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Fotovéritas, gran confesión fotográfica

Actualizado el 14 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

Estudiantes esparcen sus mundos en San José

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Fotovéritas, gran confesión fotográfica

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Una madre se desnuda frente a la cámara para mostrar las cicatrices de guerra que un cáncer dejó en su pecho. Ella está cómoda, sobre sus cobijas, en su casa, donde siempre está: en su mundo. Al otro lado de la lente está su hija, capturando en luz un secreto que casi toda su familia desconoce.

El secreto de Flavia Sánchez y su madre ahora cubre la pared del auditorio principal de la Universidad Véritas, en Zapote. El momento no puede estar más expuesto que en aquel edificio de paredes de cristal y decenas de personas que miran con detenimiento las fotografías que cuelgan a su alrededor. “Exponerse era necesario para las dos”, dice Flavia frente a la fotografía, de casi un metro de ancho.

Fotovéritas 2014 reúne a 29 jóvenes maestros de la fotografía, algunos graduados, otros apenas en su primer año en la Escuela de Fotografía. Sobre todo, la actividad es una convención de confesiones.

Serie de espejos. “En algún momento de mi vida enfrenté el problema de aceptarme físicamente”, explica Luis Arce, estudiante que cursa su tercer año y cuya especialidad es retratar cuerpos desnudos. “Espero que las personas se relacionen con mis fotografías pues todos nos hemos visto en un espejo y hemos pensado en cambiarnos algo. Mi trabajo es una cuestión de aceptación”, añade. Por ello, la composición de las dos obras que Arce presenta está hecha como una mirada directa, sin contemplación al recato o el pudor.

Arce invadió a sus modelos para poner en foco los secretos de sus cuerpos. Él se centró en las partes que no les gustaban de sí mismos: “Es complicado lograr que las personas se revelen ante la cámara: es un proceso que va más allá de la toma. El fotógrafo debe conocer a las personas y crear un lazo de confianza con ellas”. Arce señala que, aún así, la petición viene con el transcurso del tiempo.

En una de sus fotografías, Arce se dibuja en una gran cicatriz que surca el abdomen dicromático de uno de sus modelos, captado en una película de blanco y negro de 120 mm: “Yo quería que todo se uniera, que no hubiese separación por los colores de la piel. Quería que pareciera una sola persona”, justifica el fotógrafo.

Todo tipo de retratos, revisiones minuciosas de la ciudad, el campo y sus seres con hábitos y costumbres son espejos que cuelgan sobre las paredes de la Universidad Véritas y la Alianza Francesa, en el barrio Amón. Las exhibiciones se extenderán a partir del martes 16 de septiembre a sitios como la Galería La Central y el bar El Sótano, hasta llegar a La California, en el bar Wok & Noodles. Las muestras incluyen obras en colores y en blanco y negro, captadas en filme o con formatos digitales.

Alexa Araya
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Alexa Araya

Miradas distintas. Marta Rosa Cardoso, directora de calidad académica de la Universidad Véritas y curadora de la muestra, detalla que Fotovéritas 2014 es una actividad para mostrar al público aquello que se produce en los salones de clase y también para buscar un impacto cultural.

El ejercicio de curaduría –donde participaron los fotógrafos José Díaz y José Alberto Hernández– se partió de una reflexión de las tendencias fotográficas contemporáneas: Cardoso asegura que muestras como la Fotovéritas 2014 son ejercicios de aprendizaje donde se debaten las posibilidades de cambio que facilita la fotografía.

“Las exhibiciones enfatizan en las nuevas propuestas desde los géneros fotográficos tradicionales. Vemos identidades costarricenses, incluso cierto costumbrismo, pero hemos elegido nuevos acercamientos a esos relatos que han sobrevivido en la fotografía”, agrega la curadora.

Joel Jiménez vino de la cocina y tomó una cámara para las siluetas y la suavidad que él admira del cuerpo femenino. “La fotografía es la forma de contar quién soy, cómo veo mi mundo y cómo puedo transmitirlo”, comenta Jiménez, antiguo estudiante de gastronomía. Él expone tres fotografías que son más sombra que luz, pues la sensualidad y el erotismo juegan en la obscuridad.

A su vez, el trabajo que Gregory James exhibe está gobernado por el color blanco, y, aún así, el retrato es mucho más discreto. James elige la sencillez sobre la complejidad pues, para él, no se necesitan muchos elementos para contar una historia.

Gregory procura que sus modelos evadan la mirada de la lente para que se diferencien por la minuciosidad de sus rasgos secundarios.

Flavia Sánchez
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Flavia Sánchez

“Siempre queremos ver el rostro de la persona para reconocerla; es una cuestión de cómo leer a la gente a partir de las particularidades que usualmente no vemos”, afirma James. Él fotografió en película de 120 mm a una niña ataviada con un camisón blanco y liso, y con una media elástica de mujer que recoge su cabello.

Poder de cambio. Cardoso señala que todo fotógrafo debe someterse al reto de entender la imagen desde su poder de transformación: “El alumno debe evaluar su trabajo más allá del formato y debe buscar cuáles sentidos hacen a la fotografía un elemento que cambia el entorno”.

Esa noción parece estar clara en las motivaciones de la fotógrafa Flavia Sánchez: “Creo que las personas buscan un silencio constante para sentirse seguras en ciertos temas. Esa es la situación de mi mamá; sólo cinco personas en mi familia saben que ella pasó por un cáncer, pero creo que ella debe contarnos lo que le pasa”.

Cada momento fotografiado en Fotovéritas 2014 suscita una distinta motivación, aplicada con una técnica que responda a las sensibilidades que el fotógrafo busca.

“Yo nunca pensé en estudiar esto; una gran depresión me llevó a cambiar lo que hacía. Hasta entonces nunca había tomado fotos: solo fue una necesidad de hacerlo”, confiesa Sánchez.

Sumergirse en la mirilla de la cámara es un impulso y, a veces, un vicio. El fotógrafo se compromete a una mirada distinta a cambio de su propio escape en luz y sombra.

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