Ocho de cada diez personas que ingieren medicamentos para bajar de peso admiten que lo hacen sin la receta de un médico, lo que constituye un alto riesgo de desarrollar adicción a las drogas.
María Luisa Ávila, ministra de Salud, explicó que muchas de esas pastillas son derivadas de la anfetamina, una droga estimulante del sistema nervioso central.
Según la Ministra, el paso hacia una droga más fuerte está muy cerca para los adolescentes que se acostumbran a los derivados de la anfetamina.
Además, otros supresores del apetito pueden potenciar los problemas cardíacos o de hipertensión arterial, mientras que en las mujeres también puede haber trastornos hormonales, agregó .
El consumo de estos productos sin prescripción médica fue un hallazgo de la última Encuesta Nacional de Nutrición, elaborada por el Ministerio de Salud —entre el 2008 y el 2009— en 2.820 viviendas.
Trastornos acechan. Entre todas los entrevistados en ese estudio, un 10% aceptó haber tomado algún medicamento para tratar de reducir su peso.
Para la ministra, esta práctica refleja el incremento de los trastornos alimentarios entre los costarricenses, principalmente en el caso de la anorexia y de la bulimia.
La anorexia es la falta anormal de apetito dentro de un cuadro depresivo. La persona siempre se ve gorda, aunque sea delgada.
Debido a ese trastorno, el afectado se somete a dietas muy estrictas, con lo que pierde energía, peso y grasa al grado de que puede morir por desnutrición.
En la encuesta, un 29% de los consultados dijo sentirse gordo aunque los demás les digan que están delgados, al tiempo que un 5% afirmó haber perdido siete kilogramos en los últimos tres meses.
En la bulimia, en cambio, a la persona le gusta mucho comer, pero luego se induce el vómito al sentirse llena. Debido a ello, hay pérdida de potasio, lo que atenta contra el funcionamiento del corazón.
El Ministerio de Salud encontró que un 4% de las personas admitieron que se provocan el vómito cuando se sienten muy llenos.
Ávila mencionó que la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) recibe casos de trastornos alimentarios, pero muchos son tratados en consultorios privados porque suelen ser problemas de estratos económicos altos.
Según María Luisa Ávila, muchos modelos de belleza no están acordes con la realidad. Por ejemplo, algunos maniquíes usados para exponer ropa ni siquiera podrían caminar si fueran personas reales con esas tallas, dijo la ministra, debido a su forma.
La encuesta además reveló que seis de cada diez adultos tienen sobrepeso, debido a un empeoramiento de los hábitos alimenticios durante los últimos años.
Medicación por la libre. Según el estudio de nutrición, el 41% de las personas que tomaron medicamentos para reducir el apetito consiguió los productos en farmacias que no solicitan una prescripción extendida por un médico.
Otro 7,4% sostuvo que los recibió de parte de un familiar; un 5% dijo haberlos comprado a particulares y casi un 2% en gimnasios.
En tanto, el 45% mencionó otros medios diversos.
La funcionaria puntualizó que estos productos solo deben venderse con receta.
María Lorena Quirós Luque, directora ejecutiva del Colegio de Farmacéuticos, coincidió en que la venta de los derivados de anfetamina debe cumplir aquel requisito.
Sin embargo, Quirós afirmó que hay otros productos que sí se venden sin receta controlada, los cuales han proliferado mucho.
Con base en estos datos, el Ministerio de Salud decidió profundizar los estudios para identificar con mayor precisión los trastornos de alimentación, principalmente entre las personas más jóvenes.
