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Carlos Poveda: figuras de caligrafía improvisada

Actualizado el 30 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

Reunión. Carlos Poveda hace una línea de tiempo con los contrastes de su obra artística

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'Tres personajes' (1963), esmalte sobre papel , 43 x 53 cm.

El Museo de Arte Costarricense exhibe personajes bicromáticos y multicolores que parecen tramar algo: algunos sonríen, otros entrecierran sus ojos. Algunos, los más peligrosos, ni siquiera tienen rostro. La reunión forma De dónde vengo y adónde estoy , muestra del artista Carlos Poveda.

“En una exposición del Museo de Diseño y Arte Contemporáneo dijeron que soy un irreverente; en parte sí, lo soy. Desde niño tengo esa tendencia a hacer las cosas al revés”, dice Poveda, quien fue un artista desobediente desde la primaria. Él compra pinceles y nunca estrena las cerdas pues el reverso es lo que apunta hacia el papel. Poveda prefirió evitar sitios donde le dictasen cómo sostenerlos.

Carlos Poveda decidió contraponer aquí sus trabajos iniciales frente a los más recientes; entre ellos hay una brecha hasta de 59 años. La exhibición se debe al Premio Teodorico Quirós que el artista recibió en la selección del año 2013.

Tinta tallada. La muestra acoge 22 dibujos de formato medio. Un par de ellos se hicieron cuando Poveda era apenas un quinceañero, como Autorretrato , dibujo hecho con lápices de color que rondaba en una carpeta del artista, donde el fuego y los colores patrios invaden las figuras humanas.

Desde sus inicios, Poveda demostró un camino claro a través del expresionismo. La mayoría de sus dibujos se desenvuelve entre las tonalidades grises. “El color puede ser un obstáculo en algunas ocasiones. Con el blanco y el negro procuro que haya fuerza”, dice el dibujante. La bicromía fluctuante da la sensación de que los personajes son un surco tallado en el papel.

'Shamán Amarillo' (2014), materiales diversos, 38 x 20 x 17 cm.
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'Shamán Amarillo' (2014), materiales diversos, 38 x 20 x 17 cm. (Mauricio Madrigal)

Poveda cree que el reverso del pincel está menos limitado. Allí, la pintura le regala manchas y texturas: el esmalte se esparce en líneas con distintos grados de intensidad. La madera del pincel se hunde en los papeles; en otras áreas, apenas se tocan.

“Los orientales se caracterizan por darle musicalidad e impresiones a las líneas de su escritura”, indica. En similitud con ese arte milenario, el trazo reverso de Poveda es una onda que se intensifica de acuerdo a meras sensaciones, pero es una caligrafía sin canon definido que al final forma un cuerpo. “Me han dicho que es un trazo a cappella ”, resume el artista.

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Historia de trazos. Las primeras imágenes de Carlos Poveda no pasaban del portón de su casa, excepto cuando decoraba las vitrinas de algunas tiendas en San José. Fue en 1961 cuando un grupo de artistas abstractos tocó su puerta: el Grupo Ocho –conformado por Rafael Ángel Felo García, Néstor Zeledón Guzmán, Luis Daell, Harold Fonseca, Hernán González, Manuel de la Cruz González, Guillermo Jiménez y César Valverde– dieron una oportunidad al joven para que se incorporase a Arte de Costa Rica , exposición que ellos organizaron en Washington, en Estados Unidos.

“Ellos me proyectaron: a partir de entonces me llegaron invitaciones a distintas muestras en América Latina”, rememora Poveda.

Sus dibujos lo llevaron a caminar por distintos suelos: su primer viaje como artista definido lo condujo a los Estados Unidos, pero la tensión que generaba la guerra de Vietnam hizo que su rumbo cambiase en dirección a Venezuela. Carlos describe aquel destino como un lugar fantástico, donde las posibilidades para el arte aumentaban con paso agigantado. Allá vivió por tres décadas, hasta 1999, cuando decidió mudarse a París.

'Amigos' (1968), esmalte sobre papel, 42 x 57,5 cm. Mauricio Madrigal (MAC) para LN.
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'Amigos' (1968), esmalte sobre papel, 42 x 57,5 cm. Mauricio Madrigal (MAC) para LN.

“A mí se me conocía como un dibujante neoexpresionista. Durante un tiempo me pregunté: ¿Es que yo debo seguir haciendo la figura humana siempre?”, indica el artista. Intentar otros tipos de arte ha sido y es un resurgimiento para Poveda, quien se ve a sí mismo como un eterno estudiante.

Shamanes y fetiches. Los objetos que Carlos Poveda ha moldeado durante los últimos años son fetiches y “shamanes” –con sh pues el nombre tiene así más intensidad, dice él–. “Son cualquier persona que tenga poder. No es una referencia tribal”, explica.

En su reciente etapa, Poveda transforma nuevamente al ser humano. Según la curadora María Enriqueta Guardia Yglesias, el artista no había logrado despegarse de la pared. Sin embargo, el polietileno como masa escultórica propició el cambio: “Por fin, el artista se desprende de ese reducto que lo ata desde siempre a la pintura y la bidimensionalidad, y logra crear un espacio tridimensional”, comenta.

Aun cuando Poveda guardó sus pinceles y sus lienzos, las esculturas parecen la prolongación de un trazo que se revuelve y se apila en tres dimensiones. Hay un ritmo en el plástico; el artista dice que puede deberse a su devoción por la música.

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María Enriqueta Guardia alude a las figuras que, entre sus enredos, siguen la silueta humana: “Poveda nos refiere otra vez al hombre, pero volviéndose hacia sus creencias, al interior de sus mitos. De ahí los ‘shamanes’ y los ‘fetiches’.

En los desechos industriales que forman las 11 esculturas expuestas, Poveda encuentra las bondades para su inusual caligrafía y para hacer capturas instantáneas de aquello que pase por su cabeza. Así, la textura continúa su trabalenguas entre lo hermoso, lo absurdo y lo aleatorio.

La exposición se ofrecerá en el Museo de Arte Costarricense (La Sabana) hasta enero del 2015. Tel. 2256 -1281

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