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Alí Víquez, escritor, lector y relector

Actualizado el 31 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Mundos cruzados. Recuerdos, juguetes, textos de ciencia y literatura se topan en la biblioteca del escritor

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Alí Víquez, escritor, lector y relector

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                         tiene su hogar en el este de San José, donde vive con su familia.  Los libros, recuerdos y juguetes de sus hijas ocupan un espacio en su biblioteca.El escritor
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tiene su hogar en el este de San José, donde vive con su familia. Los libros, recuerdos y juguetes de sus hijas ocupan un espacio en su biblioteca.El escritor

El frío perenne de ese lunes por la tarde desentona con el cálido ambiente familiar del hogar de Alí Víquez, sobre todo porque son los primeros días de un marzo caprichoso que no ha querido tornarse verano.

Víquez nos recibe con una sonrisa y una advertencia: “Mi biblioteca es considerable. Alguna gente dice que lee libros y los regala; yo nunca hago eso. Debería ser un libro extraordinariamente malo para regalarlo”.

Al entrar, los ojos de sus hijas detienen su juego y nos observan con curiosidad. La menor de ellas es la que nos guía hasta la biblioteca, una de las primeras habitaciones. Subimos unas cuantas gradas hasta una habitación de madera bien iluminada y nos topamos con una biblioteca colmada de juguetes.

“Aquí, la idea es que ellas vayan metiendo mano y sientan este espacio como suyo”, cuenta Víquez. Adquiere así sentido que compartan espacio ediciones de Don Quijote con libros infantiles, casas de muñecas con todas las novelas de Fiódor Dostoyevski.

Tres de las cuatro paredes de la habitación están cubiertas por libreros; en la otra se asoma una luz trémula que, hasta nuestra llegada, acompañaba al escritor en sus labores. Una computadora encendida evidencia que el escritor estaba trabajando: escribiendo, investigando o preparando uno de los cursos de literatura que dicta en la Universidad de Costa Rica y en la Universidad Estatal a Distancia.

Autor y lector. Alí Víquez también es editor de la Revista Nacional de Cultura, publicada por la UNED, y autor de libros de cuentos ( A lápiz , A medida que nos vamos conociendo , Biografía de hombres ilustres ), poesía ( La fases de la Luna , Volar hacia todo el invierno y Confesión de parte ) y una novela ( Conspiración para producir el insomnio ). Sus lecturas y relecturas de autores clásicos atraviesan su producción literaria.

“Soy un lector de clásicos; en poesía, por ejemplo, me gusta la poesía clásica española, como Quevedo y fray Luis de León; sin embargo, también tengo marcadas tendencias por Neruda, García Lorca y Jorge Debravo”, explica.

–¿Cuándo aprendió a leer?

–Me enseñó a leer mi hermano Sergio porque yo soy un hijo tardío, y, cuando nací, ya había muchos libros en mi casa, así que tuve esa impaciencia por aprender a leer al ver que mis hermanos ya lo hacían. Él me enseñó cuando yo tenía cuatro años, pero usó el método menos pedagógico posible: letra por letra, sonido por sonido” –ríe el escritor y añade:

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–Lo primero que quería leer eran las tiras cómicas de La Nación . Para mí era un logro poder hacerlo solo; no pedirle a nadie que me leyera. Mis primeros libros también fueron historietas.

Al mismo tiempo, Víquez leía todos los textos que sus hermanos mayores recibían como lecturas obligatorias, como Doña Bárbar a, de Rómulo Gallegos; Casa tomada , de Julio Cortázar, y El coronel no tiene quien le escriba , de Gabriel García Márquez. Poco después, Alí empezó a comprar libros y se aficionó a esos y a otros autores, que lo acompañarían a lo largo de su vida y a quienes celebra en cada relectura: “Me considero más un relector que un lector”, confiesa, enfático.

–¿Cuáles autores relee?

–Franz Kafka, Henry James, García Márquez, Octavio Paz, Tolstói; por supuesto, Pablo Neruda, García Lorca, Shakespeare, Cervantes, Unamuno...”, enumera Víquez señalando los anaqueles, que intenta mantener ordenados por temas.

Abanico de lecturas. Una gran parte de la habitación está dedicada a la literatura española; otra, a la teoría literaria. A un lado se ubican textos académicos y de referencia junto a la literatura en francés, en inglés y a un par de textos en ruso. El autor cuenta orgullosamente que sus hijas ya tienen un área propia. Víquez señala un estante situado junto a una de las ventanas, donde coloca “todo lo demás”.

–¿Cómo hace para conjugar lecturas y autores tan diferentes?

–No me parecen tan diferentes. Todos lo autores que valen la pena asumen la literatura como un instrumento destinado a conocer la realidad, y los que son realmente importantes saben transmitir su visión del mundo de una manera muy nítida. Contrastar esas diferentes visiones de mundo es lo interesante en la lectura.

Ese afán de ver diferencias lo motiva a leer asuntos muy variados, como ciencia y filosofía. Alí se ha dado cuenta de que tienen más en común que lo esperado: “Algunos temas de física contemporánea son casi novelescos, y con muy poco se convertirían en literatura”.

–¿Cuándo detiene una lectura?

–Yo paro de leer un libro si no me enseña nada, si no me enseña a entender la realidad. En general, no vería una obra de arte que se dedica solamente a complacer la forma en la que yo quiero sentirme. No tengo una relación complaciente con los libros: quiero que me den conocimiento.

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Lectura como faro. El interés de Alí Víquez por saciar ese deseo de conocimiento está presente en aquellos libros que han marcado momentos de su vida. Entre ellos cita El Aleph , de Jorge Luis Borges: “Ese libro me hizo saber que quería dedicarme a hacer literatura. También puedo mencionar Los hermanos Karamázov , una novela que me llevó a reconsiderar los temas metafísicos y de la religión”.

–¿Se arrepiente de haber leído algún libro?

–No deben de ser muchos, a menos que cuente los que no he terminado. Recuerdo haber leído libros de José Ingenieros, convencido de que debían ser buenos... En algún momento leía libros de versos de Ramón de Campoamor, que hoy me parece tremendamente cursi. Además, creo haber llegado a la mitad de uno de los libros más tediosos del mundo, La Araucana : ¡qué cosa más aburrida de libro!

–¿Ha lamentado la pérdida de algún libro?

–Sí, eso sí... Recuerdo haber perdido un ejemplar de En la ardiente oscuridad autografiado por su autor, Antonio Buero Vallejo. Me lo había regalado un amigo español que lo conoció en la década de los 80. Ese libro desapareció. No ocurrió en esta casa, sino donde vivía antes; pero me parecería muy extraño que precisamente ese se haya perdido: para mí, hubo mano criminal– describe riendo; después de un instante se lleva las manos a la cara y añade:

–Además, tenía un libro firmado por Jorge Debravo, Nosotros los hombres , que también se perdió. Uno pensaría que nadie roba libros pero, al parecer, no es cierto.

–¿Qué lee actualmente?

–Todos los géneros literarios; además, los textos de ciencia que leo por temas, como física, evolución y neurobiología. Me interesan mucho las investigaciones hechas sobre la naturaleza de la conciencia: ¿cómo puede un primate obtener el tipo de conciencia que tienen los seres humanos?

Sus lecturas recientes giran alrededor de los dos proyectos literarios en los que trabaja: uno, individual, es una novela que rinde un homenaje a Dostoyevski, y otro, junto con el físico Manuel Ortega, lo que Alí llama “una novela a cuatro manos”.

El escritor se levanta y muestra el libro que lee en esos días: La tercera cultura: Más allá de la revolución científica , editado por John Brockman. Luego lo coloca en el estante, detrás de los retratos familiares y los dibujos que le hacen sus hijas y que encuentran lugar entre los estudios y las relecturas.

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