Cultura

El porqué de la Academia Costarricense de la Lengua

La Academia Costarricense de la Lengua contribuye a la unidad del idioma, un valor de todos nosotros

No obstante que, este año, la Real Academia Española cumple trescientos años de vida y la Academia Costarricense de la Lengua está celebrando su nonagésimo aniversario, hay todavía quien se pregunta qué es la Real Academia y a qué se dedica la Academia Costarricense de la Lengua. Me ha ocurrido en más de una ocasión encontrarme en alguna dependencia o entidad bancaria con un empleado que me pregunte lo siguiente: “¿Cuál es el producto que comercializa esa empresa?”.

He debido responder que la nuestra ni es una empresa, ni comercializa producto alguno, ni tiene fines de lucro. Que nuestro “producto” es ese tesoro patrimonial, ese patrimonio intangible que heredamos desde el nacimiento, esa posesión que, según Gabriela Mistral, es “nuestra segunda posesión después del alma y quizás no tengamos otra posesión en este mundo”. Que nuestro “producto” está en la base de todas las realizaciones humanas y hace posibles todos los logros y conquistas culturales del ser humano. Que, cuando la humanidad, en su soberbia, quiso construir una torre que llegara hasta el cielo, Yavé no destruyó su construcción, sino que confundió su lengua. Que en la lengua va quedando plasmada toda la historia del grupo hablante, y por eso se la ha llamado “biografía de las naciones”, “espejo de la civilización”, “depósito de la cultura”, y, como dice Unamuno, “la lengua es la sangre del espíritu”. Que, cuando le enseñamos a hablar a un niño, no le estamos comunicando únicamente sonidos o dándole una herramienta para comunicarse con el mundo, sino que le estamos transmitiendo los conocimientos, las creencias, los valores y los ideales de la comunidad a que pertenece y, más aún, la forma en que el grupo ha percibido, interpretado y concebido el mundo. Que la lengua nos pertenece y somos todos responsables de cuidarla, amarla y respetarla.

Ramas fructíferas. El idioma requiere entes rectores y guardianes, como son las academias de la lengua, cuya misión es resguardarla, mantener su unidad y dictar sus códigos normativos: los diccionarios, la gramática, la ortografía y esas obras que, trabajando al unísono y en forma mancomunada, elaboran dichas instituciones.

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