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En defensa de Cocorí

Actualizado el 03 de mayo de 2015 a las 12:00 am

Obra recomendable.  La novela de Joaquín Gutiérrez contiene valores literarios y morales

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En defensa de Cocorí

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Se conoce como “fenómeno literario” el conjunto de discursos y circunstancias que rodean las condiciones de producción de un texto: léase casa editorial, portada, título, nombre del autor, discursos de la crítica en su momento y durante la “vida” de un texto. Todas estas variables conforman lo que llamamos “discursos exteriores a un texto”. Tales variables incluyen la síntesis, el texto y su desplazamiento, su ubicación, la crítica, etcétera, dentro de una sociedad.

Dentro de esos parámetros, me atrevo a terciar en la polémica sobre la supresión oficial del apoyo a un montaje musical de Cocorí, lo cual me parece totalmente inusitado y fuera de contexto.

No hay racismo. Una obra literaria debe ser interpretada, así como analizada y explicada, en su totalidad y no fragmentariamente. Es lo que ha pasado con la novela Cocorí pues, a partir de una expresión, se tomó la parte por el todo y se la calificó de “texto racista”.

Así, son dos frases esencialmente las que han causado todo el disgusto alrededor de Cocorí: que el narrador, desde la visión de mundo de la niña rubia que viene de lejos, le diga “monito” (que luego se cambió a “raro”); y luego que él piense que tiene su cara tiznada porque así lo dijo la mamá de la niña rubia.

Esos dos sucesos son catalogados de racistas . En los dos casos se tomó la parte por el todo y se dejó por fuera el resto del tema de la obra, muy rico en contenido y en enseñanzas.

Otro de los pasajes de la novela ocurre cuando, ante una pregunta, Cocorí lanza “los brazos al cuello y le diera un sonoro beso” a la niña. A partir de este momento, la fugacidad del encuentro de la niña con Cocorí y la fugacidad de la vida de la rosa son el inicio de un aprendizaje y de la maduración psicológica de Cocorí. Siguiendo el mito del “llamado del héroe”, Cocorí lo “siente” y comienza su periplo en la búsqueda de la sabiduría.

Niño héroe. Quienes analizan la novela como racista, dejan de lado el resto de las actividades de Cocorí. Podemos ver en él la figura de “el héroe” y cómo la fugacidad del encuentro de Cocorí con la niña es su inicio de un aprendizaje y de su madurez, como dijimos. El niño oye el llamado a la aventura, se encuentra en una encrucijada y comienza un camino hacia la búsqueda de la sabiduría.

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Cocorí –ahora “el héroe”– encuentra dificultades; busca respuestas, pero no las encuentra. Sí llega a conocer a don Torcuato y a la serpiente Talamanca.

Ninguno le da respuesta a sus preocupaciones hasta que aparece el Negro Cantor –supuestamente un marginado–, sabio al que recurren todos los personajes del texto en busca de respuestas a sus inquietudes. humana.

El resultado de aquel periplo no es un Cocorí héroe derrotado, sino uno de mente inquisidora; un ser inquieto y persistente, un símbolo de la perseverancia, un héroe triunfante que fue en busca de una respuesta y la encontró.

Invitación a pensar. Al final del texto, por el camino que Cocorí emprendió, puede encontrarse toda una gran propuesta simbólica de valores y desvalores.

El gran mensaje lo da el Negro Cantor: “Cada minuto útil vale más que un año inútil”, sabio mensaje expresado por un personaje negro. Este habla en verso, y sus expresiones ofrecen un amplio espectro para que los estudiantes trabajen sobre el tema del racismo.

Dijimos al inicio que parte del fenómeno literario son los discursos exteriores al texto. Pues bien: es lo que sucede en este momento. El presidente de la República, editoriales de periódico y críticos literarios hablan del tema y de si don Joaquín Gutiérrez pudo haber sido racista o no.

Recordemos que el texto fue escrito al mediados de los años 40 y que todo lo que se plantea es lo que dijimos al inicio: en tanto un texto tiene vida, todo lo que se diga de él lo enriquece y provoca una vuelta al presente de este tema, tan rico en contenidos y tan lleno de variables para que el estudiantado disfrute.

Si mi voz se oyera, diría que no debemos sacarCocorí de las lecturas de los colegios, sino, más bien, utilizarlo para extraer de él todos los contenidos posibles.

La autora fue viceministra de Cultura y catedrática de literatura, y es miembro de número de la Academia Costarricense de la Lengua

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