este constante enfrentarse con la muerte lo que le brinda mayor prestigio a quien sigue el camino de las armas.

Juego entre realidad y ficción

El soldado Miguel de Cervantes deja las armas y las reemplaza por la pluma con la cual escribe la historia de un hidalgo ingenioso que, al perder la razón por la ociosa lectura de textos de caballería, deja los libros y retoma las armas para hacerse caballero andante; en este proceso el soldado se desdobla en hombre de letras y se da una relación especular entre el creador y su criatura.

“Tuviera o no títulos universitarios, Cervantes era no solo un hombre culto y una de las mentes más claras de su tiempo, sino un escritor de gran sabiduría literaria, que se planteó muchas veces de manera consciente una serie de problemas teóricos y prácticos de la escritura” , afirman, sobre el escritor, Ignacio Arellano y Carlos Mata, del Grupo de Investigación del Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra), en el artículo “Galaxia Cervantes” (2016).

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En este sentido, sus Novelas ejemplares , publicadas en 1613, responden a una puesta en práctica del antiguo exemplum de carácter aleccionador y moralizante, “fábulas apólogas, que deleitan y enseñan juntamente” ( Don Quijote , capítulo XLVII, I parte), según la preceptiva literaria que el mismo Cervantes cultivaba.

Se trata de un conjunto de 12 novelas cortas tituladas El casamiento engañoso , La gitanilla , El amante liberal , La española inglesa , Rinconete y Cortadillo , El licenciado Vidriera , La fuerza de la sangre , El celoso extremeño , La ilustre fregona , El coloquio de los perros , La señora Cornelia y Las dos doncellas .

El dramaturgo y el poeta

La experiencia vital de Cervantes también se relaciona con la dramaturgia pues confiesa, por medio del andante caballero, que desde joven era un “aficionado a la carátula, y en mi mocedad se me iban los ojos tras la farándula” ( Don Quijote , capítulo XI, II parte), eso explica las razones por las cuales, antes de ser novelista reconocido, intentó abrirse camino como comediante.

Siendo un escritor de cierto renombre en la época, estuvo involucrado en una acalorada polémica sobre la escritura de las comedias, porque los dramaturgos preferían conceder ante los gustos del público y obviar la preceptiva literaria, pues defendía que el teatro debía ser un instrumento para educar y no solo para divertir a la audiencia. Declaraba un personaje cervantino: “y, con todo eso, el vulgo las oye con gusto, y las tiene y las aprueba por buenas, estando tan lejos de serlo, y los autores que las componen y los actores que las representan dicen que así han de ser, porque así las quiere el vulgo, y no de otra manera” (Don Quijote, capítulo XLVIII, I parte) .

Este es un argumento que el mismo Lope de Vega replica en El arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (1609): “y escribo por el arte que inventaron / los que el vulgar aplauso pretendieron, / porque, como las paga el vulgo, es justo / hablarle en necio para darle gusto”.

Incluso, se han planteado dos etapas de la dramaturgia cervantina. “En la primera —las obras escritas al volver del cautiverio, hasta 1585 aproximadamente, anteriores al triunfo de Lope de Vega—, crea un teatro respetuoso con los preceptos aristotélicos: personajes de elevada condición como protagonistas, temas verosímiles, respeto de las tres unidades de acción, tiempo y espacio y una dicción digna propia del estilo sublime. De esta primera etapa solo se nos han conservado dos piezas: Los tratos de Argel y La Numancia . Pero, más adelante, Cervantes tiene que rendirse a la fórmula de Lope, que será quien fije la fórmula exitosa de la Comedia Nueva , al adaptarse a los gustos y exigencias del vulgo” , plantean Arellano y Mata.

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La publicación de 1615 de Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados , contiene las comedias El gallardo español , Los baños de Argel , La gran sultana doña Catalina de Oviedo , La casa de los celos , El laberinto de amor , La entretenida , El rufián dichoso y Pedro de Urdemalas, y las piezas de teatro breve El juez de los divorcios , El rufián viudo llamado Trampagos , La elección de los alcaldes de Daganzo , La guarda cuidadosa , El vizcaíno fingido , El retablo de las maravillas , La cueva de Salamanca y El viejo celoso .

Al respecto de su producción poética, aproximadamente unos 200 poemas, entre los que se hallan sueltos e insertos en sus novelas, han llamado la atención de los cervantistas en las últimas décadas y ofrece un valiosísimo material para quienes estudian su obra.

Un eterno virtuoso

En la actualidad, Miguel de Cervantes se desdobla y multiplica hacia el infinito, si bien es cierto no alcanzó la gloria como soldado, sí ha logrado trascender en el tiempo y en el espacio como caballero de las letras en en los territorios de la lengua española.

A su nombre, y bajo su sombra, se amparan un considerable número de instituciones internacionales y portales en Internet que difunden las culturas hispánicas y premios que buscan reconocer a quienes enriquecen el patrimonio de la lengua española y, asimismo, festivales, asociaciones, congresos y publicaciones de prestigio internacional son el claro testimonio de que Cervantes está más vivo que nunca y goza de muy buena salud y son eco, una vez más, de su inmortal personaje: “Una de las cosas –dijo a esta sazón don Quijote– que más debe de dar contento a un hombre virtuoso y eminente es verse, viviendo, andar con buen nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa” (Don Quijote, capítulo III, II parte) .

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