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Daan Roosegaarde une arte y tecnología en busca de mejores ciudades

Actualizado el 12 de marzo de 2017 a las 12:00 am

Daan Roosegaarde. El holandés une en sus proyectos tecnología y arte, con el objetivo de estimular la interacción y mejorar la vida urbana

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Daan Roosegaarde une arte y tecnología en busca de mejores ciudades

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Roosegaarde fundó el Studio Roosegaarde en el 2007 en Países Bajos y, después, logró abrir otra oficina en Shangái.

La Smog-Free Tower del Studio Roosegaarde, en Beijing, es una cosa rara y bella. En una ciudad abrumada por la contaminación (algunos días no se puede ver a más de unos metros de distancia), centellea plateada a 7 metros de altura, succiona el esmog, libera aire limpio y, con los residuos, crea joyas.

Parece un ciclo imposible, pero eso es lo que mueve a Daan Roosegaarde: imaginar nuevas experiencias. El artista holandés, nacido en 1979, fue invitado al sétimo Festival Internacional de Diseño, celebrado en San José del 10 al 12 de marzo, y compartió su visión de una “tecnopoesía” que aproxime los mundos de la creatividad y la tecnología, con la mira puesta en mejorar el mundo y las relaciones humanas.

Esta es una versión editada de la entrevista que dio.

Smog-Free Tower recolecta aire sucio, libera bolsas de aire limpio, y condensa la mugre en partículas compactas.
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Smog-Free Tower recolecta aire sucio, libera bolsas de aire limpio, y condensa la mugre en partículas compactas.

–¿Cómo empezó su interés por la relación entre ambiente y tecnología?

–De cierto modo, es nuestro lenguaje. Desde el día uno, las personas han hecho cosas para explorar o entender el mundo a su alrededor: la rueda es una extensión de las piernas, el micrófono es una extensión de la voz... La tecnología es como nuestro segundo lenguaje, nuestra segunda piel. Lo interesante del mundo de hoy es que podemos no solo mejorarnos, sino empezar a crear cosas nuevas que mejoren el mundo. Los grandes maestros tenían pinturas, y para lo que hacemos, tenemos nuevos materiales y tecnologías, pero la mentalidad es la misma: quieres recrear la realidad, el mundo a tu alrededor.

– Ha hablado del paisaje como un lugar de experimentación, de investigación, pero la verdad es que no siempre somos muy amables con él...

– No, no lo somos. Le estamos alimentando nuestros sueños, nuestras esperanzas y nuestros deseos a la “nube”, Twitter, Facebook, etc, y nuestro mundo real está colapsando en términos de economía, energía y contaminación. Parece que casi nos importara; especialmente si miras las grandes ciudades asiáticas, que se han convertido en una especie de máquinas, no son para la gente. Si vives al lado de una carretera, es lo mismo que fumar 17 cigarrillos al día, sin el placer de la nicotina.

”Es extraño que dejemos que eso ocurra. Para mí, hay que alejarse de la pantalla y ver cómo generar una conexión para mejorar el mundo de una forma física. Eso tiene que ver con ser pragmáticos, con añadir nuevas funciones (a tecnologías), pero también con añadir una dimensión de poesía, con hacer que las personas se conecten más entre sí y fomentar más interacciones sociales”.

– Muchos de sus proyectos son muy poéticos, estimulantes en un plano intelectual, pero también en el emocional. ¿Cómo desarrolló esta forma de trabajar?

– Estudié Bellas Artes y seguí con Arquitectura. Al principio trabajaba con carboncillo y pintura, pero, de alguna manera, hacer algo solamente ‘estético’ se sentía... atrapado, como viento en una botella de vidrio: ya no es viento. Sentía el deseo de hacer cosas más vivas, más abiertas, para que las personas pudieran ser participantes y no solo observadoras. Entonces, empezó a surgir la tecnología.

”Usualmente, la tecnología se usa de forma muy tosca, muy funcional, en una sola dirección. Fue una liberación hacer cosas interactivas, que se conectaran de muchas maneras. Para mí, ese fue el inicio de la ‘tecnopoesía’, viéndola como una excelente manera de hacer que ocurran nuevas experiencias.

”Experimenté eso con la instalación Dune , que, con miles de fibras, reaccionaba al sonido y al movimiento de la gente, y el Sustainable Dancefloor , que generaba electricidad cuando bailabas. Fue una gran manera de crear interacción y también activar la imaginación, que, creo, rara vez se conecta con la tecnología hoy en día”.

– Cuénteme sobre la creación de la Smog-Free Tower. ¿Cuáles desafíos encontró en el proceso de su construcción?

– Estaba en Beijing, viendo por mi ventana un miércoles, y podía ver el mundo a mi alrededor. El sábado ya no podía ver ni siquiera al otro lado de la calle. Estaba completamente tapado por la contaminación. Fue una imagen muy triste... eso no es progreso, no es innovación en nuestra era de futuros brillantes. De una manera rara y bella, me inspiró el esmog de Beijing.

”Hay un gobierno invirtiendo billones en la guerra contra el esmog, en limpiar, en autos eléctricos y demás, pero no quiero esperar por eso. Así que empecé a pensar qué podía hacer. Recordé que, cuando eres un niño, juegas con un globo, lo pules y se electrifica estáticamente. ¿Qué tal si usáramos ese principio para construir el mayor limpiador de esmog del mundo? Usa un globo que succiona el aire, lo limpia y libera bolsas de aire limpio a la ciudad”.

El Van Gogh Cycle Path   carga sus rocas con luz solar durante el día e ilumina el tránsito en la noche.
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El Van Gogh Cycle Path carga sus rocas con luz solar durante el día e ilumina el tránsito en la noche.

– China en general ha tenido problemas en aceptar que el esmog es un asunto grave. ¿Cómo se logró este proyecto?

– No fue fácil; tienes razón. Hace cinco años, no era un tema, era ignorado; el Gobierno decía que era como una tormenta de arena o como la niebla. Sin embargo, hace tres años, declararon la “guerra al esmog”. Mucho ha cambiado. De hecho, que apoyen este proyecto es señal de que están cambiando su mentalidad y dándose cuenta de que deben invertir en nuevas ideas para progresar.

”Hay muchas explicaciones para esa contaminación: mucho de lo que tú y yo usamos se produce allí; la ciudad está en un valle, lo que atrapa la contaminación... No obstante, hallarán una manera. Soy optimista. Estoy seguro de que encontrarán el modo de arreglarlo y es genial ser parte de ese proyecto, ese sueño de aire limpio.

– Así ocurre con proyectos similares que luchan contra la contaminación, pero son algo limitados en alcance. ¿Cree que crecerá la conciencia sobre el tema? ¿Qué pueden hacer artistas, arquitectos y diseñadores?

–No estoy de acuerdo, no creo que sea limitado en su alcance. Funciona muy bien a escala local, en la escala de un parque y, eso es importante, para ser honesto. Sin embargo, sí, en la escala de una ciudad, una torre no podría resolver todo el problema, pero sí creo que funciona muy bien a escala local. Mi segundo argumento es que estimula la imaginación, nos dice que no esperemos por el Gobierno o el permiso. Más bien, usemos el pensamiento creativo y la tecnología para mejorar la vida, no diseñar otra app o sitio web, ¡hagamos algo en la vida real!

‘Y eso es lo que ha ocurrido. Recibimos cientos de mensajes de científicos y artistas de todo el mundo donde nos contaban de sus propias soluciones antiesmog. Este tipo de acercamiento desde abajo hacia arriba, de pequeña a gran escala, no es solo inspirador, sino que sirven de experimento y ponen el tema en la agenda pública. Una vez conectado con el gobierno, con la gran escala, puede provocar grandes efectos’.

– Algo que también ocurre es que algunos gobiernos locales consideran que es muy caro invertir en esto...

– Eso es interesante. ¿Más caro que qué? ¿Comparado con qué? Nunca entendí ese argumento. Hacen billones de dólares contaminando, ahora es hora de limpiar y, ¿se quejan del precio? No, no me lo creo. Y es un asunto muy sencillo: ¿cuál es el valor de una ciudad en la cual la gente puede salir al exterior, donde los niños no tengan cáncer de pulmón a los seis años? Creo que eso tiene un valor también.

‘Pero sí, es innovación: al inicio, tienes que invertir, tienes que intentar, probar, tienes que cometer errores. Ahora bien, uno de los grandes problemas cuando hablas de contaminación es que nadie se siente responsable por ella. Hay una famosa cita de Marshall McLuhan, el autor canadiense, que dice: En la nave espacial Tierra, no hay pasajeros; todos somos tripulación. Creo que esa es la forma de pensar que deberíamos promover más cuando hablamos del planeta y la ciudad en la que tú y yo vivimos’.

–Trabajar en este tipo de proyectos, ¿ha cambiado su forma de ver su trabajo y cuál es su misión como profesional?

Es una buena pregunta. Trabajo en el campo de las artes y el diseño y siempre lo haré. Sin embargo, trabajar en estos casos de relevancia social, que son increíblemente complejos y, a la vez, fascinantes, me ha cambiado de alguna forma. Me fascinó. Empecé a contratar más gente, el estudio se hizo más grande porque trabajamos con gobiernos... Pero es realmente genial sentir el poder de la creatividad, y es genial sentir que eres parte del cambio. Puedes pensar diferente, crear nuevas conexiones. Ha sido fascinante, pero nunca es fácil. Cuando empiezas a hacer algo nuevo, siempre empiezas como amateur y, al final, te haces experto. Ahora soy experto en soluciones para el esmog, pero hace cuatro años, no lo era para nada. Es un proceso interminable en el cual haces cosas que te hacen un ping pong, y seré lo que necesite ser para asegurarme de que lleguen las mejores ideas y se realicen.

Notables proyectos

Muchos proyectos del Studio Roosegaarde han atraído miradas en el gremio de la arquitectura, pero también popularmente. Su Van Gogh Cycle Path , en Eindhoven, usa rocas cargadas por luz solar que, de noche, brillan como una pintura. Es parte de la Smart Highway, que usa luz e información para iluminar el camino y reaccionar a la situación del tráfico. La Rainbow Station ilumina la estación de Ámsterdam de forma eficiente.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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