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Lina Meruane: ‘Siempre me he considerado una escritora secreta’

Actualizado el 29 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

Lina Meruane. La ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz del año 2012 habla de su novela y su búsqueda literaria

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Lina Meruane: ‘Siempre me he considerado una escritora secreta’

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Lina Meruane vino a Costa Rica en el marco de la Feria Internacional del Libro para presentar su novela "Sangre en el ojo", editada por Ediciones Lanzallamas. Fotografía: Rafael Pacheco.

La suya es una vida de exploraciones constantes cuyas pesquisas echan mano de la literatura: una herramienta con la que esculpe el lenguaje y las ideas. Lina Meruane (1970) escribe para acercarse a la realidad propia y la que la circunda. Este interés la ha llevado a diferentes espacios: Chile, su país natal; Nueva York, ciudad donde radica, y México, donde fue la protagonista de la Feria del Libro de Guadalajara del 2012 ya que ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.

La novela que le valió ese galardón es Sangre en el ojo, un monólogo que traza el doloroso y repentino camino de una mujer hacia la ceguera. Lucina, la protagonista del libro, se enfrenta al miedo y a la necesidad de ver el mundo desde la oscuridad sin convertirse en una carga para quienes la rodean.

Sangre en el ojo ha sido publicada en Argentina, España, Chile, Italia y, más recientemente, en Costa Rica. Ediciones Lanzallamas se encargó de esta publicación y de que Meruane formara parte de los invitados de la reciente Feria Internacional del Libro.

La autora conversó con Áncora en una mañana fría sobre las interrogantes que se convierten en la génesis de sus textos.

Sangre en el ojo se ha editado en varios países a través de editoriales pequeñas: ¿cómo llegó a publicarse en Ediciones Lanzallamas?

–La verdad es que mis libros siempre tuvieron una distribución bastante reducida, y lo que pasó con este es que decidí intentar publicarla en editoriales más pequeñas. La había publicado en la Editorial Eterna Cadencia, que es casi como mi sello editorial porque volvió a publicar mi primer libro, Las infantas, y tenían mucho interés por leer esta novela.

Sangre en el ojo partió en la Argentina; luego se publicó en una editorial semiindependiente (Caballo de Troya); después en Chile, y más tarde la tradujo una editorial italiana también pequeña: La Nuova Frontiera.

”Lanzallamas se interesó después. Todo eso le ha dado mucha vida al libro porque cada editor se ha preocupado por una presentación bien cuidada.

”Los libros que no tienen una expectativa de ser libros comerciales requieren ese cuidado. Más que pensar en las apuestas globales de las grandes “Alfaguaras” y los “Planetas”, me interesaba realmente publicar en editoriales más pequeñas”.

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–¿Hizo algún cambio para la edición de Lanzallamas?

–Realmente no ya que es un libro que salió el año pasado; entonces, no tiene tanto tiempo para que lo pudiera revisar. La verdad es que ya no quería hacerlo. Yo termino un libro y jamás quiero abrirlo.

–La protagonista de la novela es una escritora chilena radicada en los Estados Unidos que firma sus libros como "Lina Meruane". ¿Cuánto hay de autobiográfico en Sangre en el ojo?

–Lo que pasa es que en cada uno de mis libros está movido por historias que yo quería contar, por preocupaciones que siempre he tenido, pero también por un pequeño desafío formal. Me gusta investigar cómo hago un género. En este libro en particular me propuse escribir las memorias de un evento autobiográfico, pero no más al empezar me di cuenta de que, en realidad, la escritura de la memoria no me interesaba demasiado.

”El género de las las memorias está muy dominado por la anécdota: los deseos de suicidio de Silvia Plath, la depresión profunda de William Styron... Sin embargo, su escritura no incurre en ninguna innovación formal, no se concede las libertades que ciertos recursos de la ficción se permiten.

”En cuanto empecé a escribir me di cuenta de que, todo el tiempo, mi impulso era hacer ficción: así que me deje ir y me divirtió mucho el ejercicio de tomar cuestiones que en efecto venían de anécdotas de la realidad”.

–¿Era intencional ese juego de realidad y ficción?

–Lo que me pasó es que la anécdota real era tan inverosímil por su dramatismo que me permitía jugar con un espacio intermedio.

–El tema de la ceguera aparece mucho en la literatura, como en Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato, y en Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago. ¿Cómo entiende esa condición en esta novela?

–La ceguera es un tema que viene desde los griegos y me interesó mucho mientras escribía. Generalmente leo mucha literatura mientras escribo. Me di cuenta de que recordamos estas grandes novelas en las que aparecen ciegos, pero, en realidad, si uno se fija con mucho cuidado, en la literatura hay ciegos por todas partes.

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”Existe una verdadera obsesión de parte de algunos escritores con la ceguera porque esta es precisamente lo que impediría la escritura. Eso está filtrado dentro de mi libro pues el personaje se pregunta si podrá seguir escribiendo o no.

”Con respecto a la otra parte de la pregunta: qué es para mí la ceguera en este libro, hay un tema que me interesa mucho: la enfermedad, que también había trabajado en la novela anterior ( Fruta podrida, 2007).

”Este tema de la enfermedad aparece ya que el personaje, a toda costa y sin importar quién caiga, pretende recuperar la salud. Se da cuenta de que para eso debe manipular a los sanos que tiene alrededor, mediante la piedad y la culpa.

”Con esas pequeñas estrategias que desarrolla el personaje, yo quería mostrar un lado del enfermo: como egocéntrico, como alguien que solo se puede ver a sí mismo. El ciego solo tiene una mirada introspectiva muy regida por sus propias necesidades”.

–Esta novela le hizo ganar el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. ¿Qué cambio le ha suscitado como escritora?

–Yo siempre me he considerado una escritora secreta, de pocos lectores, y el premio de repente le puso mucha luz a la novela. Eso fue un cambio ya que es una novela que ha circulado ampliamente, se ha leído mucho más y me ha servido para encontrarme con los lectores. Por primera vez tengo comentarios sobre un libro que antes solamente leían mis amigos.

”Me he expuesto a la existencia de un lector real que lee el libro y lo comenta. Por un lado, eso es muy lindo, y, por otro, es una experiencia que aún no sé cómo funciona porque yo siempre escribí un poco de espaldas al lector.

”También este es un momento en que el lector es más activo a través de los medios y las redes sociales. Coincide no solo que el libro tuvo más difusión a partir de un premio, sino que también empieza a haber una lectura distinta.

”El lector se siente más invitado a responder, y esto es bueno: me parece algo muy positivo. Se habla de una crisis de lectura, pero me parece que el de ahora es un lector más comunicativo, que quiere expresar su opinión”.

–¿En qué proyectos trabaja ahora?

–Lo que tengo más encima es una crónica sobre un viaje a Palestina porque mi familia paterna proviene de allá. También trata sobre la inmigración palestina a Chile, donde está la comunidad palestina más grande fuera del mundo árabe. El libro se llamará Volverse Palestina.

“Además escribo un ensayito, que saldrá con el Fondo de Cultura Económica, sobre Josefina Vicens, una escritora mexicana”.

–¿Cuál es su canon literario?

–Está compuestos por voces bastante disímiles, pero puedo mencionar cuatro autores: Yukio Mishima , Samuel Beckett , William Faulkner y Virginia Woolf . Todos son modernistas, experimentales y muy transgresores. También hay un autor al que me remito mientras escribo, por su interés en lo político y los lugares que elige mirar cuando escribe, pero también por su estilo: Carlos Droguett .

”Tengo un gran interés por las autoras latinoamericanas; entre ellas podría mencionar a Silvia Molloy , Diamela Eltit y Margo Glantz . Además, dos autoras que publicaron en Costa Rica: Samantha Sweblin y Andrea Jeftanovic” .

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