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‘Mayinca’, arte inspirado en la herencia prehispánica

Actualizado el 22 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

Con ideas de hoy, la amplia exposición “Mayinca” recrea la herencia prehispánica

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‘Mayinca’, arte inspirado en la herencia prehispánica

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Mayinca es una muestra educativa que celebra los tesoros del arte originario prehispánico. Con la curaduría del maestro Rolando Castellón , se ofrecen trabajos de 49 artistas en los calabozos del cuartel de Bellavista, hoy Museo Naciona l. La primera Mayinca (de “maya” e “inca”) se exhibió en la galería Véritas en octubre del 2013; la segunda, en el Museo de Cartago en octubre del 2014.

La exposición acrecienta el significado de producir un arte inspirado en aquellos legados. Mayinca intenta conmemorar el Día de la Raza –el de nuestra raza–, tradición truncada por la actitud eurocentrista que celebra a todas las culturas, pero que ignora a las minorías indígenas.

De allí proviene el tema central: en la colonización, la cultura originaria fue fragmentada y sepultada, pero hoy nos toca recomponer sus tiestos con nuevas voces y expresiones.

Conceptos y materiales. Dos enormes piedras partidas (o tiestos) fueron insumos para la investigación. Una está en Urasca (Cachí) y aparece en un librito de relatos e ilustraciones de la artista Zoleila Solano, educadora rural. La otra piedra se ubica en Jucó de Orosi; impresiona la exactitud de su corte, que orienta la mirada hacia la cúspide del cerro.

La mayoría de las piezas se aproximan al arte originario, como los glifos, que hoy no se graban en piedra, sino en papel, tierra, cuero, mastate, arcilla, hueso, fibras, bejucos, caparazones, semillas u otros materiales, con técnicas inspiradas en el pasado.

Las obras hilan pensamientos o son acercamientos conceptuales ligados por el uso creativo de tales materiales en el contexto de la (des)fragmentación y la poscolonización.

Las obras. Los artistas celebran el arte ancestral: Otto Apuy, con Madre esfera , anuncia la concepción de un nuevo ser. Con Liberando dolor –careta de bronce de la que emergen púas–, Yeiner Agüero interpreta la comunicación actual cuando trascienden voces que desgarran.

Fabrizio Arrieta acumula pigmentos gastados cuando con poco se dice tanto. Diana Barquero ofrece Cinchona: Habitando la catástrofe , y en los detalles también se contempla la belleza. Carlos Bermúdez ofrece una careta de barro y arena pues de lodo somos hechos; Héctor Burke, signos nerviosos que condensan la energía en la contemplación de aquella cultura.

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Con Ensayo para un tejido referencial, Dinorah Carballo evoca lo propio, lo usual, y diserta sobre el lugar y la poética del lenguaje. Mirta Castro brinda la maqueta de un monumento, pero ¿celebra al prócer o al pueblo que lo encara? Rafael Chamorro demuestra el buen manejo de la talla en madera.

Alexander Chaves Gould es sujeto de su propia obra jugando con osamenta, y levita con esferas de piedra. Alexander Chaves Villalobos vuelve a los objetos lúdicos pero punzantes. Rocío Con habla de reciprocidad, como aquel paradigma sociológico que expresa “lo que hago me hace”.

En otro ángulo de la muestra, Gabelo Cordero presenta Luna , talla en piedra volcánica que encanta por su sencillez. Nelson Díaz traza glifos con carboncillo sobre una naturaleza fogosa como el río. Con una mano hecha de alambre de púas, Bryan Erickson comunica que, en los procesos sociales, esas púas podrían flagelarnos cuando se levanta la mano.

Giacomo Goghi expone objetos del taller de grabado, bambú, corteza de palma y cuero; Luis Fernando Gómez instala jícaros como lectura de un excavación arqueológica; Adrián Flores y José Pablo Ureña someten la materia a la experiencia del cuerpo.

Pamela Hernández ofrece una espacialidad que emplaza nuestra posición ante el arte. Grace Herrera Amighetti expone la idea de carabelas de los colonizadores. Edgar León crea una vitrina de museo donde se contempla la memoria versus el comercio de bienes patrimoniales. Mario Maffioli presenta un talla columnar en madera y otra en jadeíta tratada con lenguaje actual.

El centro. Priscilla Monge exhibe experiencias con barro rojo. Expone además Voces indígenas 2015 , instalación sonora con oraciones en lengua maleku, y seleccionada por Alfons Hug, curador del Pabellón Latinoamericano en la 56.ª Bienal Internacional de Arte de Venecia. Rodolfo Morales nos trae Marycruz/mar y cruz , metate roto por la daga y la cruz, contradicción del “Día de las Culturas”, en tanto se da el fastidioso efecto de exclusión para las minorías, que no celebran nada, minimizadas por el engañoso paradigma imperante.

Tiestos y más tiestos. En esta zona, Ileana Moya medita en los simbolismos del delta del Diquís. Rodrigo Muñoz custodia los tiestos ante las amenazas de la globalidad. Eugenio Murillo exhibe Semillas de Sibó 2000 , libro de relatos bribrí. Lorenzo Palacios y Elisa Rodríguez aportan Dibujos ngõbe, memoria del ancestro . Luis Fernando Quirós recompone rasgaduras de la cultura original ante la sequedad que agrieta la memoria histórica.

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Christian Salablanca presenta El que vive por lo mismo , perecerá por lo mismo . Maribel Sánchez Grijalba diserta sobre la fragilidad del barro ante las inclemencias del ambiente cotidiano. A su vez, Adolfo Siliézar vuelve al acto de sanación simbólica con fuego.

Con tiestos de mar, Bytty Tassara recrea los buques del colonizador. Con Volver al origen , Carolina Valencia critica el hecho de que los tiestos, al tocar los lindes del presente, se convierten en basura. Rodolfo Uder recupera objetos que perviven en la memoria. Ricardo Ulloa Garay recrea una nueva narrativa simbólica con juegos recreativos.

Max Viellard traza un signo que devela un orden convulso, como la vida misma. Stephanie Williams muestra Y todavía afirma que aquella es tierra firme , cuando un aforismo oriental nos recuerda que la Tierra entera está en un mínimo grano de polvo. Zamorán Fitoria relaciona la poética de la acumulación con objetos tocados por la memoria.

En conclusión. Mayinca incide con un signo conciliatorio entre el arte ancestral y el arte contemporáneo; reinventa esos tiestos ante la encrucijada por la cual hoy caminamos haciendo arte; exhibe valores que se mantenían al margen, y otros, emergentes, de la mano de maestros de amplio reconocimiento.

Exponer en el Museo Naciona l culmina la relevancia de Mayinca como proyecto, lugar propicio para mostrar la creatividad de los artistas al observar el glorioso arte originario y a quienes pongan su mirada crítica en él.

El Museo Nacional cierra los lunes. Teléfono 2257-1433 .

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