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Mariana Castillo Deball recupera mensajes del arte prehispánico

Actualizado el 07 de abril de 2013 a las 12:00 am

La artista ofrece una muestra que une el dibujo a expresiones del México precolombino

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Mariana Castillo Deball recupera mensajes del arte prehispánico

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Fernando Chaves Espinach

Las respuestas sencillas se dispersan y se desvanecen en la exposición que Mariana Castillo Deball ofrece en la galería Teorética. El donde estoy va desapareciendo es una adaptación de su trabajo que fusiona las artes visuales con la investigación antropológica y arqueológica.

Es una obra de inmersión y de estudio: en una sala tomada por su obra gráfica y otra convertida en espacio de lectura de teorías y charlas, la artista mexicana invita a objetar las lecturas únicas de los vestigios del pasado.

Leer en el tiempo. Los múltiples caminos que llevan a El donde estoy va desapareciendo tienen su origen en un manuscrito antiguo, el Códice Borgia . Este texto , escrito en náhuatl, fue elaborado sobre piel de venado y contiene información sobre el calendario, las divinidades y los ritos, para el uso de los sacerdotes. Durante la conquista española, el códice fue llevado a Europa y adquirido por el cardenal Stefano Borgia, quien coleccionaba antiguedades y objetos exóticos. Alexander von Humboldt lo halló en 1805 en esa colección privada y, luego, el códice fue llevado a la Biblioteca Vaticana, donde permanece.

“La pieza es una especie de genealogía o historia de las diferentes interpretaciones y destinos que ha tenido el códice a lo largo de los siglos”, dice Mariana Castillo Deball. “Todas las personas que lo han poseído han tratado de entenderlo, de descifrarlo... De ahí viene el título de la pieza: El donde estoy va desapareciendo . Es sobre un objeto que tiene materialidad e identidad propias, pero que ha obtenido distintos significados a lo largo de la historia”, explica la artista.

La obra consiste en una tira de 28 dibujos inspirados en las figuras del códice. La cinta rodea la primera sala de Teorética y desemboca en la proyección de un video en el cual se ve el dibujo correr lentamente. Mientras la imagen se desplaza, voces en distintas lenguas (náhuatl, español, italiano, inglés y alemán) hablan sobre las diferentes interpretaciones que se le han dado.

“Su interés no está en la veracidad ni en el sentido de los objetos”, comenta el curador Inti Guerrero. “Lo que uno ve es el contexto y la subjetividad de las personas que se adueñaron de estos objetos y que construyen el conocimiento sobre ellos. Mariana no expone una imagen de archivo de forma explícita, sino que elabora obras con una materialidad que traduce visualmente ese despliegue historiográfico de traducción cultural y de apropiación”, profundiza Guerrero.

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Desplazamiento perpetuo. El origen del trabajo de Castillo se remonta al 2005, cuando realizó el proyecto Estas ruinas que ves (con una publicación disponible en el salón de lectura de la muestra). “Fue una investigación sobre los márgenes de la arqueología mexicana; no tanto sobre el significado de las piezas, sino sobre cómo han sido interpretadas a lo largo de la historia, en cuanto a significados, soportes y formatos”, describe la artista.

En el proyecto, Castillo colaboró con historiadores, arqueólogos y antropólogos para compilar historias de las aventuras de distintos objetos. Se narran las peripecias de algunos que fueron destruidos, modificados, desplazados, copiados o falsificados. Es la eterna ruleta de la suerte que decide a dónde irán a parar las piezas sacras de las desaparecidas culturas americanas.

¿Qué implicación tiene para el objeto esa alteración? “Lo define completamente: decide su destino, su soporte y su visibilidad”, dice la mexicana. Castillo destaca algunos casos paradigmáticos: “En 1964, el Tláloc de Coatlinchán fue retirado de la localidad cuando el arquitecto que hizo el Museo de Antropología quiso la escultura en la entrada. Hubo resistencia de la comunidad pues no querían que se la llevaran: no querían que la pieza formase parte del marco institucional del Estado”.

Para Castillo, esta modificación de significados tiene implicaciones profundamente políticas. “De todas estas corrientes de mestizaje, siempre han quedado sedimentos de las culturas pasadas, como la desigualdad o la pobreza –resabios de la colonia–, y eso se ve el uso de objetos prehispánicos”, explica.

En Estas ruinas que ves , un texto del documentalista Jesse Lerner describe las ruinas como pantallas vacías en las cuales se proyectan fantasías panamericanistas, esotéricas o colonialistas: el tiempo imprime significados a los vestigios de otras civilizaciones.

“Las ruinas sirven como pantallas que reflejan los intereses del Estado, para generar cohesión social en países con tanta desigualdad como México. Es una forma de justificar el discurso de que el Estado toma en cuenta a las clases más bajas a partir de sus culturas o raíces”, argumenta Castillo.

La voz del subalterno. El curador, Inti Guerrero, analiza la obra de Castillo desde la visión de los pueblos que produjeron los objetos hoy arqueólogicos. Se acompañan los dibujos de la artista con una selección de textos teóricos relacionados con estudios poscoloniales, identidades y arqueología. “Con la sala de lectura queremos dar un apoyo bibliográfico a los temas de la exposición: una aproximación para abordar temas como la antropología y el arte, culturas híbridas, memorias de viajeros...”, explica Guerrero.

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Durante marzo se realizaron charlas sobre arte, curaduría y antropología de la mano del curador Martí Perán, con reflexiones sobre la posición de los subalternos, los sectores marginales de las naciones colonizadas.

Una oportunidad que ofrece la exposición de Castillo Deball es la de abrir la biblioteca de Teorética, un laberinto artístico en el cual vale la pena extraviarse. Sobre las mesas de la segunda sala relucen volúmenes de colección y consulta obligatoria, como el catálogo de Les magiciens de la terre , una exhibición del Centro Georges Pompidou de 1989 que confrontó la mirada tradicional hacia el arte llamado “primitivo” al mezclar arte de los entonces considerados “pueblos primitivos”, como explica Guerrero.

Junto a este catálogo, se presentan escritos teóricos cuya influencia en los estudios poscoloniales ha sido determinante, como Tristes trópicos , de Claude Lévi- Strauss ; Ojos imperiales , de Mary Louise Pratt, y ¿Puede hablar el subalterno? , de Gayatri Spivak , entre otros de Edward Said y Bruno Latour.

“La condición de ser subalterno es que hablan por uno. Si uno es construido como subalterno, es el sujeto que lo construyó el que realmente puede hablar. La única forma de enunciamiento del subalterno es el lenguaje del sujeto que lo subordina”, explica el curador sobre la pregunta de Spivak.

Guerrero enfoca su curaduría de la obra de Castillo hacia esa eterna pregunta de los estudios poscoloniales, e invita al visitante a seguir investigando.

El donde estoy va despareciendo es una exposición breve que inicia al espectador en vías de tránsito interminable. Como en los sitios arqueológicos, lo que se ve en Teorética es apenas una minúscula parte de un vasto legado teórico y artístico: una veta de preguntas que no se agota.

La muestra estará abierta en Teorética hasta el 26 de mayo. La fundación está 300 metros al norte del parque Morazán, en San José.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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